Empezaré con una presentación rápida del entrevistado: Florencio Moreno Anega (fmanega en internet, Cáceres 1963) ha estado en la friolera de 128 países de los 193+2 oficialmente reconocidos por la ONU. Además ha hecho todos esos viajes por sus propios medios y dejándose el dinero de su bolsillo. ¿Os parece poca razón para conocerle un poco mejor?

Floren y yo pasamos de ser “ciberconocidos” a amigos (el que no nos conozcamos todavía en persona no tiene importancia) por una razón muy mundana; pensé que se había ido al otro barrio. Un día me di cuenta que no quedaba rastro de él en internet: su conocido blog había desaparecido sin dejar huella, otras webs en las que se le mencionaba habían borrado su nombre y no me contestaba los correos, algo que antes había hecho siempre con celeridad. A través de Vero (otra gran viajera y bloguera, que conoce a toda la gente del mundillo) estuve indagando hasta que un sorprendido Floren me escribió para decirme que estaba perfectamente, pero que se había tomado unas vacaciones temporales del estresante mundo de internet. Retomado el contacto descubrimos que tenemos bastante afinidad personal, con lo que me he animado a hacerle unas preguntas tratando de averiguar que pasa por la ajetreada cabeza de un muy ajetreado viajero. Sin más, empezamos.

Suomenlinna, 1991

Fortaleza de Suomenlinna, Finlandia, 1991

Pregunta: Por lo que te he leído en otras entrevistas, de pequeño mirabas embobado los atlas y te preguntabas por países y mundos lejanos ¿Cómo fue el paso del “viajar con la mente” a viajar físicamente? ¿Algo consciente, premeditado y que llevabas toda la vida planeando?¿O algo más sutil que empezó de manera casi accidental y que poco a poco fue desarrollándose?

Respuesta: A pesar de que tengo pocos recuerdos de mi primera infancia, cuando miro las escasas fotografías que conservo de aquella época veo a un niño nada sonriente, totalmente inexpresivo. No me consta haber sido autista, pero sí en cierto modo haber vivido en un universo paralelo. ¿Por qué dedicaba mi atención a los mapas en lugar de a los coches o a otros juguetes que a los niños se les supone? Lo desconozco. Lo que sí sé es que mi paso a la adolescencia no fue una transición suave, sino que vino acompañada de múltiples problemas, que acarreo aún hoy. Seguí siendo un soñador, pero descubrí que el mundo de los adultos no me gustaba y, en lo que a los viajes se refiere, caí en la cuenta de que las múltiples aventuras con las que había soñado no iban a ser fáciles de realizar. Creo que ese sentimiento me marcó sobremanera: la vida era muy diferente a como yo había pensado.

Desde muy niño siempre había soñado con poder visitar algún día esos lugares que veía en los mapas, aunque el paso de mi mundo imaginativo al real no fue tarea fácil. Creo que fue la lectura de “El camino más corto”, de Manu Leguineche, lo que me convenció de que el hecho de viajar iba a ser muy importante en mi vida. Tendría entonces unos 16 años y quizás fue cuando los sueños se convirtieron en algo tangible, aunque aún tuve que esperar una década para llevarlos a cabo.

P: ¿Quieres hablar un poco sobre las razones para esa larga década de espera o es un tema que prefieres no comentar?

R: Sí, no tengo problemas en contestar a ninguna pregunta. Buena parte de esa década coincidió con mis estudios universitarios y, al contrario de lo que le ocurre a la mayoría, ésta fue probablemente la peor época de mi vida. Hechos como el salir del entorno al que estaba habituado, la casi total falta de adaptación a mi nueva vida y una escasa motivación me hicieron entrar en una espiral negativa de la que creí no poder escapar. Estuve cerca de cruzar líneas que hubieran resultado irreversibles.

P: ¿Había algunos países marcados a hierro en tu agenda desde niño? Si los había, ¿qué países eran esos y por qué?

