Vietnam


Cuenta la leyenda que los habitantes de lo que hoy es Vietnam estaban luchando contra los chinos, que querían invadirles desde el mar, y pidieron ayuda a los dioses. Éstos enviaron una familia de dragones que empezaron a escupir jade y otras piedras preciosas que al caer al agua se transformaron en las agujas de piedra e islas que llenan la bahía, formando una muralla que repelió al ejército invasor. Para proteger su tierra los defensores fundaron lo que se conocería como el país de Vietnam. Los dragones por su parte decidieron quedarse a vivir en la zona y al lugar donde la Madre Dragón bajó al mar se le llamó Bahia de Halong (la traducción literal seria bahía del dragón que desciende).

En Hanoi contratamos un tour con la agencia Handspan para estar dos días y una noche en un junco recorriendo la Bahía. Salimos temprano por la mañana en autobús desde Hanoi, los 150Kms del trayecto hasta la ciudad de Halong (desde cuyo puerto salen los barcos) iba a ser de unas 3 horas. A ambos lados de la carretera veíamos pasar campos de arroz con campesinos trabajando en ellos llevando el nón lá, el gorro tradicional vietnamita, en una de las imágenes mas icónicas de Vietnam y de buena parte del sudeste asiático. Los pueblos y ciudades parecían construidos a salto de mata, con casas de tamaños y colores aleatorios casi superponiéndose en algunas partes junto a carreteras o caminos de tierra fangosos. La vegetación era tropical, con una neblina matinal que aun no había levantado y que muchas veces se queda todo el día. Los espacios se hacían más amplios y con más arrozales a medida que recorríamos el estuario del Rio Rojo (Sông Hng en vietnamita) y nos acercábamos al Golfo de Tonkín.

Arrozales en el estuario del Rio Rojo (Foto por Aiko Yokozuka)

La Bahia de Halong es el destino turístico más importante de Vietnam y uno de las principales en todo el sudeste asiático y eso se refleja en el puerto de la ciudad de Halong: aspecto descuidado, ha crecido mucho en poco tiempo y bastante caótico en general. Lo primero que me llamó la atención fueron los muchísimos juncos anclados en la bahía, algunos junto a los muelles y pantalanes y muchos otros en grupos amarrados a unos cientos de metros de la orilla, descansando en las tranquilas aguas de la Bahía. Había tantos que casi bloqueaban la vista al mar abierto y a las islas. No vimos demasiado movimiento, supongo que por ser temporada baja, pero está claro que puede llegar a ser un hervidero en meses más concurridos como diciembre o enero.

Puerto de Halong desde nuestro barco (Foto por Francisco Amigo)

Nos subieron en una barca y en unos pocos minutos ya estábamos en nuestro junco. La verdad es que a primera vista mereció la pena habernos estirado un poco al contratar el tour (un poco o bastante, el tour con Handspan fue carillo comparado con otros): el barco era muy bonito, bastante nuevo (apreciable contraste con otros de los que vimos en el puerto), los camarotes estaban muy limpios y eran suficientemente amplios. El barco tenía capacidad para 20 personas pero solo íbamos 8. Apenas embarcamos nos sentaron a la mesa para la primera comida que nos sirvieron mientras nos adentrábamos en la bahía.

Nuestro Junco (Foto por Aiko Yokozuka)

Una vez has perdido de vista el puerto empiezas a sentir la magia y la energía de un lugar tan especial.  El junco navega bordeando y dejando atrás una aguja de piedra tras otra y te das cuenta de que están por todas partes hasta donde abarca la vista. De hecho hay más de 3000  islas esparcidas por la bahía aunque algunos vietnamitas aseguran que el número exacto es 1969, el año en el que falleció Ho Chi Minh. Cuando llevábamos poco tiempo navegando vimos uno de los pueblos flotantes. Hay cuatro en total en los que viven hasta 1600 personas. En el barco nos comentaron que en el más grande hay una escuela para que los niños no tengan que ir a tierra a diario. El pueblo estaba recostado contra una de las islas más grandes, utilizándola además como protección contra el viento y el mar. Los habitantes se alimentan de la pesca y de cultivos marinos, aunque ahora también venden souvenirs y bebidas a los turistas. Por alguna razón no me esperaba que hubiese gente que viviese en casas flotando en medio de la Bahia y aislada de la tierra y me sorprendió bastante.

