Auschwitz

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La primera vez que escuché que Auschwitz se podía visitar fue en 1997. Unos españoles que conocimos en Praga durante mi segundo Interrail nos dijeron que el siguiente país al que iban a pasar era Polonia sólo para ir a verlo. A pesar de haber leído mucho sobre la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, por alguna razón que ahora no acabo de entender me sorprendió que se pudiese visitar. Era como si al verlo prácticamente siempre en fotos de cuando aún funcionaba o recreado en películas, mi cerebro no acabase de conectar la línea de puntos hasta un Auschwitz-ahora. En mi descargo he de decir que antes de internet la información no fluía como ahora y no era fácil enterarse de todo en cuestión de segundos.

Durante cierto tiempo me planteé si quería visitarlo o no. Auschwitz ha quedado como una palabra que por definición engloba  todo lo malo del alma humana y no estaba seguro de querer enfrentarme a ello. ¿Me afectaría mucho? ¿No me afectaría demasiado? ¿Qué sería peor de esas dos cosas? Al final pensé que es uno de esos sitios que hay que mirar cara a cara, guste o no. Así que en el verano de 2005 Charlie y yo organizamos un viaje de 10 días a Polonia con Auschwitz como parada obligada.

La noche anterior nos quedamos a dormir en un agradable pueblecito llamado Pszczyna. El hostal que elegimos se llamaba PTTK y era una antigua prisión de ladrillo que había dejado de funcionar como tal en 1975, aunque conservaba intacta la austeridad y un aire plúmbeo. Quizás fue una manera subconsciente de prepararnos para el día siguiente en plan método Stanivlaski.

Las alambradas de Auschwitz I

Las alambradas de Auschwitz I

Nos llevó una media hora llegar en coche. A medida que nos íbamos acercando pensé que los alrededores “acompañaban” al propósito del campo: una zona aislada, gris, indiferente y con poca población (imagino que bastante menos en los 40). Llegamos temprano, sobre las 9. Las instalaciones llevaban abiertas una hora y ya había mucho movimiento, con bastantes grupos de gente mayor bajando de autobuses y siguiendo ordenadamente a sus guías.

Aunque se suele mencionar a Auschwitz como un único lugar, en realidad era un enorme complejo con una red de campos conectados entre sí. Consistía en 3 lager principales (Auschwitz I, Auschwitz II-Birkenau, Auschwitz III-Monowitz) y hasta 45 campos satélites más pequeños. Los que se visitan son los dos primeros, que fueron declarados lugar Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979.

La visita comienza en Auschwitz I, concretamente en el edificio donde se recibían a los nuevos presos, ahora transformado en centro de visitantes y aún fuera de las alambradas. Aquí se compran las entradas y además puedes ver un documental muy duro sobre el campo y su liberación que ponen ininterrumpidamente en varios idiomas.

Para entrar en el campo en sí tienes que pasar bajo el tristemente famoso letrero con las palabras “Arbeit Macht Frei” (el trabajo libera) fundidas en metal, quizás la imagen más conocida de Auschwitz. Tras verlo tantas y tantas veces en fotografías y películas era extraño y desasosegante cruzarlo. Allí parado miré hacia el interior del campo y la primera impresión que me dio es que no era demasiado grande.

La entrada a Auschwitz I

La entrada a Auschwitz I

Dentro del perímetro sellado por las alambradas había una treintena de edificios bajos de ladrillo a intervalos equidistantes y que dejaban poco espacio vital. Éstos eran antiguas barracas del ejército polaco reconvertidas en los pabellones de los prisioneros,  la gran mayoría idénticos en forma y tamaño. La zona más amplia estaba justo detrás de las cocinas y se usaba para pasar revista y también para el patíbulo en caso de ejecuciones públicas. Los pabellones contienen exposiciones temáticas con fotografías de los prisioneros, descripciones de la vida diaria y funcionamiento del lager, así como miles y miles de pruebas de los asesinatos en masa: montañas de maletas, gafas, zapatos, cepillos de dientes y otros utensilios de uso común que los deportados traían al llegar.

