China: Suzhou, los jardines del Edén

“Arriba está el Cielo, pero en la Tierra están Hangzhou y Suzhou” – proverbio chino.

Suzhou es la otra mitad de la dualidad celestial que Marco Polo y otros viajeros clásicos alabaron de la China de la antigüedad. Si, como conté en el post anterior, en el caso de Hangzhou la razón para tanta fama es el Lago del Oeste, Suzhou ha sido un destino turístico habitual desde hace siglos gracias sobre todo a su colección de jardines clásicos. Un grupo de ellos fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997, con una posterior ampliación en 2000. En la actualidad Suzhou es una de las ciudades más modernas, pujantes y prósperas de China, teniendo sus casi 6 millones de habitantes una de las rentas per cápita más altas del país.

Bañada por el delta del rio Yangtze, la finalización del Gran Canal a principios del siglo VII d.C. dejó a  Suzhou magníficamente situada para convertirse en un centro de comercio, lo que hizo que floreciese casi de inmediato. Para el siglo XIV se había convertido en principal productor de seda de toda China y la ciudad se llenó de palacios, villas y jardines construidos por aristócratas, funcionarios de rango y mercaderes enriquecidos. La rebelión Taiping, que destruyó otras prósperas ciudades de la zona, apenas afectó Suzhou, que fue capaz de mantener su belleza y su importancia económica. La Revolución Cultural y el turbo-desarrollismo de las últimas décadas arramblaron con muchos edificios y monumentos históricos, pero el centro mantiene los ecos de su pasado dorado.

Visité Suzhou el viernes 17 de junio de 2016 en una excursión de un día desde Hangzhou. Cogí un tren de alta velocidad sobre las ocho y media (1h36m de duración y 131.5 yuanes) y volví también en tren a las 17:30, esta vez en primera clase (1h47m, 178.5 yuanes) porque los billetes en clase turista se habían agotado. Compré ambos billetes en la web china Ctrip con un día de antelación, recogiéndolos en ventanilla en la estación. Los billetes de tren comprados online llevan un recargo de 20 yuanes por trayecto.

Tanto los jardines como la mayoría de sitios de interés turístico están en la zona vieja de la ciudad. Ésta es un rectángulo de unos 4×2 kilómetros a lo largo de cuyo perímetro discurre un canal atravesado por una veintena de pequeños puentes. Dentro de la zona vieja hay otras calles con canales de distintos tamaños, por lo que en guías y webs suelen llamar a Suzhou “la Venecia de China”, comparación que le hace un flaco favor a la hora de crear expectativas. En todo caso por el estilo de los canales yo quizás la compararía con Brujas o Utrecht.

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Al bajarme en la estación de tren vi que había dos oficinas de turismo dentro del (enorme) edificio, pero ambas estaban cerradas y en obras. Una vez en la calle no encontré ningún tipo de indicación que dijese cómo ir al centro histórico y en el mapa de Lonely Planet que llevaba tampoco estaba claro. Estuve una media hora dando vueltas hasta que conseguí orientarme y caminar en la dirección correcta, que con el calorazo húmedo que hacia no era algo que apeteciese.Si no te pierdes y vas directo, desde la estación de tren al centro debe de haber unos 20-25 minutos andando. Mi consejo (especialmente si se va con niños) es que en lugar de ir andando es mejor coger el metro en la misma estación central (Línea 2) de tren y bajarse en cualquiera de las paradas Lindun Rd o Leqiao de la Línea 1, que están justo en el centro de la zona vieja.

En la época en que la ciudad gozó de su máximo esplendor llegó a haber más de 100 jardines, aunque en la actualidad quedan 9, incluidos en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO con el nombre de “Los jardines clásicos de Suzhou”. Verlos todos lleva al menos 2 días enteros, así que tras leer un poco sobre cada uno, decidí seleccionar 3 que fuesen complementarios y me diesen una visión global.