Pueblo flotante (foto por Aiko Yokozuka)

Los icónicos islotes son en su mayoría formaciones kársticas moldeadas por el viento y la lluvia durante millones de años y algunos esconden en su interior enormes grutas. La siguiente parada fue en una de ellas, Hang Sung Sot, que tiene tres amplias cámaras con grandes columnas calcáreas y techos altos. Se visita siguiendo un camino de piedra con escalones y al coincidir algunos barcos a la vez había bastante gente. Desde la salida de esta gruta es donde se saca una de las mas típicas fotos de la Bahia de Halong (la que sale en el artículo de la Wikipedia en inglés por ejemplo).

Cueva de Hang Sung Sot

Antes de la puesta de sol paramos en la isla de Titop. Tenía una pequeña playa y un mirador en forma de templete en lo alto. Para llegar arriba había que subir un buen numero de escalones empinados pero mereció la pena. Las vistas eran sencillamente increíbles. Estábamos rodeados de agujas de piedra que emergían súbitamente del agua, completamente verticales y con acantilados con caídas de vértigo. Desde arriba además se podía apreciar con más claridad la densa vegetación que cubre las rocas y las aves sobrevolándolas.

Vistas desde el mirador de la isla de Titop

No lejos de allí el junco echó el ancla para pasar la noche. Mientras se ponía el sol nos dimos un baño memorable. A pesar de que había otros juncos en la zona el silencio era casi absoluto. Lo único con lo que no habíamos contado era con las enormes medusas que andaban por todas partes, así que mientras Fran y yo nos bañábamos, Izumi y Aiko nos avisaban desde la cubierta del barco si veían alguna acercarse demasiado para que saliésemos. Una vez habían pasado nos lanzábamos al agua otra vez. La puesta de sol fue preciosa, con el sol desapareciendo detrás de la cumbre de una de las islas.

La cena fue estupenda, como todas las comidas que nos sirvieron, a base de marisco (cangrejos, gambones) y pescado de muy buena calidad. Después de cenar subimos a la cubierta para ver las estrellas y saborear el sitio. Hacia calorcito y nos quedamos a dormir en las tumbonas mientras hablábamos y bebíamos. No bajamos a los camarotes hasta bien entrada la madrugada.

Al día siguiente reanudamos la navegación por una zona con gran densidad de islotes de diferentes tamaños, formas y alturas. Paramos en un grupo de islas que formaban un círculo cerrado alrededor de una laguna. Nos subimos en un bote y pasamos por una agujero en la roca que formaba una puerta de bordes desiguales y rugosos. Dentro un guía nos explico cosas sobre la formación de los conjuntos kársticos y sobre los planes de conservación de la zona ante la avalancha de turismo. Aun hubo tiempo para un baño más al volver y luego enfilamos el camino de vuelta al puerto mientras nos servían la última comida a bordo.

Entrada a la laguna (Foto por Aiko Yokozuka)

Si tuviese que escoger un solo sitio al que ir (o volver) en Vietnam sería sin duda Halong Bay. Me quedé con ganas de haber cogido un tour de 3 días sobre todo por poder pasar otra noche en el barco y bañándonos en algún punto tranquilo de la bahía.

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HUE

Llegamos a Hue después de viajar toda la noche en un autobús que tenía camas en lugar de asientos. Yo conseguí dormir muy bien, me resultó cómodo.

Hue fue quizás la mayor decepción del viaje. Tanto la ciudad como sus monumentos sufrieron muchísimos daños durante la Batalla de Hue, una de las más cruentas de la guerra de Vietnam. Una gran parte de la Ciudad Imperial fue reducida a escombros por los bombardeos norteamericanos y para colmo, tras la victoria norvietnamita, las ruinas que quedaban fueron abandonadas ya que para el gobierno comunista representaban “una reliquia del régimen feudal”.