Fotos de los primeros deportados

Fotos de los primeros deportados

De entre los pabellones destacan el 10 y el 11, los llamados “Bloques de la Muerte”. En el bloque 10 se produjeron esterilizaciones masivas de mujeres judías y en el bloque 11 estaban las celdas de tortura y castigo. Aquí, en el sótano, se produjo el primer asesinato en masa de 900 prisioneros usando el gas Zyklon B. Los nazis consideraron el método un éxito, pero el edificio como “no adecuado” y construyeron una cámara de gas con hornos crematorios que se puede ver justo fuera de las alambradas en la parte norte del campo. Al fondo del callejón que forman los bloques 10 y 11 está el llamado “Muro de las Ejecuciones” donde se producían los fusilamientos de los prisioneros.

Caseta de vigilancia y alambradas en Auschwitz I

Torre de vigilancia en Auschwitz I

Muro de las ejecuciones en Auschwitz I

Muro de las ejecuciones en Auschwitz I

Crematorio de  Auschwitz I

Crematorio de Auschwitz I

Pero fue al llegar a Auschwitz II – Birkenau cuando el peso de todo, la realidad inevitable, la escala de la barbarie, te golpea hasta aplastarte. Durante la visita a Auschwitz I, a pesar de que salí bastante tocado, en cierta manera no conseguía librarme de la sensación de que era un museo. Una recopilación de fotos y otros objetos ordenados y colocados de una manera consciente, algo que ya había visto en otras ocasiones. Además, por su tamaño cuesta hacerse una idea de las proporciones de la salvajada. Mis recuerdos de la visita a Auschwitz I son bastante nítidos, mientras que de Birkenau son las sensaciones las que se me han quedado grabadas. Los edificios, las ruinas y los lugares específicos se fundieron de manera borrosa y volvieron al ver las fotos, pero no me he olvidado como me sentí.

Y es que Birkenau, a unos 3 kilómetros de distancia, está tal y como quedó al terminar la guerra y parece que es ayer. No hay barreras que te separen de las huellas del pasado. Te das cuenta de que, con toda su maldad, Auschwitz I era un embrión, un prototipo, un campo de concentración que se improvisó como lugar de exterminio. Sentí Birkenau como algo infinitamente más siniestro. Ingeniería e inteligencia al servicio del exterminio de seres humanos: su extensión, las vías que entraban dentro del campo y permitían llevar a los deportados hasta las mismas puertas de las cámaras de gas, el enorme tamaño de éstas y de los crematorios, los desnudos barracones…

Entrada a Auschwitz II-Birkenaw

Entrada a Auschwitz II-Birkenaw

Panorámica de Birkenaw desde la puerta de entrada

Panorámica de Birkenaw desde la puerta de entrada

Un lugar muy complicado de digerir, casi inabarcable conceptualmente, que se te mete dentro aunque no quieras y que te deja sin aliento. La más de dos horas que deambulé entre los 12 kilómetros de alambradas pensé que nunca había estado en un sitio con un karma tan negro y deprimente. El contraste con el precioso día de verano era difícil de asimilar. ¿Cómo sería aquello en pleno invierno? Aunque también hubo momentos bonitos para recordar: dispersos por los rincones del campo veías a gente mayor con la cara oculta entre las manos, probablemente llorando o abrumados por el lugar. Otros visitantes, casi seguro desconocidos, se les acercaban a consolarlos, abrazándoles o tomándoles de la mano. Gestos así demuestran que Auschwitz no ganó la batalla.

Birkenaw I

Birkenaw II

Siendo una persona mucho más pragmática que espiritual, no pude resistir el impulso de parar en el primer rio que vimos para darnos un baño y que la corriente se llevase parte de la pesadez del alma.

Una visita a la UNIT 731, el llamado Auschwitz japonés en Manchuria

Web oficial del Museo Estatal Auschwitz-Birkenau

Sobre los lugares Patrimonio de la Humanidad

Todos los posts sobre la Segunda Guerra Mundial

28 comentarios en “Auschwitz

  1. Este es un lugar Patrimonio de la Humanidad que seguramente no visitaré jamás. Tuve ocasión de hacerlo pues estuve cerca, en Cracovia, pero ni me lo planteé.

