Perú: El diario del Inca Trail, los días 3 y 4. Visitando Machu Picchu

Viene de la primera parte: El diario del Inca Trail, los días 1 y 2

Día 3: De Pacamayo a Wiñay Wayna (16km) – Inolvidable

A pesar de haberme acostado muy cansado, dormí algo peor por dos razones: noté el frio debido a la altura (el campamento de Pacamayo está a 3600 metros) y mi compi de tienda se pegó toda la noche saliendo al baño a vomitar y sentarse en el trono. El filtro mágico para el agua no había hecho bien su trabajo y al levantarnos a las 5am nos encontramos con que los 3 chicos estadounidenses tenían una gastroenteritis de caballo, con vómitos y diarrea continuos. Dado que no les quedaba más remedio que seguir caminando ya que no hay otra manera de salir de allí, el Team Bambitas acudió al rescate. Nosotros les dimos nuestras medicinas, entre todos repartimos como pudimos parte del peso de sus mochilas y hasta algunos se las llevaron durante partes de la etapa (luego lo hicieron los chasquis).

Aunque el tercer día es famoso por el largo descenso que lleva hasta las cercanías de Machu Picchu, comenzamos la etapa haciendo lo mismo que prácticamente todo el día anterior: subiendo. Nos pusimos en marcha sobre las 6:30 y el proceso fue similar al de la mañana del segundo día: empecé con la cazadora puesta (pantalón corto) y a los 10-15 minutos, una vez había calentado, me la quité y seguí en camiseta de manga corta.

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Subiendo hacia Runkurakay

Tras una hora de subida hicimos la primera parada del día en las ruinas de Runkurakay. Pequeñas y encajadas en un diminuto claro, tienen forma circular o, según algunos expertos, de tumi (el típico cuchillo inca).  Desde ellas se domina el valle del Pacamayo y se supone que eran un puesto para vigilancia y mensajería. Después de un breve descanso, la subida continúo otros 45 minutos. Justo después de pasar una pequeña laguna alcanzamos el paso de Abra de Runkurakay, situado a 3800 metros de altitud. Al coronarlo hicimos una parada algo más larga que la anterior. Los chicos americanos estaban tan exhaustos que se quedaron dormidos en el suelo al poco de llegar.

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Fran, Juan y yo con las ruinas de Runkurakay al fondo

El siguiente tramo, ya todo calzada pavimentada con piedras (nos dijeron que en su mayoría es original de la época inca), fue uno de los más bonitos del Camino Inca. Se mantenía más o menos a nivel (3600 metros), pero con continuas subidas y bajadas cortas. Algunos de los escalones que había que bajar nos dieron una idea de lo que nos esperaba más adelante, pero en general fue un tramo muy bonito y disfrutable, con precipicios cortados a cuchillo en el margen derecho del camino y vistas preciosas de montañas y valles. La tercera parada del día, tras algo menos de una hora andando, fue en las magníficas ruinas de Sayacmarca. Su nombre significa “ciudad inaccesible” y le hace justicia. Encaramada en un alto y rodeada de precipicios afilados, se llega a ella por una escalera estrecha, empinada y sin barandilla que me hizo dudar si subir o no dado mi considerable vértigo. Las ruinas, aparte de ser bonitas, estaban limpias y muy cuidadas, como el resto de las que vimos durante todo el camino.

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Sayacmarca, la ciudad inaccesible

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Sayacmarca

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Dentro de Sayacmarca

Desde Sayacmarca hasta el campamento donde paramos para comer fue otra hora más, en general descendiendo de manera más o menos suave. La comida, para no variar, fue muy disfrutable. Los chicos estadounidenses aún estaban bastante renqueantes y uno de ellos seguía vomitando, pero pasito a pasito y sin prisa eran capaces de ir tirando hacia delante. Mientras comíamos empezamos a escuchar truenos que cada ver sonaban más cerca. Hasta ese momento el día había estado razonablemente soleado y agradable, pero nubes densas y negras que se iban cerrando rápidamente prometían una tarde metida en agua.