R: Al contrario de lo que me sucede ahora, en mi época preadolescente era un lector de novelas tan compulsivo que mis padres me animaban a dejar de leer y salir a conocer el mundo real. Curiosamente, lo mismo le ocurre ahora a mi hijo mayor. En aquellas lecturas descubrí numerosos lugares donde vivir aventuras como las que imaginaba en mi ensoñación todavía infantil. América Central y el Caribe gracias al Corsario Negro. Malasia y el Índico gracias a Sandokán. Tobago gracias a Robinson Crusoe. Las islas del Pacífico gracias a Ralph, un adolescente náufrago que fue uno de mis ídolos. Al igual que me ocurre ahora, era más de descubrir lugares que países al completo.

P: ¿Cuál consideras que fue tu primer viaje al extranjero propiamente dicho? ¿Cómo lo recuerdas ahora?

R: Retornando al hilo de la primera pregunta, a pesar de la decepción con la vida de adulto que tuve en la adolescencia, sentimiento que en buena parte aún conservo, caí en la cuenta de que viajar no iba a ser fácil y debía ponerme las pilas. Entré entonces en una vorágine de estudios, insatisfacciones, problemas y toda una parafernalia que me puso ciertamente al límite en algunas ocasiones. Hasta que muy poco después de empezar a trabajar, la empresa me mandó varias semanas a la ciudad francesa de Orleans. El primer fin de semana libre fui a conocer París y quedé auténticamente fascinado. He vuelto después muchas veces y ahora no es mi ciudad favorita, pero entonces resultó un auténtico descubrimiento, una apertura al mundo tras varios años de estar inmerso en un oscuro túnel.

P: ¿Habías salido de España antes? ¿O fue París/Orleans la primera vez? ¿De qué año estamos hablando?

R: Sí, pero no. Había ido a diversos sitios de Portugal en muchas ocasiones, pero eso no cuenta porque el país luso es mi segunda casa. Mi bautismo en el mundo de los viajes fue en 1990, justo cuando acababa una década que para mí había sido negativa en casi todos los aspectos.

P: París abrió el camino. ¿Cuáles fueron los siguientes pasos o etapas en tu vida viajera? Tanto a nivel de destinos como en actitud.

R: Pocos meses después de que viera la luz en la ciudad de la luz decidí ir a los Países Bajos. Eran mis primeras vacaciones, tenía algo de dinero por primera vez en mi vida y decidí emplearlo en lo que para mí era la mejor manera. Aquel viaje fue una reafirmación, me atrapó tanto que supe que ya no iba a escapar. A partir de ahí vinieron unos años de bastante vorágine en los que empleaba prácticamente todo mi tiempo libre y casi todo mi dinero en viajar. Generalmente solo, pero también con algún amigo, con Diana cuando la conocí o incluso en algún que otro viaje organizado. Me había convertido en adicto y necesitaba ir aumentando poco a poco la dosis para sentirme satisfecho.

P: Sobre esos años de vorágine que mencionas, ¿Algún año que recuerdes con especial cariño por los destinos que visitaste? ¿Cuáles fueron? ¿Cuál fue el primer destino en el que sentiste “esto es algo totalmente diferente a lo que he conocido hasta ahora”?

R: Este periodo abarca más o menos la década de los noventa del siglo pasado y fueron años bastante similares. En Semana Santa, puentes o incluso fines de semana solía ir a capitales europeas del entorno, en verano hacía algún viaje algo más largo y a finales de año viajaba a algún sitio con temperaturas más cálidas que las que acostumbran en Europa. Guardo grandes recuerdos de 1992, cuando estuve en diversos países y salté por primera vez el charco con destino Cuba. Y en Europa tengo que mencionar a Praga, mi ciudad fetiche, que visité por vez primera ese mismo año y también a Grecia, mi país favorito en esa época.

Isla Saona, República Dominicana, 1994

Isla Saona, República Dominicana, 1994

P: ¿Viajabas organizado, por tu cuenta o ambas cosas? Si has viajado organizado cuéntanos un poco sobre los destinos y la experiencia en alguno de ellos formando parte de un grupo

R: Ambas cosas, solía hacer varios viajes por mi cuenta y algún que otro organizado. Recuerdo en especial el primero que hice de esta última forma, donde fuimos en autobús desde Copenhague a Moscú pasando por Suecia, el sur de Finlandia y San Petersburgo. Había bastante buen rollito entre los integrantes, y a varios de ellos seguí viéndolos con posterioridad aunque algunos años más tarde perdimos el contacto. Los sitios que visitamos me gustaron bastantes, tanto que a todos ellos excepto a Copenhague volví por mi cuenta posteriormente.

