Crónicas Manchurianas (6): La experiencia Dabalang

Una vez conquistada la zona de Manchuria y creado el estado “independiente” de Manchukuo, los japoneses decidieron colonizarlo siguiendo un esquema parecido al que habían hecho en Hokkaido unas décadas antes. Tras varios intentos a menor escala, a mediados-finales de la década de los 30 se creó un programa llamado “Millones a Manchukuo” para enviar allí a pueblos enteros de granjeros y agricultores de las zonas más pobres de Japón. Suzuko (la abuela de Genya), llegó a Dabalang (una aldea cerca de Huanan) en 1939 con uno de esos grupos de colonos.

Crónicas Manchurianas (5): A la caza de edificios en Changchun y Harbin

Los japoneses decidieron establecer la capital de Manchukuo en Changchun y la rebautizaron como Hsinking, literalmente “la capital nueva”. La elección se debió a 2 razones: por una parte su situación geográfica era una encrucijada perfecta para el tráfico ferroviario entre China, Rusia y Corea (entonces parte de Japón). Por otra, era una ciudad pequeña y poco desarrollada que podían rediseñar a su gusto, algo que hicieron a conciencia.

Crónicas Manchurianas (2): De Londres a Shenyang, ¿Cómo se va uno a Manchuria?

Shenyang es una ciudad enorme (más de 6 minolles de chinos oiga) que supera a prácticamente todas las capitales europeas. A medida que te vas acercando al centro se ven grupos de edificios de viviendas altísimos formando colmenas, cada una de un color, casi siempre en tonos ocres. Muchos son nuevos y también muchos están en construcción. Hay miles y miles de grúas, grúas por todas partes. La sensación es de prosperidad acelerada, Shengyan podría ser un buen ejemplo del turbodesarrollismo chino.

Crónicas Manchurianas (0): Prólogo al Proyecto Manchukuo

La primera vez que Manchukuo se cruzó en mi camino lo hizo de incógnito. A principios de los 80 mi madre me compraba de vez en cuando monedas para mi colección en el mercadillo que ponían los sábados en la Plaza de la Monjas. Un día me trajo una que venía etiquetada en la funda como “Taiwan”. Pero los (para mí) indescifrables caracteres ocultaban un secreto que resolví unos años más tarde…