A pesar de los esfuerzos por reconstruir y restaurar los edificios, que empezaron a principios de los 90 y aun siguen muy activos, la Ciudad Imperial de Hue no me resultó demasiado atractiva, sobre todo si se compara con la Ciudad Prohibida o algún otro de los palacios de China. Tras pasear unas cuantas horas viendo los principales monumentos, por la tarde estábamos listos para seguir camino.

Los billetes de autobús para Hoi An los compramos en el Mandarin Café (12 De Hung Vuong, mandarin@dng.vnn.vn), y además comimos bien allí.

  La Ciudad Imperial de Hue    

Detalle de la decoracion de Hue (Foto por Aiko Yokozuka)

HOI AN

Dormir

Al parecer, hace unos años, era difícil encontrar sitio para dormir en Hoi An durante ciertas épocas del año, pero ahora, con el boom turístico en la ciudad es muy fácil encontrar alojamiento bueno y barato, sobre todo si te vas unos cientos de metros fuera del centro de la ciudad. Nos quedamos en:
An Phu Hotel (30 Nguyen Duy Hieu St, ph:(84-510) 3914 345-3914 347)

Muy buena relación calidad/precio, apenas a 10 minutos andando del mercado y del centro de la ciudad. El hotel era bastante nuevo, con piscina, habitaciones de buen tamaño, muy limpias, con terraza y TV. Pagamos US$20 por noche por una habitación doble, con un buen desayuno incluido.

Comer

Probamos varios restaurantes y en general los precios eran un poco más altos que en otras partes del país. Uno de los sitios que probamos fue el muy conocido (recomendado en LP) Cafe des Amis (52 Bach Dang). Nos sentamos en la terraza del primer piso y había vistas del rio y de la bulliciosa calle principal. La comida estaba rica y el precio bien, nada excesivo (siempre teniendo en cuenta que hablamos de VN).

Visita

Durante todo el viaje no hacíamos más que oir maravillas sobre Hoi An de cualquiera que hubiese estado (“nos íbamos a quedar 2 días y nos acabamos quedando 4″, “el mejor sitio de todo Vietnam”, “volveré seguro”), así que estábamos dispuestos a llevarnos una decepción, sobre todo después de lo de Hue.

Pero la verdad es que nos gustó muchísimo y cumplió todas las expectativas: relax, disfrute, sitio perfecto para acabar el viaje con una sonrisa. La guerra no afectó Hoi An lo más mínimo y hay muchas casas tradicionales perfectamente conservadas. Un simple paseo por las calles con sabor a otra época es una experiencia que merece la pena. Como además casi todas las casas son ahora tiendas, hoteles o restaurantes, se puede entrar y obervar la arquitectura interior y el mobiliario clásico.

Lo único malo de Hoi An es que se ha convertido en una meca turística, con muchísima gente, muchos hoteles nuevos en los alrededores y todo orientado al turismo.

                                                     Hoi An
        Puente Cubierto Japonés, Hoi An (Foto por Francisco Amigo)
                                                         Calle de Hoi An

La playa de Cua Dai está a sólo 5 Km del centro de la ciudad al final de una carretera, así que es perfecto para alquilar unas bicicletas para ir hasta allí. La playa es estupenda, con arena fina, muy ancha y se extiende durante kilómetros y kilómetros. Eso sí, el agua no es cristalina, porque el Mar de la China tiene bastantes olas. Además había bastantes medusas, todos menos yo acabaron con picaduras.

                              Playa de Cua Dai (Foto por Aiko Yokozuka)

Fuimos un día a hacer submarinismo a la isla de Cham con  Cham Island Diving Center (88 Nguyen Thai Hoc, www.chamislanddiving.com)y quedamos muy contentos con el servicio. 2 inmersiones costaron US$70 y si sólo querías hacer snorkel costaba US$32. El precio incluía pasar todo el día fuera, con comida en una cala preciosa en la isla de Cham, dónde luego podías hacer snorkel o relajarte. El buceo en sí estuvo bien pero sin ser una maravilla. No se veían muchos peces, pero el paisaje marino si era bonito.

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HALONG BAY

En Hanoi cogimos un tour de 2 días para la visita a la Bahía de Halong con Handspan Tours (78-80 Ma May, Hoan Kiem, www.handspan.com). Nos decidimos por uno bastante caro, US$130 cada uno. Los había desde US$23 (también de dos días de duración) pero unos amigos habían ido unos pocos días antes en uno muy barato y nos comentaron que la comida era mala y que habían llegado a ver ratas en el barco, así que nos aconsejaron pagar por uno bueno.