Al reanudar la marcha después de comer hubo otro tramo hacia arriba hasta llegar al segundo paso del día a 3700 metros. Me llamó mucho la atención que, a pesar de seguir a bastante altura, el cuerpo se me había acostumbrado y me costaba subir mucho menos que el día anterior. A pocos minutos de coronar se puso a llover con ganas y sacamos el poncho de agua y el chubasquero. Aquí empezó la gran (y temida) bajada que dicen que tiene nada menos que 3000 escalones en total. El primer tramo me resultó difícil y frustrante. Los escalones eran bastante altos y empinados, con lo que había que tener mucho cuidado con el peso de la mochila y no desequilibrarte. Mi vértigo, la lluvia y los precipicios tampoco ayudaban. Si durante las subidas los bastones eran una enorme ayuda, para bajar los escalones me resultaron esenciales. Creo que si no los hubiese alquilado aún estaría liado bajando…

La primera media hora se me hizo eterna porque iba muy despacio. Llegué a pensar que si toda la bajada era igual de difícil iba a tardar horas y horas en llegar al campamento. No era el único que tenía problemas, pero si el que parecía hacer peor las cosas de todo el grupo. Mientras progresaba torpemente también me acordé de la madre que parió a los incas, que puede que fuesen unos genios para muchas cosas, pero haciendo escalones les salieron grandes e incomodos del carajo. Al menos las piedras no resbalaban nada, lo que hubiese sido el colmo del agobio para mí.

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Uno de los túneles incas

En este contexto era realmente impresionante ver a los chasquis bajar a una velocidad cercana a la de la luz con sus enormes fardos. Casi ninguno de ellos llevaba calzado de montaña especializado y unos cuantos hasta usaban chanclas. David nos comentó que el máximo peso que están autorizados a llevar es de 25 kilos cada uno y que, a medida que pasan los días y la comida y el gas se van usando, van más ligeros. También nos dijeron que antes de que, para protegerlos, fuese regulado por ley el peso máximo que pueden cargar, algunos llevaban hasta 50 o más kilos, un esfuerzo sobrehumano que les destrozaba la espalda y las rodillas a medio-largo plazo.

Afortunadamente la complejidad de la bajada disminuyó tras ese primer tramo. Aún había escalones, y algunos bastante altos, pero en general no eran tan elevados y difíciles y se alternaban con buenos trozos de camino llano. Seguía lloviendo y la bruma impedía ver el paisaje, lo que era una pena, pero el camino entraba y salía de zonas de bosque nuboso y era realmente bonito. Fran, Juan y yo hicimos toda la bajada juntos y, salvo el chasqui ocasional que nos adelantaba, prácticamente solos.  Los otros tramos que nos resultaron complicados fueron los dos famosos y sorprendentes túneles, especialmente el segundo. No se veía bien, el desnivel de los escalones era considerable y las mochilas rebotaban en las paredes, pero con paciencia los acabamos sorteando.

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Pasamos por las ruinas de Phuyupatamarca (cuyo nombre significa “ciudad sobre las nubes”) y, aunque eran de las más bonitas que habíamos visto hasta ese momento, no nos paramos demasiado tiempo porque llovía bastante. Lo más llamativo de ellas eran 5 depósitos de piedra consecutivos utilizados para almacenar agua y que ya estaban empezando a llenarse con la lluvia. La ciudad tenía un buen tramo de escalones complicados, lo que volvió a ralentizar la velocidad de la marcha, aunque al llevar tantos seguidos y haberles cogido un poco el truco, me costó menos que los anteriores.

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Phuyupatamarca

Llevábamos más de 3 horas bajando casi sin parar y acababa de dejar de llover cuando llegamos a un giro brusco a la derecha donde la vegetación desapareció y el camino se abría repentinamente a un valle. Justo en ese instante y en perfecta sincronía, las nubes y la bruma que nos habían impedido ver el paisaje desde el comienzo del descenso se disiparon como por arte de magia. Las vistas nos dejaron sin respiración.