P: ¿Crees que se debería evitar en lo posible volver a un sitio que en una primera visita fue especial y único por diversas circunstancias? ¿ Arriesgarse a que visitas posteriores le quiten ese halo mágico en la memoria personal?

R: Ahora estoy bastante de acuerdo con esta afirmación, en el pasado quizás no porque hubo ciudades como Praga, Londres o Roma que repetí varias veces y las sigo considerando entre mis favoritas. Lo que sí me gusta es dar una segunda oportunidad a lugares que me han decepcionado un tanto por la razón que sea. Por ejemplo, la primera vez que estuve en la localidad rumana de Constanța me pareció horrenda y tras una nueva visita puedo decir que estaba muy equivocado, es una ciudad muy agradable.

P: Sigamos con tu trayectoria viajera. ¿Tomas en algún momento la decisión consciente de: “voy a verme todo el mundo o al menos todo lo que pueda”? ¿O es una droga que te va atrapando casi sin darte cuenta?

R: Siempre he pensado que esto de las aficiones (y de las adicciones) es algo congénito, que llevas en tus genes aunque pueda mantenerse latente durante algún tiempo, incluso durante toda la vida. Me reafirma en esta idea el hecho de no haber conocido jamás a ningún viajero que haya renunciado a esta actitud salvo por razones que estén fuera de su control. Por consiguiente, creo que es algo totalmente inconsciente, que llevamos grabado a fuego en nuestro ADN de la misma manera que el color de los ojos o la estatura.

Templo de las Pitones, Benín, 2001

Templo de las Pitones, Benín, 2001

P: Llega un momento en el que, digámoslo así, te pones muy por encima de la media del viajero “normal” en cuanto a países visitados. ¿Recuerdas haberte planteado como objetivo claro el visitar TODOS los países del mundo? ¿Marcaba tu agenda el hecho de visitar países en los que no habías estado? ¿O no te importaba repetir? ¿Sentías algún tipo de presión, interna o externa?

R: Aunque parezca difícil de creer, yo nunca había contado los países que había visitado, no por modestia o soberbia sino simplemente porque no se me había ocurrido. Hasta que un día, no recuerdo cual fue el detonante, lo hice y vi que llevaba aproximadamente sesenta. Entonces me dije algo así como ‘joder, anda que no has viajado’ y empecé a considerar la idea de visitarlos todos. Esto me duró varios años y llegó a convertirse en una obsesión en ciertos momentos, pero desde hace un tiempo creo que estoy “limpio”. Ya no me preocupa tanto el hecho de conocer países sino lugares, como me ocurría en los inicios de mi vida viajera y he descartado por completo el llegar hasta muchos sitios donde muy posiblemente no sería bien recibido. Me he dado cuenta por fin de que a la hora de viajar es más importante la calidad que la cantidad, como ocurre con casi todo en la vida.

P: ¿Como ves ahora en perspectiva esos años de obsesión? Cuéntanos algún viaje concreto quizás influenciado por esa carrera y que ahora harías de manera diferente.

R: Yo soy una persona muy dada a las obsesiones y sobre todo a las compulsiones, de hecho hace unos treinta años ya fui diagnosticado de T.O.C. por lo que no es un hecho sorprendente teniendo en cuenta mi personalidad. Locuras viajeras he hecho muchas, probablemente debido a ello, aunque quizás la más grande fuera pedir un préstamo a un banco, con una cifra de cinco dígitos, para llegar hasta los mares del Sur. El problema fue que me lo concedieron, aunque no me arrepiento de haberlo pedido pues no hubiera tenido otra manera de llegar hasta esa zona del mundo, pero en cierta manera condicionó mi situación económica en los años posteriores.

P: Llegas (y pasas) los 100 países visitados. Un viajero legendario (Jorge Sánchez) te nombra como uno de sus delfines mencionándote en su web. ¿Te sentías parte de una élite?

