Guía: México: Tulum y alrededores

Tulum es un yacimiento arqueológico de la cultura maya situado junto a la ciudad del mismo nombre en la península del Yucatán, estado de Quintana Roo, al sureste de México y en la llamada Riviera Maya. Tulum fue una de las últimas ciudades fundadas por los mayas (sobre el 1200 d.C) y le dieron el nombre de “Zamá” que en su lengua significa “amanecer”, ya que está orientada hacia la salida del sol. Alcanzó su plenitud entre los siglos XIII y XV al ser un puerto esencial en las rutas de comercio de la zona y fue abandonada varias décadas después de la llegada de los españoles, a finales del siglo XVI. Su decadencia parece que estuvo relacionada con la alta mortalidad causada entre la población local por las enfermedades traídas del Viejo Mundo.

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Tulum es una de las ciudades costeras mayas mejor conservadas y sobresale por su espectacular ubicación: en la cima de un acantilado de unos 12 metros de alto y bañada por el mar Caribe. Dicho acantilado dificultaba un posible ataque marítimo, mientas que sus robustas murallas de piedra de hasta 5 metros de alto y 8 de ancho la protegían de invasiones por tierra. Las ruinas están muy bien conservadas y forman un yacimiento compacto y no demasiado grande (unos 400×200 metros) en el que destacan 3 edificios principales:

  • El Castillo: situado en la parte más cercana al mar, alcanza los 7.5 metros y es la construcción más alta, compleja y de las más antiguas de Tulum. La parte superior está decorada con serpientes grabadas en la piedra. Diversos estudios indican que, entre otras funciones, se utilizaba como una especie de faro para ayudar a los barcos y canoas a llegar a la playa de forma segura, ya que está situado justo enfrente de un canal que permite sortear el arrecife de coral.

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  • Templo de los Frescos: un edificio de dos plantas, en la que la superior tiene menor tamaño, lo que le da aspecto de mastaba. Se utilizaba como observatorio para seguir los movimientos del sol y los planetas. Los muros internos están decorados con pinturas, pero no se puede entrar a verlas.

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  • Templo del Dios Descendente: su fachada es asimétrica y sobre el dintel hay un nicho que contiene una escultura alada que aparece repetida por todo el yacimiento.

Aunque ya de por sí las ruinas son magníficas, lo que hizo de Tulum un sitio inolvidable para mí fue la posibilidad de darse un baño en la preciosa playa de arena fina y con palmeras que está dentro del yacimiento, y a la que se baja por unas escaleras situadas cerca de El Castillo ¡Pase lo que pase no os olvidéis de llevar un bañador! El día de la visita hacía muchísimo calor a pesar de ser la primera semana de diciembre, el agua estaba perfecta de temperatura y hasta había olas. Otra de las atracciones de Tulum es la gran cantidad de iguanas que pululan por el recinto arqueológico.

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Desde la ciudad se puede llegar andando o en bicicleta, y podéis encontrar información sobre el precio de la entrada (70 pesos cuando yo fui en diciembre de 2018) y los horarios de apertura aquí. En la entrada hay tiendas que venden comida, bebidas, recuerdos y otras cosas útiles que puedes necesitar en la visita. Es muy importante llevar suficiente líquido y protector solar ya que no apenas hay donde resguardarse del sol.

Comer y beber en Tulum ciudad

La ciudad de Tulum es bohemia y sofisticada a la vez. Conserva el aire del paraíso relajado que fue hace no tantos años, cuando las calles eran de arena, las cantinas rústicas y había muchos menos resorts de lujo y turismo extranjero de masas. Actualmente esos sitios más informales y añejos conviven con numerosos hoteles tipo boutique, restaurantes de comida internacional y bares y clubes para bailar toda la noche. Merece la pena quedarse a dormir en Tulum, disfrutar de su magnífico ambiente y explorar otros lugares de los alrededores.

  • El camello Jr: un restaurante de estilo informal tremendamente popular entre la gente local para comer pescado y marisco. Siempre está lleno y los precios son muy razonables. El ceviche de pulpo, especialidad de la casa, estaba riquísimo.
  • Pizzeria La Nave: otro sitio tradicional y que suele estar lleno. Me pareció justa la fama de ser  la mejor pizzería de Tulum en calidad/precio. El trato fue excelente y tomé la mejor pizza en bastante tiempo.
  • Mezzanine: un restaurante tailandés en un hotel-spa de lujo, con una preciosa terraza elevada directamente sobre la playa. La comida estaba rica, y la puesta de sol, las vistas al mar y el poder bañarte entre platos fue impagable. Precios de estilo europeo, eso sí.  