A nuestra izquierda estaban las ruinas de Intipata, una serie de terrazas para agricultura abigarradas en la escarpada ladera. A la derecha el valle, con acantilados cortados a cuchillo, picos nevados que casi se podían tocar con las manos y el Urubamba rugiendo al fondo. Para mí fue el gran momento de éxtasis y epifanía del Inka Trail y uno de esos instantes viajeros que recuerdas para siempre. Todos en el Bambitas Team estuvimos de acuerdo en que fue más emocionante y espectacular que la llegada a la Puerta del Sol y ver Machu Picchu por primera vez. Coincidimos allí con 4 ó 5 personas más de nuestro grupo y no había nadie más, así que nos quedamos media hora disfrutándolo y grabándolo en las retinas (y en las cámaras, claro).

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Intipata y el Urubamba, el gran momento del Camino Inca

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Las terrazas de Intipata

Los escalones que atravesaban Intipata eran pequeños pero empinadísimos, quizás los que más vértigo me dieron, pero con paciencia y veteranía (ya estábamos cerca de los 3000 bajados) los despaché en poco tiempo (para mis estándares, por supuesto). Desde allí hasta el campamento de Wiñay Wayna, donde íbamos a pasar la noche, fue media hora más de bajada suave y sencilla. Nada más llegar nos dijeron que fuésemos corriendo a ver las ruinas que había en uno de los extremos del campamento, que las iban a cerrar en pocos minutos. La verdad es que después de 11 largas y agotadoras horas de jornada no me apetecía lo más mínimo, pero decidí hacer un último esfuerzo. Y menos mal, porque las ruinas de Wiñay Wayna son espectaculares y sorprendentes y hubiese sido una autentica pena habérmelas perdido. Tienen forma de anfiteatro, con multitud de pequeñas terrazas en una pared con una pendiente imposible y unos escalones que daban mareos de solo mirarlos. Me recordaron un poco al anfiteatro de Pérgamo, pero a lo bestia. Fue otro momento de quedarse con la boca abierta, quizás también por lo inesperado, y un colofón perfecto para el día, al que con razón denominan “Inolvidable”.

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Atreviéndome a sonreír bajando los escalones de Intipata

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Las ruinas de Wiñay Wayna

La caminata que había empezado a las 6:30 de la mañana terminó algo después de las 5:30 de la tarde y en el cómputo global habíamos bajado 900 metros, de 3600 a 2700. Aunque tenía las piernas bastante cargadas de bajar tantos escalones con el peso extra de la mochila, no me sentía tan cansado como el día anterior, tenía la sensación de que me había aclimatado muy bien. Una constante durante todo el Inca Trail fue que mis necesidades fisiológicas parecieron adaptarse al entorno y ninguno de los días tuve ganas de ir al baño hasta llegar a los campamentos. Al igual que los campamentos anteriores, las instalaciones eran mínimas y básicas, con una pequeña pileta para asearse y dos cubículos rústicos con un váter cada uno.

La cena fue estupenda una vez más, rematada por una tarta casera que devoramos con fruición. Al acabar hicimos la colecta de las propinas para los guías (David y Nemías), los chasquis y el cocinero (Humberto). En la documentación te dan una cifra orientativa y nos atuvimos a ella: entre 15 y 20 soles por persona para el guía principal, entre 10 y 15 para el guía secundario, 10 para el cocinero y 15 a repartir entre los chasquis. Fui elegido/obligado para hacer el discurso final de agradecimiento, que me salió tan poco memorable como cabía esperar. La otra buena noticia fue que los chicos norteamericanos se encontraban bastante mejor; una vez que el cuerpo fue capaz de retener alimento mejoraron rápidamente. Tras la cena y las ceremonias nos fuimos a dormir sobre la marcha, que al día siguiente tocaba madrugón.