R: Ante todo debo decir que cuando me vi en la web de Jorge Sánchez, sin casi conocerle, me quedé a cuadros. Jamás me he sentido parte de una élite ni se me había pasado por la cabeza que pudiera estar ahí, así que, aparte de agradecérselo infinitamente, me planteé qué hacía yo entre esa gente. De hecho, mi forma de viajar era muy diferente a la del resto, salvo algún otro caso, por lo que mi presencia era en cierto modo un contrasentido. Estando muy agradecido a tan gran viajero, a quien admiro mucho a pesar de que mi forma de ver los viajes sea muy diferente a la suya, llegó un momento en que le pedí que me sacara de su lista. Creo que hay gente que hubiera pagado por estar ahí, pero yo me veía como una especie de garbanzo negro entre ellos.

Tumba de R.L. Stevenson (Samoa) en 2008

Tumba de R.L. Stevenson, Samoa, 2008

P: ¿Qué opinas de la diferencia de un viaje en los 90 sin internet ni cámaras digitales y los viajes de ahora con muchas más facilidades? ¿Te da algo de nostalgia o mejor con los recursos actuales?.

R: Pues aunque resulte difícil de creer, mi forma de viajar es muy similar a la del siglo pasado. Tanto entonces como ahora suelo llevar el alojamiento reservado a priori, pero en cuanto al día a día y los lugares que visito me gusta improvisar bastante. Cuando estoy de viaje desconecto del todo de internet y no suelo reconectar hasta la vuelta. Es cierto que ahora hago más fotos y que antes viajaba a veces sin cámara, pero creo que esto es debido al hecho de mantener un blog de viajes. Para mí la fotografía es algo tangencial al viaje en sí, y si no fuera porque las fotos acompañan mis relatos probablemente seguiría sin hacer fotografías o reduciéndolas al mínimo. Nunca me ha gustado ver la vida a través del visor de una cámara.

P: En España, viajar a lugares lejanos, “exóticos” (lo que quiera que esto signifique para las agencias de viaje) o difíciles de alcanzar se ha popularizado mucho más en la última década. Crees que antes había menos gente en los destinos en general?

R: Sin duda. Viajar se ha convertido en un producto de consumo más y esto no me gusta. Desde luego, pienso que todo el mundo tiene derecho a viajar, como puede tenerlo a conducir un Ferrari o a tener una mansión en La Moraleja. Pero para mí el auténtico espíritu del viajero se ha perdido en aras de un consumismo atroz. El ejemplo paradigmático es Praga, una ciudad ingenua, auténtica y bohemia donde las hubiere y que el boom viajero ha llegado a convertir en una urbe impersonal destinada al consumo de masas donde sus propios ciudadanos se han batido en retirada hacia sus cuarteles en los barrios periféricos desde hace tiempo.

P: Tu antiguo blog estaba muy asentado y, antes de la súper comercialización y el rollo este de los “influencers”, me imagino que bien posicionado. ¿Sabes ya qué te llevó exactamente a cerrarlo? ¿Te arrepientes?

R: Te agradezco que me hagas esta pregunta :)

Las razones que me llevaron a cerrarlo fueron varias, aunque la fundamental fue la crisis personal a la que me llevó un cambio de vida que hizo incluso que me replanteara el seguir viajando. No me arrepiento de ello, soy una persona que se mueve por impulsos, y tan solo lamento en mi vida actitudes mías que han sido susceptibles de causar daño a otras personas. No sé si aquel blog estaba bien posicionado o no, aunque seguro que lo estaba mucho más que éste. Pero el posicionamiento y todo lo que ello conlleva nunca han sido mis objetivos primordiales a la hora de escribir. En mi caso, el hecho de mantener una web de viajes tiene un aspecto fundamentalmente terapéutico, me ayuda en cierto modo a mantener a raya mis demonios interiores. Esto no significa que no me agrade tener lectores, sino que ése no es mi objetivo fundamental. Mientras yo mismo esté contento con lo que hago seguiré adelante, cuando no lo encuentre satisfactorio quizás vuelva a cerrarlo. Aunque en este caso no lo haré desaparecer por completo, pues me parece un insulto a las personas que de alguna manera lo han seguido o incluso me han dejado comentarios, algo que agradezco enormemente.