  • Mateo’s: aunque es un restaurante-grill, nosotros fuimos por su espectacular terraza de madera que se eleva justo sobre la copa de los árboles. Los cócteles estaban estupendos (140 pesos cada uno con 2×1 todo el día, al menos cuando yo estuve) y la música tipo chill-out perfecta para relajarse y disfrutar. Pero lo mejor es poder ver la puesta de sol desde lo alto de los árboles, uno de los mejores momentos que pasé en Tulum. Al anochecer iluminan la terraza solo con velas y se puede disfrutar de las estrellas, creando un ambiente especial. Conviene llevar repelente de mosquitos, sobre todo al atardecer.

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  • Batey: un bar que sirve unos mojitos espectaculares hechos con caña de azúcar cortada allí mismo. Tras su fachada de madera tipo cabaña se esconde un enorme patio interior con escenario en el que había jazz en directo. Tan popular como recomendable, 

  • Chamicos: un agradable chiringuito playero con parrilla situado en una tranquila zona residencial y frecuentado por gente local. Está junto a una zona de corales y se puede hacer snorkel directamente desde la orilla. 

  • Heladería Panna e Cioccolato: otro sitio más que está a la altura de su fama de “el mejor de Tulum”. Deliciosos helados italianos artesanos.

Dormir

Nos quedamos en esta casa de airbnb. Situada en una zona residencial tranquila pero a poca distancia caminando del centro de Tulum. Bonita, espaciosa, muy limpia y perfectamente equipada. Además tiene piscina y se puede aparcar sin problemas en la puerta. Muy recomendable.

Un par de excursiones por los alrededores:

  • Reserva de la Biosfera de Sian Ka’an: es un espacio natural protegido situado a unos 15 kilómetros al sur de Tulum. En maya su nombre significa “Donde empieza el cielo”, algo que creo que le hace justicia, y en 1987 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La reserva ocupa más de 650.000 hectáreas, con una parte en tierra y la otra en el mar Caribe. En la parte terrestre hay numerosos sitios arqueológicos mayas, mientras que en la marina cubre una parte de la barrera de coral Mesoamericana. Hicimos la visita en barco con Victor’s y salió todo perfecto. Nos trataron de maravilla; Cosme, el guía local, nos contó multitud de cosas y hasta estuvimos pescando un rato (algo que no hacía desde mi adolescencia) con inusitado éxito. A pesar de lo cerca que está de Tulum, se tarda algo más de una hora entre el tráfico para salir de la ciudad y el que una vez que se adentra en la reserva la carretera tiene bastantes baches y no se puede ir rápido. Una vez en el barco, navegamos entre los manglares paralelos al estrecho brazo de tierra que va de norte a sur hasta salir a mar abierto, donde vimos delfines e hicimos snorkel. Sian Ka’an es un lugar precioso, con una luz increíble y flora y fauna desbordante, aparte de un mar impoluto y radiante. El paseo duró unas tres horas y fue enormemente disfrutable, ayudado por el hecho de que apenas había gente y la tranquilidad era absoluta. Sian Ka’an es un destino muy popular entre los aficionados a la pesca (barracudas, sierras…) pero hay que asegurarse que se hace a través de una compañía con licencia como con la que nosotros fuimos, que también organiza tours específicos para pescar.   

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  • Cenote Dos Ojos: uno de los más conocidos de la zona, frecuentado por gente local y también por submarinistas ya que los dos cenotes a los que se refiere el nombre están conectados por un pasadizo submarino de unos 400 metros y se puede bucear del uno al otro. No son especialmente grandes (70 metros de diámetro) pero sí muy bonitos ya que son bastante abiertos y entra mucha luz natural, con lo que hay mucha visibilidad bajo el agua si estas nadando o haciendo snorkel. Dado el fácil acceso a ambas piscinas, me parece un buen sitio para familias con niños. Tiene taquillas y baños  y se puede alquilar el equipo de snorkel. El precio fue de 350 pesos (14€) por persona.

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Dice el refrán que quien tiene un amigo tiene un tesoro, y la visita a Tulum fue un ejemplo perfecto de ello. Le dedico este post con muchísimos agradecimientos a Claudia, Lennard y Antón por su infinita hospitalidad y llevarnos a tantos sitios fantásticos. Y también, por supuesto, a Margarita, por invitarme a “su” viaje.

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