Salimos de Hanoi temprano por la mañana y tardamos algo menos de tres horas en llegar a la zona de la bahía de donde salen los barcos. El barco (estilo junco oriental) era estupendo: muy bonito, cuidado, limpio y la comida estuvo fantástica (marisco y pescado sobre todo). Además la tripulación fue muy agradable. El tour estuvo muy bien, paramos en una gruta, en una playa con un mirador en lo alto de una de las agujas de piedra, hicimos noche en medio de una zona tranquila para que pudiésemos nadar…Llegamos de vuelta al puerto al día siguiente justo después de comer (sobre la una de la tarde o así).

La Bahía de Halong es un sitio tan increíble que merece un post en solitario.

NINH BINH

Desde la Bahía de Halong queríamos ir a Ninh Binh sin tener que volver hasta Hanoi, así que cuando nos bajamos del barco preguntamos si había algún tipo de transporte público. Rápidamente dimos (o él nos buscó, más bien) con un te-consigo-lo-que-quieras-si-pagas y tras acordar el precio nos consiguió sitio en una minivan llena de gente local que nos llevó directamente hasta Ninh Binh, no estoy seguro de si era un servicio regular, pero parecía que sí. Tardamos unas 4 horas pero el paisaje (arrozales, gente trabajando en el campo, el mar…) fue muy interesante y no se hizo largo.

En cada viaje siempre hay un sitio del que no sabes muy bien que pensar o que no te esperas gran cosa y que luego te sorprende y se convierte en una de las mejores cosas del viaje. Ninh Binh fue exactamente eso para nosotros en Vietnam.

El autobús nos dejó directamente en Xuan Hoa Hotel (www.xuanhoahotel.com), no sé muy bien por qué, pero tras echarle un ojo decidimos quedarnos. Todo un acierto: las habitaciones tenían un buen tamaño, limpísimas, con A/C y sobre todo la amabilidad de los dueños. Pagamos US$18 por una habitación doble con baño, desayuno incluido.

Cenamos en el restaurante del hotel, en una terraza, y la cena fue estupenda, sobre todo la carne de cabra a la parrilla, el precio estuvo bien, nada caro.

Alquilamos un coche con conductor a través del hotel y la verdad es que no pudimos quedar más contentos con el servicio. El nivel de inglés del conductor era bastante limitado pero fue suficiente y nos llevó a un sitio que no habíamos acordado (sin pagar nada extra), parecía no tener prisa en volver y fue muy amable.

Empezamos el día yendo al Parque Nacional de Cuc Phuong, el primer espacio protegido que se creó en Vietnam. Hicimos una de las rutas (Big Tree Hike) pasando por bosques tropicales y una par de grutas donde se encontraron restos prehistóricos. Fue muy agradable y no hacia tanto calor como esperábamos. Hay un Centro de Recogida de Primates bastante famoso pero decidimos no ir ya que no teníamos tiempo.

Senderismo en Cuc Phuong National Park

TAM COC

Al acabar el senderismo volvimos a comer al restaurante del hotel y por la tarde fuimos a la atracción principal de la zona: Tam Coc (apodada como “la Bahía de Halong en los arrozales”).  Y me pareció (casi) tan espectacular, con las agujas rocosas emergiendo de los verdes campos de arroz y los ríos y canales rodeándolas. Una vez pagas la entrada llegas a un embarcadero donde coges un bote de remos que te lleva de paseo por una canal desde donde ves las formaciones rocosas (muchos de los dueños de los botes reman con los pies, dándole un toque aún mas exótico) y pasas por debajo de 3 de ellas. Una maravilla. Por cierto, durante el paseo intentaran por todas las formas que compres algo, desde las cosas que venden a una coca cola, ya sea para ti o para ellos.