    Al igual que tú soy infinitamente más pragmático que espiritual, pero también soy muy sensible y creo que un sitio así se me desplomaría encima. No, definitivamente, jamás pisaré un campo de concentración.

  2. Muy buen reportaje, muy impactante. Yo soy de los que opina que debemos conocer todos los aspectos del ser humano para poder evolucionar y mejorar, por lo que sí me gustaría visitar estos lugares que forman parte de la historia más cruel y despiadada de la humanidad. Espero hacerlo en el futuro. Un saludo!

  3. Gracias a los 3 por dejar un comentario. Como ya he contado en el post a mí me costó bastante decidirme por las mismas razones que Floren, pero al final pensé que había que ir. Ahora me alegro mucho. No sé si visitare más campos de concentración/exterminio, pero al menos uno había que ver.

  4. La verdad que leer tu experiencia en Auschwitz me ha hecho recordar cuando estuve yo, y esa sensación que uno siente en ese lugar, esa sensación de no poder evitar que te salten las lagrimas, y eso que no nos dio tiempo de ver Bikernau, y personalmente creo que todo el mundo debería ver sitios así, por que creo que a más de uno le vendría bien para humanizarse un poco. Felicidades por tu reportage

  5. Me da miedo visitar ese lugar. Tuve un amigo polaco. Regresó a Polonia y perdí su rastro. Con él ir allí quizá hubiera sido más fácil…o tal vez él nunca hubiera querido entrar en ese lugar, desde luego, siniestro y terrible…

  6. . . . . a todos nos fascina la extrema violencia. De hecho cuando visité Mauthausen, busqué en el tiempo y el espacio que me separaba algún vestigio de aquella ignominia.

  7. . . . que en Auschwitz y en la puerta de acceso al matadero rezaba un cartel que decía Arbeit Macht Frei. Y, que la salida era por la chimenea del horno, tal y como me lo contó el guarda de Mauthausen don Manuel García Barrado (q.e.p.d.) de esto hace tiempo, por el verano de 1980.

    • Hola Miguel, gracias por pasarte por aqui y dejar un comentario.

      Yo me no sentí cómplice, sino cerca de las victimas y totalmente ajeno a los verdugos. Pero he leido muchas otras experiencias de gente que se sintio como tu.

      Un saludo

      • Tienes razón amigo, lo que sucedió es tan incomprensible para la razón que genera sentimientos contradictorios, como sentirse cómplice y victima simultaneamente o la sensación de estar en un sueño irreal. Pienso que debería ser “obligatorio” visitarlo, sacudiría muchas conciencias y egos que viven ajenos a las realidades “feas” de este mundo que nos toca vivir. Saludos

      • Pues coincidimos en lo de que deberia ser obligatorio visitarlo. Yo cambiaba el viaje de los institutos a Eurodisney por una visita a Auschwitz y a Babi Yar. Menos diversion pero a lo mejor sacaban aprendizajes de los que duran toda la vida.

        Saludos Miguel

  8. . . . del camino a la muerte que desde toda Europa llevaba a los crematorios, un descenso a los infiernos por las lúgubres vias ferreas,
    como la de Hanau a Lodz, de Berlín a Lublin, de Zlina a Auschwitz-Birkenau, de Varsovia a Malkinia-Treblinka. La verdadera tumba del siglo XX es aérea. Así lo dice un poema de Paul Celan.- “Subid pues humo en el aire, tened pues timba en las nubes, alli no hay estrecheces”. Con solo mirar bien se ve el cielo sobre Europa Oriental entera entenebrecido por las cenizas de las chimeneas de los crematorios de Birkenau, Treblinka, Maydanek . . . Auschwitz no es metáfora ni símbolo de nada, la puerta de Birkenau es el lugar real donde ocurrió lo inconcebible.