Día 4: De Wiñay Wayna a Machu Picchu (5km) – La Belleza

Madrugón pero de verdad, que nos levantamos a las 3:30 siendo todavía noche cerrada. La organización te cuenta que lo tienen que hacer así para que a los chasquis les dé tiempo a recogerlo todo y poder coger el primer tren del día, pero sigue siendo una merda. Sobre todo porque el puesto de control no abre hasta las 5:30 y tienes que pasar una hora de pie en la cola con bastante frio. Al final no se hizo tan pesado como pensábamos, pero teníamos que movernos y caminar un poco para no quedarnos tiesos. Al menos no nos llovió…

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Hay una leyenda urbana bastante extendida que dice que cuando haces el Inka Trail llegas a la Puerta del Sol antes de amanecer y ves Machu Picchu al romper el alba. Lo curioso es que si lees foros de viajes aún hay gente que dice haber hecho el camino recientemente y sigue empeñándose en que es verdad, cuando es falso. Como ya he comentado, el puesto de control abre a las 5:30 cuando ya hay luz, porque es demasiado peligroso caminar a oscuras lleves linterna o no. Desde allí hasta la Puerta del Sol se tarda habitualmente entre una y dos horas, con lo que cuando llegas ya es totalmente de día y el sol lleva un buen rato fuera.

En la cola estábamos juntos todos los grupos que llegábamos ese día, yo diría que algo más de 60 personas. David nos comentó que ellos (Perú Treks) operan 2 grupos que salen a la vez 3 veces a la semana y que van prácticamente siempre llenos. También nos dijo que en general muy pocos españoles hacen el Camino Inca, siendo la mayoría de la gente de EEUU, Canadá, Reino Unido, Alemania y luego países sudamericanos como Argentina o Brasil.

Una vez pasamos el control, David se puso en cabeza de nuestro grupo y nos pidió que fuésemos al ritmo que marcase. La idea era llegar a la Puerta del Sol antes de que pudiesen hacerlo los turistas que entran por la entrada principal y tenerla para nosotros solos, para disfrutarla y para las fotos de grupo. Los primeros 30-45 minutos fueron sencillos y nos mantuvimos juntos sin problema, pero luego el camino se hizo más duro y alguna gente lo pasó mal para no descolgarse. Yo me sentí bastante cómodo con el ritmo rápido, sobre todo sabiendo que era un trayecto corto, pero como habíamos salido con las cazadoras puestas y no queríamos pararnos a quitárnoslas para no quedarnos rezagados, la sudada fue de órdago.

El último tramo del Camino Inca con el grupo marchando compacto

El último tramo del Camino Inca con el grupo marchando compacto

Finalmente llegamos a la famosa Puerta del Sol (Inti Punku, 2700 metros de altitud) a las 6:45. Las 3 ó 4 personas a las que les había costado más seguir el ritmo llegaron frustradas y algo cabreadas (personalmente creo que no había necesidad de ir tan rápido), pero las vistas y la emoción del momento lo arreglaron todo casi instantáneamente. Los primeros minutos fueron de abrazos, felicitaciones y, por supuesto, muchas fotos.

Machu Picchu desde IntiPunku, La Puerta del Sol

Machu Picchu desde Inti Punku, La Puerta del Sol

Objetivo cumplido, Team Bambitas

Objetivo cumplido, Team Bambitas

Para mí (opinión compartida por Juan y Fran salvo que se pasen por aquí a desdecirse), el tan esperado momento de la primera visión de Machu Picchu no fue lo más bonito o espectacular del Inka Trail, sin por ello quitarle ningún merito: es precioso. Una vez acabadas las fotos de grupo y tras haber contemplado Machu Picchu largamente desde la distancia, empezamos el descenso final. A medida que iba bajando y la ciudad-santuario se hacía más grande, me iba pareciendo más y más espectacular. Cuando llegué al mirador desde donde se saca la famosa foto-postal típica, ya me tenía totalmente ganado. A pesar de las enormes expectativas creadas por su fama y por haber tardado 4 intensos días en llegar, no me quedó ninguna duda de que Machu Picchu es uno de los lugares más bonitos del mundo y fotogénicamente difícil de superar.

