Guía: China: Hangzhou, el Cielo en la Tierra

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Hangzhou, la ciudad de la que Marco Polo dijo que era “la más espléndida y celestial en el mundo” por su legendario Lago del Oeste, uno de los lugares turísticos más famosos de China desde hace siglos y que ha inspirado a legiones de poetas, pintores y artistas chinos a través de los tiempos. La UNESCO lo incluyó en su lista del Patrimonio de la Humanidad en 2011.

Guía: China: Nanjing, sangre y oro

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Nanjing (conocida en occidente como Nanking en el pasado reciente) es una de las ciudades más importantes de la Historia de China. Fue la capital de reinos e imperios en diversas ocasiones a lo largo de diferentes dinastías y, posteriormente, de la República durante la primera mitad del siglo XX. Aunque su nombre ha quedado tristemente asociado a la sangrienta masacre cometida por las tropas japonesas a finales de 1937, en la actualidad es una urbe moderna, bulliciosa y tremendamente atractiva para el turista a la que merece mucho la pena dedicar un par de días.

Holanda: los molinos de Kinderdijk

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Cuando pensamos en visitar Holanda, aparte de otras cosas algo más psicotrópicas, lo primero que se nos viene a la cabeza son los famosos molinos de viento. Y Kinderdijk (“el dique del niño” en holandés) es, junto con Zaanse Schans, el mejor y más famoso de todos los lugares del país para ver molinos. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997.

Lituania: el Istmo de Curlandia

Dunas en el Istmo de Curlandia

El Istmo de Curlandia es uno de esos sitios que simplemente por el nombre tan llamativo que tienen te entran ganas de ir. Suena a remoto, frontera, distante, el confín de algún territorio perdido. Figuraciones aparte, el Curonian Spit (en inglés) o Kuršių nerija (en lituano) es una estrecha franja de arena cubierta de dunas y pinos de casi 100 kilómetros de largo en el Mar Báltico.