Intro: aquí tenéis la serie de los posts marginalesEsos posts que no le interesan a ni Dios y que están condenados al ciberostracismo y a la indifrencia de las masas desde el mismo momento en que pulsas el botón de “publicar”. Esos posts que tras pulular años por el blog apenas suman 14 visitas, 8 de ellas de tus amigos más leales y 6 de despistados que han metido las palabras equivocadas en una búsqueda de google. Esos posts que por alguna razón llaman a tu puerta y te apetece escribirlos aunque la alarma de “pérdida de tiempo” suene incesantemente en tu cerebro mientras tecleas. Sitios a los que no va (casi) nadie y temas sobre los que no interesa leer. En fin, con ustedes los posts marginales.

Viajes de trabajo. ¿Una suerte? ¿Un infierno?  A mí (casi) siempre me han gustado, aunque supongo que mucha gente los teme porque suelen ser cansados y estresantes. Pero a veces, cuando un buen destino se combina con buena gente, puede ser simplemente eso, un viaje. Con todo lo bueno que encierra esa palabra.

En 2005, tras varios meses metido en un proyecto que me obligó a conocer los peores agujeros de Inglaterra (polínganos industriales perdidos en el extrarradio de ciudades grisáceas), le dije a mi jefe que el siguiente proyecto tenía que ser en un país bonito o me iba a enfadar e iba a dejar de respirar. Dicho y hecho: en septiembre mi jefe cumplió su promesa y estuve un mes en Roma instalando y testeando unas plataformas de mensajería para el operador WIND.

Panorámica de Orvieto. Foto de indigeno314 en Flickr

Panorámica de Orvieto. Foto de indigeno314 en Flickr

Ya en Roma me dijeron que otro cliente italiano, éste basado en la preciosa Orvieto, tenía un problema bastante serio y que habían pedido que me acercase a verles en persona para solucionarlo. Acordaron con mi jefe que pasase allí 3 días enteros. El problema en sí era un auténtico quebradero de cabeza para el cliente y además estaban maniatados (y desesperados) porque para solucionarlo había que cambiar el código fuente de la aplicación, algo que sólo el proveedor (mi empresa) podía hacer. En realidad, los cambios necesarios en el código eran mínimos y (para nosotros, claro) el problema muy fácil de solucionar.

Por todo ello, llegué a sus oficinas sobre las 11 de la mañana y a las 12 y media ya estaba todo solucionado. Los dos ingenieros italianos reaccionaron con un alborozo como yo nunca había visto (ni he vuelto a ver) en un cliente: como si la azzurra hubiese metido un gol en la final del Mundial. O como si Ferrari hubiese hecho doblete en Monza. (Léase con fuerte pero encantador acento italiano) “Iñasio!!! Iñasio!!! it is wor-king” “Iñasio!!! Iñasio!!! this is fan-tastic”. Fue muy divertido, porque normalmente la reacción de los clientes es primero de alivio y luego te suelen mirar con mala cara porque es TU producto el que les ha tenido amargados.

En medio de la euforia colectiva me dijeron que me invitaban a todo el helado que fuese capaz de comer sin desmayarme. Cualquiera que haya probado los helados italianos sabe lo que pensé en ese momento: ¿es este el mejor día de mi vida? Dado que a mí me pagaba las facturas la empresa y que ellos eran, después de todo, el cliente, intenté abonar la cuenta, a lo que se negaron en redondo: “No güei Iñasio, yu sol-ved de pro-blem”. En estado semicomatoso por el atracón de helado pensé que aún me quedaban 2 días enteros por delante en Orvieto y que podía ser realmente memorable. Acordamos que los días restantes iba a hacer algo de consultoría: testear a fondo las plataformas, arreglar fallos y optimizarlas.

Foto por light917 en Flickr

Foto por light917 en Flickr

A la mañana siguiente incluso me vinieron a buscar al hotel, todo un detalle ya que la oficina estaba en mitad del campo a más de 20 minutos del centro y los taxis escaseaban en Orvieto (luego volveremos a esto). Además me trajeron comida casera hecha por la mamma. Los dos. Por no hacer el feo tuve que acabarme enteros los dos generosos y exquisitos platos. Estaba pasándolas canutas para no dormirme, cuando a las 2 de la tarde me dijeron que la jornada laboral se había acabado: “Iñasio, tienes que ir a la citta a ver los monumenti, que cierran a las 4. Y Orvieto es la piu bella”. Mis muy moderadas protestas de que debía quedarme hasta las 6 fueron desechadas con aspavientos. Al día siguiente ocurrió lo mismo: doble ración de comida casera y pasaporte a las 2 de la tarde…”porque en un solo día no se puede ver todo Orvieto, Iñasio”. Aún les estoy eternamente agradecido, porque ello me permitió explorar la maravillosa Orvieto a fondo y entrar en muchos de sus monumentos. Para rematar la faena de la amabilidad, me llevaron ambas tardes hasta el centro e incluso quisieron darme dinero para las entradas, pero todo tiene un límite y me negué en redondo.

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Huelga decir que pasé 3 días magníficos. Además, el final de mi viaje fue  en la misma línea curiosa y simpática de sucesos anteriores. Como ya mencioné antes, Orvieto es pequeño y los taxis no abundan (o no abundaban hace una década). Había reservado uno para que me viniese a buscar a primera hora de la mañana del día que tenía que volver a Roma en tren. Allí estaba yo, plantado en la puerta del hotel, y el taxi que no llegaba, con la hora del tren acercándose pericolossamente.