  9. Realmente es un sitio impactante. Cantidad de sentimientos te invaden al presentarte ante Birkenau, es indescriptible. Tuve la oportunidad de visitarlo en Enero de este año, vestido con las ropas utilizadas actualmente y con multitud de capas de ropa ya que la temperatura era de 13º bajo cero. Es impensable pensar como podrían sobrevivir aquellas personas en esas condiciones, vestidos únicamente con una simple tela.
    Es una visita que marca. Es inconcebible pensar como seres humanos pudieron construir un lugar con propósitos tan horrendos, calculando hasta el más mínimo detalle para obtener los mayores beneficios posibles. Se me ponen los pelos de punta al recordar algunos detalles de la visita. Gracias por el blog, comparto la gran mayoría de sentimientos descritos.

    • Hola Dan

      muchas gracias por tu comentario, gran aportacion.

      Como comentaba en el post, daba panico pensar lo duro que tiene que ser aquello en invierno. Y si, creo que es una visita que marca como muy pocas y que yo haria oblogatoria en edad escolar (a este o algun otro campo de exterminio) para que todo el mundo tome conciencia de hasta donde se llego en el pasado.

      saludos

  10. Soy de Bielorrusia. Muy emocionado cuando leí tu artículo y comentarios. En mi juventud, yo era un gran éxito e interés para familiarizarse con la anciana, que fue prisionero en Auschwitz cuando tenía 10 años de edad. Su mano era un estigma, un número de serie. Los alemanes pusieron el número de todos los prisioneros de Auschwitz. Ella habló mucho sobre el campo de concentración, y la Segunda Guerra Mundial.
       En el verano de 2013 estuve en Cracovia. Auschwitz no estaba en mis planes de viajar. Pero mi amigo me dijo que somos de Rusia, debemos visitar este lugar lúgubre.
       No puedo evitar que las lágrimas en mis ojos, hasta ahora, cuando recuerdo el horror.
        Gracias por el artículo!

    • Hola Marina, gracias a ti por un mensaje tan bonito.

      Yo, como tu amigo, soy de los que piensa que aunque sea dificil hay que hacer el esfuerzo de visitarlo para enterder mejor todo lo que pasó.

      Un saludo y espero ir a Bielorrusia en un futuro cercano

      • Hola Enepi! Aplaudo su deseo de visitar Belarús en el futuro cercano. Aquí encontrarás un montón de gente, culturales educados que son siempre amable. Bielorrusia fue casi completamente destruida después de la Segunda Guerra Mundial. Tenemos muy pocos monumentos históricos. Pero Bielorrusia es como un ave fénix que se levanta de nuevo.
            Bienvenido a Bielorrusia!

  11. Hola hoy por Facebook me he encontrado con este artículo y me ha encantado leerlo porque muchas de las sensaciones tuyas las viví yo muy parecidas. Cuando muchos eligen París, Roma… como primer destino, yo siempre he tenido claro que tenía que ser Polonia, su historía siempre me ha facinado y desde siempre he querido ir a este país y visitar este Campo. Fue mi primer viaje, lo visité en diciembre, con temperaturas rondando el bajo cero y sin apenas turistas; algo realmente impactante porque la crudeza de lo que ves es aún mayor, sobre todo en Birkenau que al estar la lado del río la humedad hace que la temperatura sea menos soportable (por supuesto ubicación calculadamente pensada por los nazis para ayudar al exterminio), yo con mis miles de capas de ropa de nieve y muerta de frio, no podia dejar de imaginarme en la piel de las personas con pijama de rayas que pasaron por allí. Yo también opino que debería de ser visita obligatoria. Como siempre un estupendo artículo!

    • Hola Mapan, un comentario muy interesante, la verdad.

      Me parece muy curioso que Polonia te tirase tanto, no es un destino primerizo habitual, y menos por ir a ver Auschwitz. Yo pense en su momento que para que la visita fuese completa de verdad, tendria que volver en invierno como tu hiciste, pero no se si me apetece.

      Espero que te animes a escribir sobre ello, son los posts mas dificiles pero tambien de los que mas satisfecho te sientes.

      saludos y gracias por pasarte por aqui!

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