P: Y ya que estamos con el tema de los blogs y dado que tus opiniones suelen generar terremotos en los grupos de bloggers… ¿Qué opinión tienes del mundillo de los blogs de viaje y su evolución en los últimos años?

R: Llevo unos ocho años, con algún paréntesis, en este mundillo y pienso que la evolución ha sido a mucho peor. Paralelamente al desarrollo del turismo como bien de consumo en España, los blogs de viaje se han ido convirtiendo, con algunas excepciones, en un negocio del que casi todos pretenden sacar tajada. Esto ha ido en un claro detrimento de la calidad del contenido, muy pobre y directamente enfocado a la publicidad en muchos casos. Hace años los blogs se escribían con el corazón, hoy se enfocan a generar el mayor número de visitas posible para así obtener un rédito económico a cambio. Hace poco tiempo un blogger bastante conocido me decía que con el S.E.O. es posible escribir grandes textos, yo lo dudo mucho y veo casi a diario que no es así.

Por otra parte, este afán por rentabilizar y “monetizar” (palabro horroroso pero muy en boga) los blogs de viaje han llevado a que lo que era un mundillo solidario, donde intentábamos apoyarnos unos a otros en nuestros futuros viajes, se haya convertido en una especie de selva competitiva y en ocasiones hostil, con círculos de poder cada vez más endogámicos donde sus miembros se apoyan unos a otros en una actitud ciertamente corporativista. Todo sea por no perder su parte del pastel y dejar al resto que luchen por las migajas. A los que nos atrevemos a discrepar nos dan de lado o directamente nos insultan tachándonos de envidiosos o de generar mal ambiente.

Pienso además que esto es solo la punta del iceberg, estoy convencido de que aunque en los saraos habituales entre los bloggers de viaje todo sean sonrisas en el fondo hay un submundo lleno de envidias, rencores e incluso vetos para conseguir mayores beneficios.

Isfahán, Irán, 2011

Isfahán, Irán, 2011

Para terminar con una nota un poco más ligera, una traca final con 10 preguntas en plan telegrama:

1) Un país y una ciudad que aún no hayas repetido y que lo harías porque te encantaron 

Líbano y Vicenza

2) Un país y una ciudad que repetirías porque no lo/la viste lo suficiente y prometía mucho 

 Chile y Damasco

3) Un país y una ciudad a los que no volverías ni invitado por el presidente/alcalde para nombrarte hijo adoptivo 

Moldavia y Johannesburgo

4) Una mala experiencia volando

 Una vez que el piloto abortó el aterrizaje a muy pocos metros del suelo.

5) Una mala experiencia en un hotel 

Hotel Gloria (Chisinau, Moldavia). Llegamos casi de noche con los niños (muy pequeños entonces) cansados y no había ni agua corriente para bañarlos. Los dueños muy bordes además.

6) Una mala experiencia gastronómica 

Cena de Nochevieja en un restaurante de Singapur del que no recuerdo el nombre. Muy caro, la comida no me apasionó y pasé la primera noche del año siguiente casi completa en el cuarto de baño :)

7) Tu peor momento viajero 

Quizás cuando me quedé tirado durante varias horas en el aeropuerto de Minsk sin poder entrar al país ni tampoco volver porque el avión que me trajo se había ido ya. En ese tiempo pude pensar de todo.

8) Un momento de éxtasis absoluto viajero, de esos en los que el tiempo se detiene, los pajaritos trinan, todo es perfecto y el mundo parece un libro del pvto Paulo Coelho 

Cuando estuve en Baalbek, me emocioné tanto que llegaron a saltárseme las lágrimas.

9) ¿Te gustaría que tus hijos te superasen en países visitados y que completasen el mapa? 

Si eso les hace felices, por supuesto, aunque creo que no va a ser el caso.

10) Para terminar la más difícil de todas: de todos los lugares (que no países) que te quedan por visitar, ¿si tuvieses que elegir solo uno y el dinero no fuese problema, sería…?

Las Cataratas Victoria.

Muchas gracias a Floren por su enorme paciencia con mis interminables preguntas y por sus elaboradas respuestas. Para los que queráis saber más sobre sus viajes, aquí tenéis su blog:

http://fmanega.com/