La limpiadora del hotel vio mi cara de circunstancias y me preguntó “a que l’hora e il treni?”. “In quindici minuti” respondí.  Con la música de “Mission Impossible” empezando a sonar de fondo, me dijo muy decidida: “Andiamo”, mientras entraba a coger las llaves de un Fiat Panda verde manzana de cuando Il Duce era corneta. Mientras bajábamos a toda velocidad las empinadísimas curvas y contra curvas (ver detenidamente la foto de dónde esta Orvieto), yo me agarraba como podía y mirando al precipicio pensaba en la placa que iban a poner en mi mesa en la oficina: “Al bueno de Iñasio, que se despeñó intentando llegar al tren a su hora para no fallarle al próximo cliente. Gran profesional. Te echaremos de menos. Ya hemos contratado a otro”.

Cuando me bajé corriendo del coche, la encantadora señora me dijo: “manda un mail al hotel para saber que cogiste il treni”. Algo que hice nada más llegar a Roma y encender el ordenador. Faltaría más. Después de tanta amabilidad no vas a dejar a la mamma preocupada. Cuando le conté mis aventuras a la (también estupenda) gente de WIND, se morían de la risa y todos repetían moviendo la cabeza: “la gente del campo son todo corazón”. Al menos en Orvieto lo son. Doy fe de ello.

Un paseo por Orvieto

Encaramada en lo alto de una imponente roca volcánica con paredes verticales cortadas a cuchillo, he visto pocas ciudades en Europa capaces de producir una primera impresión parecida. Poblada desde tiempos prehistóricos, Orvieto (urbs vetus – ciudad antigua), fue una importante ciudad etrusca. Los romanos, inquietos porque estaba en un lugar casi inexpugnable, la saquearon y obligaron a sus habitantes a abandonarla. La caída del Imperio hizo que los habitantes volvieran poco a poco a la antigua ciudad, cuya privilegiada posición volvió a darle relevancia en la Edad Media. Bajo el patronazgo de los Papas, su época de esplendor fue en los siglos XIII y XIV, en la que dominaba vastos territorios en la zona y fecha de construcción de los principales palazzos y monumentos. En 1450 pasó a formar parte de los Estados Pontificios y, en 1860, del recién creado Reino de Italia.

Orvieto tiene mucho que ver y prácticamente todo se encuentra dentro de las regias murallas medievales que rodean el perímetro de la roca. La magnífica catedral, de estilos románico y gótico, fue comenzada en 1290 y se tardaron 3 siglos en terminarla. Por estilo recuerda a la de Siena y su tamaño y riqueza son un buen recordatorio de la importancia de la ciudad en aquella época.

Catedral de Orvieto. Foto por indigeno314 en flickr

Catedral de Orvieto. Foto por indigeno314 en flickr

Otro de los edificios principales es el palacio Papal. Hasta 5 Papas diferentes se refugiaron aquí en el siglo XIII, dejando su huella en esta y otras construcciones de la zona. La más famosa de ellas es el Pozo de San Patricio, un cilindro excavado en la roca de 53 metros de profundidad y 13 de diámetro. Está rodeado por una escalera helicoidal de 248 escalones y hay 70 ventanas en las paredes. A mí me pareció la más sorprendente de todas las visitas que hice en Orvieto.

El Pozzo di San Patrizio no es más que una parte del enorme laberinto de túneles, escaleras y estancias que atraviesan el subsuelo de Orvieto, formando una auténtica ciudad subterránea que fue creada poco a poco durante siglos. Hoy en día solo se puede recorrer con visitas guiadas. Las estancias de los Papas y las casas de las familias nobles tenían pasadizos conectados con la ciudad subterránea para poder huir o aprovisionarse en caso de asedio. Más pequeño, pero también muy interesante, es el Pozzo della Cava.

Pozzo di San Patrizio. Foto de indigeno314 en Flickr

Pozzo di San Patrizio. Foto de indigeno314 en Flickr

Otros lugares y edificios destacablas son el Palazzo del Capitano del Popolo, la necrópolis Etrusca, la Piazza della Reppublica, la Fortaleza del Albornoz…pero me quedo con pasear relajadamente por las estrechas calles que forman el casco histórico de la ciudad y disfrutar de la gastronomía de Umbria.

Piazza della Reppublica

Piazza della Reppublica

Algunos datos prácticos

Dormir

Palazzo Piccolomini: en pleno casco viejo, es un palacete construido en el siglo XVI y restaurado en los 90. Quizás uno de los hoteles con más encanto en los que me he quedado en toda mi vida. Muy recomendable.

Comer

Fui a sitios recomendados por mis clientes y en todos y cada uno de ellos comí de maravilla. Os dejo la lista completa, que yo sepa siguen todos abiertos.

- Grotte del Funaro

- La Buca di Bacco

- La Palomba

- Al San Giovenale

Cómo llegar

Orvieto está en la autopista que une Roma con Florencia, a 134 Kms de la primera y a 170 Kms de la segunda. En autobús (hay varios al día) se tardan unas dos horas desde la capital. Orvieto tiene estación de tren y hay varios trenes diarios desde Roma y Florencia, tanto IC (Intercities) como R (rápidos). El primero es bastante más caro, aunque el segundo apenas tarda 15 minutos más. Mas detalles en la web de Trenitalia.

Las estaciones de tren y bus están en la base de la roca sobre la que se asienta la ciudad. Para subir al centro historico se puede hacer en taxi, bus urbano o coger el espectacular funicular (yo recomiendo esto último).

Hay más información (en italiano e inglés) en la web oficial de la ciudad de Orvieto.

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