Tam Coc
Remando con los pies en Tam Coc (Foto por Francisco Amigo)
Tam Coc (Foto por Aiko Yokozuka)

Al acabar la visita de Tam Coc el guía nos sugirió ir a un templo cercano en lugar de volver directamente al hotel. El templo, llamado Huang Mua, está en lo alto de una de las formaciones rocosas y hay que subir bastantes escalones empinados para llegar a el. El templo en sí es muy pequeño, apenas un altar con una imagen budista bajo techo pero abierto al final de las escaleras, con un gran dragón de piedra que parece vigilarla y protegerla, pero las vistas que ofrece de la zona de Tam Coc y de los arrozales son increíbles. Si le sumas que no había nadie más y que estaba poniéndose el sol resultó ser uno de los momentos más perfectos del viaje.

Templo de Huang Mua (Foto por Aiko Yokozuka)
Subiendo al templo de Huang Mua Temple (Foto por Aiko Yokozuka)
Vistas de Tam Coc desde Huang Mua (Foto por Francisco Amigo)
Vistas de Tam Coc desde Huang Mua (Foto por Francisco Amigo)

Esa noche cenamos nuevamente en el hotel. Los dueños del hotel estuvieron pendientes del autobús y nos avisaron (y nos ayudaron a llevar las cosas) cuando llegó (con un poco de retraso).

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DELTA del MEKONG

Como no disponíamos de mucho tiempo para visitar el Delta del Mekong a nuestro aire decidimos coger un tour de 2 dias. La compañía con la que fuimos se llama Delta Adventures Tours

http://www.deltaadventuretours.com/English/Default.aspx

El precio era US$35 por persona pero cogimos un hotel un poco mejor que el básico que ofrecían en Can Tho y el suplemento era US$55 a pagar entre los 3, así que el precio final fue US$53 por persona. La calidad y el servicio del tour estuvieron bien en general.

Nos recogió un autobús a temprano por la mañana y nos dejó en el puerto de HCMC desde donde salía el barco.  Salir de la ciudad por el rio Mekong fue de lo mejor de todo el tour ya que nos dio una perspectiva muy diferente de los alrededores de HCMC y pudimos ver las chabolas que estan construidas sobre el rio.

                 Chabolas flotantes en los alrededores de HCMC
                        Chabolas flotantes en los alrededores de HCMC

El viaje en barco duró unas 3 horas hasta que llegamos a My Tho, en la parte más al Este del Delta. Hacía mucho calor y además bastante húmedo. My Tho no tiene gran cosa que ver aparte de la zona del rio y de unas cuantas islas que hay cerca (Isla del Dragón, Isla del Unicornio e Isla de la Tortuga). Nos llevaron a la Isla del Unicornio para visitar una fábrica de caramelos de coco y luego dimos un paseo en una barca de remos por los canales rodeados de palmeras y vegetación tropical. Después de comer tuvimos tiempo para dar un paseo en bicicleta por la isla.

Tomamos un bus a Can Tho, la ciudad principal del Delta, que a pesar de tener un tamaño considerable es tranquila, relajada y el ritmo de la vida lo marca el rio. No tenía demasiadas cosas que ver pero era agradable para dar un paseo y ver como vive la gente por allí en un ambiente tan distinto. El hotel estuvo muy bien, era de esperar ya que el upgrade fue caro para precios en Vietnam. Nos comentaron que el hotel básico era un poco cutre.

Al día siguiente fuimos a ver el mercado flotante de Cai Rang, el más grande de todo el Delta del Mekong, y lo que más nos atraía (en principio) de las visitas planeadas. Muy interesante, lleno de barcos de diferentes tamaños y formas. Los barcos más grandes venden fruta, ccangrejos y verduras al por mayor, y tenían un mástil del que colgaba el producto que vendían. Alrededor de esos barcos había otros botes más pequeños, tanto de remos como de motor, con los clientes que se acercaban a comprar para abastecer sus tiendas o para consumo personal.

Estuvimos una hora dando vueltas en una barca arriba y abajo de un extremo del mercado al otro. Cuando terminamos nos dejaron en tierra para ver el mercado “normal”, que también fue muy interesante.