Machu Picchu a mitad de camino desde La Puerta del Sol

Machu Picchu a mitad de camino desde La Puerta del Sol

Machu Picchu con e Huayna Picchu al fondo, la foto postal tipica

Machu Picchu con e Huayna Picchu al fondo, la foto postal tipica

Mientras estaba sentado en el mirador pensé en cuando llegué a Santiago de Compostela en 1994 tras hacer el Camino desde Ponferrada. Como en aquella época vivía en Vigo, ya había ido a Santiago varias veces, pero cuando entré andando en la ciudad me pareció que ese día tenía un brillo especial y me resultó aún más bonita. Sin embargo, al llegar caminando a Machu Picchu pensé lo contrario: creo que si no vienes “acostumbrado” a la espectacular belleza del entorno y otras ruinas desde hace días y lo ves por primera vez entrando por el acceso principal, el impacto debe ser mucho mayor y tiene que ser un momento increíble.

Dada la enorme cantidad de información que hay sobre Machu Picchu tanto en internet como en libros, no voy a extenderme demasiado en los detalles de su historia y arquitectura. Su nombre significa en quechua “Montaña vieja”, y se encuentra a 2430 metros de altitud. Fue construida hacia 1450, cuando el Imperio Inca estaba en su apogeo. Aunque los conquistadores españoles no llegaron a entrar en ella, fue abandonada en 1572 como consecuencia de la conquista ya que se cree que sus habitantes murieron de viruela. Aunque no fue el primer occidental en llegar a Machu Picchu, Hiram Bingham la dio a conocer al mundo en 1911, refiriéndose a ella (erróneamente) como “la ciudad perdida de los Incas”. La ciudad tiene un tamaño aproximado de 500×200 metros y contiene casi 200 construcciones. Se la suele dividir en dos sectores: el agrícola y el urbano. En la parte superior del sector urbano están los restos más sobresalientes: el Templo del Sol, la Plaza Sagrada, la Residencia Real e Inti Watana, la piedra sagrada sobre la que se celebraban los rituales. En 1983 la UNESCO la incluyó en su lista de Lugares Patrimonio de la Humanidad.

Inti Watana

Inti Watana

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El telón de fondo perfecto para las ruinas lo ofrece la imponente y perfecta montaña de Huayna Picchu (2720 metros). La primera vez que recuerdo haber visto Machu Picchu en mi vida fue a principios de los 80, cuando pusieron en el programa de TVE La Clave la película “Aguirre, la cólera de Dios” de Werner Herzog y Klaus Kinski. El inicio de la película, uno de los mejores jamás filmados, muestra una expedición de conquistadores españoles e indios quechuas lidiando penosamente con los empinados escalones de Huayna Picchu entre una densa niebla. En apenas unos minutos y con la enigmática música de Popol Vuh de fondo, Herzog transmite a la perfección la incertidumbre y la fatiga de la conquista, pero también el sufrimiento y la desesperanza de los indios. Yo debía de tener unos 10 años, pero me dejó tan impresionado que me prometí ir algún día a conocer un lugar tan fascinante.

Del Team Bambitas sólo una chica subió ese mismo día a la cumbre de Huayna Picchu. Los 3 chicos estadounidenses iban a hacerlo al día siguiente, volviendo a entrar en Machu Picchu expresamente para ello. Perú Treks nos recomendó no subir el día que llegas del Inca Trail para no perderte la visita guiada, pero a nosotros nos pareció un consejo equivocado. Da tiempo de sobra a ambas cosas y no pasa nada por perderte un rato de las explicaciones. Yo no iba a subir de todas maneras porque pensé que me iba a dar mucho vértigo, pero Fran y Juan se quedaron algo contrariados.

Durante la visita alguna gente murmuraba al vernos pasar “esos son los que han venido andando”. Según Juan, en tono reverencial y de respeto; a mí me dio la sensación que lo hacían tapándose la nariz. Fue cuando tomamos conciencia que llevábamos 4 días sin ducharnos y que la ropa se podía quedar de pie sola si nos la quitábamos. La verdad es que se nos distinguía a la legua de los que venían directamente de sus hoteles limpitos y relucientes.