El Jardín del Administrador Humilde (拙政园, 178 Dongbei Street): es el más grande y también el más famoso de todos los jardines que quedan en Suzhou. Construido a principios del siglo XVI, cambió de forma y de manos numerosas veces a lo largo de la historia, incluyendo abandonos y particiones de las diferentes zonas. El gobierno lo compró en 1949, restaurándolo extensivamente y abriéndolo al público poco después. Al estar lleno de recovecos y rincones separados por muros no se aprecia de entrada su enorme tamaño (más de 5 hectáreas), pero contiene hasta 48 diferentes pabellones y otras construcciones. El agua es el tema central, con varios lagos recorridos por puentes  zigzagueantes de piedra o madera. No solo el jardín es precioso, las habitaciones de la casa y los pabellones son exquisitos y con una decoración elegante y cuidada al detalle. Al igual que en el Lago del Oeste de Hangzhou, los nombres de los rincones y pabellones, tanto en este jardín como en los demás, fueron sacados de poemas clásicos y son poéticos y evocadores: “el pabellón para escuchar el sonido de la lluvia”, “el hall de la fragancia distante”…

La entrada, que cuesta 70 yenes, es cara, tanto para estándares chinos como comparada con los otros jardines. Había mucha gente, sobre todo al entrar y en las zonas principales, aunque luego era posible encontrar partes más tranquilas.En uno de los pabellones más apartados han montado una tetaría y era uno de los rincones más pacíficos y disfrutables. La calle que da a la entrada está llena de restaurantes, puestecillos de comida y tiendas de recuerdos. Yo comí en un kombini (minimarket japonés) que hay cerca de la puerta por la que se sale.

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El Jardín de la Arboleda del León (狮子林园, 23 Yuanlin Rd): situado no muy lejos del anterior, es mucho más pequeño y entra bastante menos gente. Construido en el siglo XIV por un monje budista, su rasgo distintivo y que lo hace único es que en su zona central tiene un laberinto formado por rocas taihu, que recuerdan a la melena de un león, animal protector de la fe budista. Se accede por las habitaciones de la casa, cuya colección de muebles de madera laqueada, jarrones clásicos y pinturas justifican la visita por si sola. El otro rasgo distintivo del jardín es que en el lago central tiene un barco de piedra que emula al del Palacio de Verano de Beijing.  En el había un encargado con una red enganchada a un palo que se dedicaba a recuperar los numerosos objetos (especialmente teléfonos) que se le caían al agua a los turistas. La entrada costaba 30 yenes.

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Pescando teléfonos en un barco de piedra

 

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El Jardín del Maestro de las Redes (网师园, 11 Dai Cheng Qiao Rd): aunque es el más pequeño de los jardines de Suzhou,  está considerado como el más refinado y el mejor conservado de todos. Construido a mediados del siglo XII, está inspirado en la vida simple, solitaria y tranquila del pescador chino y de ahí su nombre. Tiene un solo estanque, grande comparado con el tamaño del jardín, y los pabellones y habitaciones organizadas en torno a él. Su diseño combina agujeros en los muros con la orientación de puertas y ventanas de tal forma que parece bastante más grande de lo que es. Quizás porque estuve prácticamente solo fue el que más disfruté de los 3 jardines que vi y en el que realmente pude apreciar la calma y la tranquilidad que transmiten. Como en los otros dos, las habitaciones de la casa eran preciosas y decoradas con un gusto exquisito. Está situado en la parte de la zona vieja más alejada de la estación de tren, escondido al fondo de un callejón llamado Kuo Jiatou con casas antiguas a ambos lados y puestecillos de comida y recuerdos. La entrada costaba 30 yenes.

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El pabellón de los 10000 libros

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El estanque de la nube rosada

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La habitación para ascender a las nubes

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El estanque de la nube rosada

Aparte de los otros 6 jardines, el centro histórico tiene un montón de templos, museos y pagodas para visitar, el más importante de todos es el templo taoísta de Xuanmiao. Las calles más representativas por sus canales y casas clásicas son Shantang y Pingjian, y las zonas más habituales para ir a comer son la peatonal Guanqian Jie, el callejón Taijian y Shiquan Jie, calles atiborradas de restaurantes en pleno corazón de la zona vieja.

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