                                  Mercado flotante de Cai Rang

                                  Mercado flotante de Cai Rang

                     Comprando verduras y frutas en Cai Rang

Después de comer volvimos a HCMC en autobús (unas 3 horas) y terminó el tour. Durante el viaje de vuelta uno de los guías estuvo mucho rato micrófono en mano contándonos historias sobre la vida en el Delta (“para saber si alguien es rico hay que ver cuantos barcos tiene, en lugar de una casa grande o un buen coche”) y sobre Camboya.

El tour de dos días está bien para hacerse una idea, aunque sea ligera, sobre la vida en el Delta con el rio como punto central de sus habitantes. Aun así el tour me pareció un poco demasiado turístico aunque la verdad es que no soy nada de visitas en grupo. No acabo de tener claro si merece la pena visitar la zona sólo para dos días.

Comer en Can Tho:

Cenamos en el restaurante Mekong (38 D Hai Ba Trung, viene en LP). Es una tasca sin nada especial pero la comida estaba rica y fue barato.

La comida del día siguiente fue en Nam Bo (50 D Hai Ba Trung, nambo@hcm.vnn.vn, también viene en la LP), uno de los sitios más conocidos de Can Tho (nos lo recomendaron en el hotel y nos llevaron allí los del tour). Un sitio estupendo: una casa colonial preciosa, buenas vistas del paseo fluvial, de la estatua plateada del tío Ho y del rio desde el segundo piso, excelente comida y ambiente. Muy recomendable.

PHU QUOC:

Volamos a Phu Quoc con Vietnam Airlines, el billete de ida y vuelta costó US$120. El vuelo, en un ATR72 de hélice, duró unos 55 minutos y las vistas de los arrozales fueron impresionantes.

Cuando llegamos al aeropuerto había gente de diferentes hoteles en la sala de espera ofreciendo habitaciones. Después de mirar unos cuantos folletos nos decidimos por el Tropicana Resort (ya lo habíamos visto en LP y en otras guías). El traslado al hotel fue gratis y tardamos unos 15 minutos. El hotel estaba a las afueras de Duong Dong, la población más grande de la isla y la más cercana al aeropuerto, en la playa de Long Beach, dónde se alinean la mayoría de los hoteles.

Las habitaciones a pie de playa costaban US$35 por noche y las que daban al jardín costaban US$20. Las habitaciones estaban bien, grandes y limpias, con un buen baño. El desayuno estaba incluido y estaba muy bueno, aunque un poco escaso. Además habia juegos, todos gratis: billar, dardos, juegos de mesa…

http://www.vietnamstay.com/hotel/tropicana/

Era temporada baja y no había demasiados turistas, más bien pocos. No pudimos bucear ya que las empresas estaban cerradas. Nos hizo buen tiempo, pero llovió intermitentemente, aunque en general en la parte oeste de la isla era peor (más viento y lluvia), la parte este está más resguardada.

Al día siguiente alquilamos una moto semiautmática (con marchas pero sin embrague) por US$8 y nos fuimos a explorar la isla. Fuimos hasta el extremo sur, a An Thoi, un pueblo de pescadores bastante genuino. Las carreteras, aunque a veces eran de tierra estaban bien en general. Volvimos hacia el norte por la parte este de la isla y paramos en Bai Sao, una playa preciosa y muy tranquila, de hecho casi vacia. Comimos en el chiringuito que había a pie de playa y la comida estuvo muy bien, aunque los precios eran un poco más altos que en el resto de la isla. La carretera en la parte este de la isla sube y baja suavemente, todo rodeado de vegetación tropical, perfecto para un paseo en moto.

                                                    La playa de Bai Sao

El tercer día intentamos alquilar un 4×4 (con un grupo de amigos) pero no hubo manera de que nos lo rebajaran de 700000 VD, así que nos decidimos a alquilar una furgoneta para 10 personas con chófer en el hotel por 1.100.000 VD (todo el día). Volvimos a ir al sur (An Thoi y Bai Sao, donde comimos). Una vez más en la zona del hotel el tiempo era malo mientras que en Bai Sao se estaba muy bien. Luego subimos hasta la parte noroeste de la isla, a la playa de Bai Dai. Había muchísimo viento y una resaca tremenda, así que no nos pudimos bañar, pero mereció la pena ir hasta allí por la sensación de estar en un lugar remoto.

                                  La isla de Hon Doi Moi desde Bai Dai
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