A las 8:30 empezamos la visita guiada. Las explicaciones de David fueron estupendas y muy completas, pero al sentarme para la primera de ellas me dio tal ataque de cansancio que me quedé dormido apoyado en una pared, y no fui el único. Las piernas, acostumbradas a estar en movimiento continuo desde hacía días, se me quedaron tiesas como palos. Cuando nos volvimos a poner de pie para seguir con la visita espabilé e hice unos estiramientos que me ayudaron. De todas las cosas que nos contaron, la que más me sorprendió fue que los incas se establecieron primero en Huayna Picchu. Construyeron un observatorio en la cumbre para así tener perspectiva y poder planificar la construcción de Machu Picchu.

La visita guiada duró unas 2 horas, tras las que nos quedamos otras 2 recorriendo tranquilamente el yacimiento y llegando a todos los rincones. Había bastante gente, pero sin tener en ningún momento sensación de agobio. David nos dijo que debía de haber la mitad del aforo máximo diario permitido (2500 personas en este momento, aunque hay dudas de que se cumpla). Mi impresión final de Machu Picchu es que, por muy altas que sean las expectativas que tengas, las cumple o las supera. Es sin duda uno de los lugares más bonitos que he visto en toda mi vida viajera.

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Al acabar cogimos el autobús que lleva a Aguas Calientes, el pueblo que está en la base de la montaña. El precio ($12) estaba incluido en el pack del Inka Trail. Aguas Calientes se llama así porque tiene aguas termales, pero es un pueblo que ha crecido mucho por la gran afluencia de turistas y no tiene ningún encanto ni nada que ver. Fuimos todos juntos a comer (no incluido en el precio) a un restaurante llamado El Ayllu, que es de Perú Treks o tienen un acuerdo con ellos. La pizza estaba muy rica y el ambiente era bueno, pero el precio fue caro para estándares peruanos. La despedida del Team Bambitas fue emotiva, con muchos besos y abrazos y Fran y yo aclarando 40 veces que no éramos hermanos, algo habitual desde la universidad.

El billete de tren de Aguas Calientes a Ollantaytambo (también incluido en el precio) nos lo habían dado para el que salía a las 8 de la noche porque es el más barato. Yo quería hacer el trayecto de día, ya que había oído y leído que las vistas son preciosas y que merecían la pena. Como tampoco nos apetecía llegar a Ollanta muy de noche, decidimos cambiarlos y salir más temprano. El cambio de billete fue una pequeña odisea porque las colas en las taquillas eran enormes y por cada persona tardaban una eternidad. Al final conseguimos plaza en el de las 17:30 tras pagar $14.

LAN Perú nos pareció eficiente y moderna, pero la compañía ferroviaria estatal fue todo lo contrario. Los carteles identificando el tren y la puerta de acceso los llevaban los empleados (bajitos) en la mano y no se veían, había varias colas en paralelo, la subida al tren fue caótica y para colmo tuvo 40 minutos de retraso. Eso sí, una vez dentro del tren, cero quejas: el diseño era precioso, con techo acristalado para disfrutar del paisaje y el servicio generoso (aperitivo y bebida gratis) y muy atento. Recomiendo mucho hacer el trayecto de día, las vistas fueron estupendas y es una pena perdérselas. En Ollantaytambo te recogía el autobús de Perú Treks para llevarte de vuelta a Cuzco, pero nosotros decidimos quedarnos a hacer noche para empezar allí al día siguiente la visita al Valle Sagrado de los Incas. Pero bueno, esa historia ya la contaré en otro post.

Merecido descanso en el tren

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12 comentarios en “Perú: El diario del Inca Trail, los días 3 y 4. Visitando Machu Picchu

  1. Nacho, me ha encantado la experiencia. Las ruinas y los paisajes que os habéis encontrado son únicos, los que hemos llegado a Machu Pichu al modo tradicional no hemos disfrutado de esa maravilla. El sacrificio ha merecido la pena y te felicito por ello.

    • Muchas gracias! 🙂

      me alegro que te haya gustado. La verdad es que mas que sacrificio fue diversion, pero los momentos de mucho cansancio se vieron recompensados de sobra.

