Mucha policía, poca diversión (I)

El título alternativo que había pensado para el post a la famosa canción de Eskorbuto era el I fought the law, pero lo dejaré para la versión en inglés.

Voy a dedicar un par de entradas a contar mis (no muchos) encontronazos con las fuerzas del orden (esas que siempre velan por nuestra seguridad y bienestar) durante mis viajes. Ahora que lo pienso resulta que casi siempre había un coche alquilado de por medio ¿Casualidad? ¿O simplemente que se es más vulnerable en esas circunstancias?

LETONIA 2004

Charlie y yo habíamos volado a Helsinki, pasado en el ferry a Tallinn y allí alquilamos un coche para recorrer lo que pudiésemos de Estonia y Letonia en 10 días. En el ecuador del viaje llegamos a Riga a media mañana, aparcamos el coche en la plaza del ayuntamiento (Rātslaukums) y nos fuimos a ver la ciudad. Volvimos a por el coche por la tarde y nos encontramos que tenía una multa puesta. Mientras intentábamos descifrar lo que estaba escrito, vino un policía (seguro que el mismo que nos había dejado el regalito) y aunque no hablaba apenas inglés dijo con pronunciación casi de Oxford: “this is disabled parking” (“este aparcamiento es para minusválidos”).  Un poco sorprendidos buscamos la señal con el internacional muñequito azul en silla de ruedas, pero no se veía por ninguna parte. Así que le dije: “no hay ninguna señal”, a lo que respondió: “pero lo es, disabled parking”. Hubo una repetición idéntica del diálogo para que ambos estuviésemos seguros de que nos estábamos entendiendo.

La multa era de 20 lats, unos 30€. Nosotros no teníamos más que 10 lats en metálico y además parecía bastante claro lo que el tipo andaba buscando, así que le dije: “10 es todo lo que tenemos si los quieres”. Charlie me miro en incipiente estado de pánico y me preguntó “¿le vas a sobornar? ¿y si nos empapela?”,  supongo que pensando en la cárcel turca de  “El expreso de medianoche”. El poli apenas tardó unos segundos en responder: “ven”. Nos pusimos entre dos coches donde no se nos veía desde fuera, le pasé el billete disimuladamente y él me dio la multa rota por la mitad. Nos dio las buenas tardes (la educación en los negocios que no falte) y se fue tranquilamente. A pesar de cierto escozor lo consideré más una aventura que otra cosa y no me puse de muy mal humor.

Rātslaukums, lugar del suceso

Rātslaukums, lugar del suceso

JORDANIA 2007

Fran y yo llevábamos unos 3 días recorriendo Jordania y el viaje no había empezado demasiado bien. Primero Fran se había comido  una hamburguesa en un chiringo de Stockwell (deporte de alto riesgo) y había estado vomitando todo el vuelo de ida. Luego se había hecho daño en un pie y en las ruinas romanas de Jerash apenas podía caminar (ni comer). Y el coche de alquiler que nos dieron era un trasto y estaba sucísimo, por dentro y por fuera.

Con ese bagaje llegamos al Monte Nebo, supuestamente el sitio desde el que Moisés vio la Tierra Prometida (no sé qué estándares tenían en su época pero desde allí todo lo que se divisaba era un secarral hasta donde se perdía la vista). Bajando en dirección al Mar Muerto y cuando quedaba poco para llegar a terreno llano nos encontramos una doble curva muy cerrada y empinada y a pesar de lo despacio que íbamos el coche se fue de atrás.  Tras hacer un trompo nos estrellamos de frente contra una roca bastante grande que estaba en el arcén. Una vez pasado el primer momento de susto y confusión salimos del coche: nosotros estábamos bien pero el coche tenía todo el morro destrozado y no iba a seguir de viaje con nosotros (tampoco lo íbamos a echar mucho de menos).

Llamamos a la compañía de alquiler y nos dijeron que no nos preocupáramos, que iban en camino y que nos traían un coche nuevo quedándose con el otro (ventajas de haber contratado el seguro a todo riesgo). Aunque sólo eran las 11 de la mañana, el sol caía a plomo, empezaba a hacer bastante calor y habíamos elegido para pegárnosla un sitio donde no había dónde resguardarse. Encontramos cerca una caseta que daba un poco de sombra y nos sentamos a esperar a que viniesen los de la agencia. A medida que pasaba el tiempo iban acabando los colegios y riadas de chavales que pasaban por allí de vuelta a casa venían a ver el cadaver del coche (lo encontraban muy gracioso por lo general) y a preguntarnos cosas en inglés para practicar un poco. No estábamos en nuestro momento más sociable aunque al principio lo llevábamos más o menos bien, pero al cabo de una hora de repetir las mismas respuestas empezaba a sentirme como Bender cuando sueña.

Mohammed el de la agencia llegó sobre las doce y media y nos trajo un coche nuevo que era mejor y más limpio que el que acabábamos de empotrar. Bien. Primero se aseguró de que estábamos bien y luego nos dijo que según la leyes jordanas había que esperar a que la policía levantara atestado, y que para eso teníamos que estar nosotros presentes. Llamó a la policía y seguimos esperando, con el calor apretando de lo lindo y luchando por la poca sombra del muro de la caseta. Al menos ya no aparecía más gente y estábamos tranquilos.

El policía llegó casi 4 horas después de que lo llamaran (!!) y estábamos más que hartos cuando hizo su entrada triunfal: se bajó de la moto, no se molestó en mirarnos o saludar, echó un ojo al coche, a la curva donde perdimos el control y se volvió para decirle algo a Mohammed. Lo que le vino a decir fue: “Seguro que iban conduciendo demasiado rápido. Les voy a poner una multa por exceso de velocidad”. No hacía ni 3 minutos desde que había llegado. Echando espuma por la boca le pedimos a Mohammed que le preguntase que de qué iba y que si básicamente quería quedarse con el dinero. Atribulado, el pobre Mohammed se volvió hacia nosotros dando la espalda al policía y nos dijo: “aquí en Jordania es mejor no meterse en problemas con la policía, mejor hacer lo que dice”. Escueto pero meridianamente claro.

El poli confiscó el carné de Fran y nos hizo ir a la comisaria para pagar la multa (20 JD). Tuvimos que dejar el carné mientras la tramitaban (lo recogimos al final del viaje) y tuve que conducir yo el resto del viaje aunque a Fran no le quedaron demasiadas ganas.

Nunca me había puesto una multa por una hipótesis imposible de demostrar y sin la policía presente, pero siempre hay una primera vez para todo. Eso sí, ese fue el punto de inflexión del viaje. No volvimos a tener ningún problema y a partir de ahí todo salió perfecto.

Más aventuras en…  Mucha policía, poca diversión (y II)

4 comentarios en “Mucha policía, poca diversión (I)

  1. Wow! Bueno e interesante este post. A unas amiga les pasó algo parecido a lo de Letonia, pero en Moscú. La policia les pidió dinero para no multarlas o detenerlas (por nada). Pasaron miedo.

    • Hola Lola, se me habia pasado contestar. La verdad es que no pasamos miedo ni nada parecido, porque se veia a la legua que el tio queria un sobresueldo. Contrasta con la poli de Lituania, que nos quitaron una multa justa tras comerles la oreja y lloriquearles un rato 🙂 saludos!

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