Crónicas de Yasuoka (y II)

Suzuko nació en Yasuoka, un pueblo pequeño y remoto situado en las montañas del sur de la prefectura de Nagano. Es la tierra ancestral de su familia, los Iwasaki, que siguen viviendo allí mismo o en zonas cercanas. Genya y yo nos fuimos a pasar unos días “al rural” japonés para conocer las raíces de Suzuko, entrevistar a su sobrino, visitar el museo de los colonos que se fueron a Manchukuo y atender la reunión anual de los supervivientes, a la que nos habían invitado.

Crónicas de Yasuoka (I)

Sexto y tercero. O tercero y sexto. Mi tercer viaje de investigación para el Proyecto Manchukuo iba a ser también mi sexto viaje a Japón. El objetivo principal del que probablemente sea mi último viaje relacionado con el libro era ir a Yasuoka, pueblo natal de Suzuko. Tocaba cerrar el círculo.

Nuevas Crónicas Manchurianas (3): Harbin de nuevo

De todas las ciudades de Manchuria/Dongbei que vi el año pasado, Harbin fue la que más me sorprendió y la más bonita con diferencia. Yo ya la conocía por su mundialmente famoso festival de hielo que todos los años atrae a miles de turistas en pleno invierno, pero no me esperaba la magnitud y belleza de su esplendorosa herencia rusa. Tocaba volver porque me había dejado dos espinas clavadas, una grande y una pequeña, y era hora de sacarlas.

Crónicas Manchurianas (5): A la caza de edificios en Changchun y Harbin

Los japoneses decidieron establecer la capital de Manchukuo en Changchun y la rebautizaron como Hsinking, literalmente “la capital nueva”. La elección se debió a 2 razones: por una parte su situación geográfica era una encrucijada perfecta para el tráfico ferroviario entre China, Rusia y Corea (entonces parte de Japón). Por otra, era una ciudad pequeña y poco desarrollada que podían rediseñar a su gusto, algo que hicieron a conciencia.

Crónicas Manchurianas (4): Un día con el último (o el primer) emperador

La visita fue una sorpresa muy agradable. A pesar de ser (también) un “Centro de Educación Patriótica”, los textos en inglés y la audioguía eran bastante más comedidos e informativos que en el museo “18 de Septiembre”.  También había mucha más información en inglés, con muchos detalles interesantes. Pero lo mejor es lo bien conservado que están todos los edificios y cada una de las muchísimas habitaciones  y salones. Los muebles, los utensilios para la vida diaria, los pequeños detalles de decoración…todo está cuidadísimo. Más que un museo acartonado, da realmente la sensación de que Puyi y su séquito aún viven allí y que te has colado en un descuido de la guardia pretoriana.