  2. Impresionantes los relatos y la hazaña! me quito el sombrero!
    Aunque yo reconocí que sería de las que llegan duchaditas del hotel xD eso si, os mostraía mucho respeto si supiera que camino hicistéis!
    Los americanos aprendieron algo eso si xD pa la próxima fijo qu eno se fían del filtro…
    un abrazo!

    • Bueno, tanto como hazaña…lo mismo se me ha ido la mano con el drama 😀

      Yo creo que si aprendieron la leccion, pero lo pasaron muy mal y la verdad es que eran muy majetes. Yo no se como fueron capaces de hacerlo estando tan debiles…debe ser la juventud 🙂

      Cuando vayas a MP recien duchadita del hotel me cuentas que te parecio cuando lo viste por primera vez! un abrazo

    • Gracias Victor.

      Aunque cansado a ratos, el Inca Trail fue super disfrutable. La verdad es que yo lo recomiendo enormemente, es una de las cosas mas bonitas que he hecho en mi vida.

      Saludos!

  3. Excepcional experiencia, me alegra que hayas tenido tantas sensaciones como se desprende de tu relato. Aunque yo, cuando vaya a Machu Picchu lo haré a la manera tradicional, porque el vértigo me puede.

    Me ha gustado tu mención a Herzog, “Aguirre, la cólera de Dios” me impresionó mucho cuando la vi hace ya más de treinta años.

    • Muchas gracias por el comentario Floren, me alegro de que te haya gustado.

      Deseando que puedas ir pronto a Machu Picchu y me cuentes que te parece entrando por las puerta “normal”. A lo mejor tus hijos si que quieren hacerlo andando 🙂

      Cuando habia menos posibilidades de ver cualquier pelicula cuando y donde sea como ahora, creo que estas impresionaban mas. Estoy seguro que mucha gente de nuestra generacion sonho con ir a Machu Picchu tras ver el increible comienzo de Aguirre.

      Un abrazo!

  4. Te prometí hace meses este comentario, siento el retraso:
    La mayoría de nuestro grupo decidió subir a Huayna Picchu, teníamos que ser capaces de hacerlo ya que no habíamos podido recorrer el camino Inka que tu nos has contado.
    Lo hicimos en el segundo turno por varios motivos: porque así nos cruzábamos con gente a la subida pero no a la bajada ya que es más complicado el descenso y además las escaleras estarían menos húmedas que a primera hora de la mañana.
    Mientras recorríamos la ciudadela, la montaña estaba omnipresente en nuestras cabezas, amenazante e imponente, no podíamos dejar de mirarla mostrándose ante nosotros enorme mientras comentábamos en qué estaríamos pensando el día que desde casa, cómodos y seguros, decidimos subir Huayna Picchu.
    Cuando llegó la hora de subir registramos nuestro acceso algo nerviosos.
    La subida es exigente, la diferencia de forma física del grupo hizo que para algunos fuera asequible y para otros algo más duro, pero todos fuimos capaces de hacerlo con mayor o menor esfuerzo.
    Desde lo más alto ves Macchu Pichu desde la perspectiva del cóndor, una vista espectacular, montañas verdes, ruinas integradas en la naturaleza y aprecias la maestría de las civilizaciones que decidieron que ese sería un buen lugar para construir una ciudadela.
    En total, subir, disfrutar de las vistas y del momento, tomar fotografías y descender nos llevó unas dos horas.
    Terminamos menos cansados de lo que pensábamos y satisfecho con la experiencia.

  5. Me quede prendado a tu articulo amigo, sin duda una bonita experiencia la que viviste recorriendo el Camino Inca, te comento soy de Perú tuve el privilegio de recorrer esta ruta y al igual que tú, quede impresionado por el recorrido, creo que a pesar del esfuerzo que implica esta ruta, no hay premio que valga cuando por fin se llega a Machu Picchu, mención aparte sin duda tiene Huayna Picchu, la primera vez que logre subir me dio un poco de miedo, pero sin duda la vista desde allí es espectacular, lo recomiendo sin duda al igual que el Camino Inca, un saludo amigo y agradecido por compartir tu experiencia.

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