El volcán Pacaya (I)

Un par de datos: Guatemala tiene 109.000 km2 (el 20% de España aproximadamente) y algo más de 13 millones de habitantes

Con el rio de lava todavía a bastante distancia, éste se distinguía con cierta dificultad ya que aunque estaba anocheciendo aun había bastante luz. No fue hasta que oscureció más cuando pudimos apreciar nítidamente el fulgor de la lava, parecía que el volcán sangraba por una enorme herida.

Rio de lava a lo lejos (Foto de Pablo Mendez)

Al llegar frente al rio de lava nos quedamos boquiabiertos. No me podía esperar una cosa tan espectacular. El poder acercarte tanto como quisieras o te atrevieras, el ver y sentir una de esas cosas que parece que sólo están al alcance de los que hacen documentales…bueno, ha quedado claro que el rio de lava es una de las cosas mas increíbles que he visto en mi vida, ¿no?

La lava fluía pesadamente, casi a cámara lenta mientras se oía un continuo crack-crack de las rocas partiéndose y fundiéndose. Te transmitía la fuerza interna de la tierra, esa energía infinita que sabemos que está ahí abajo, apenas pensamos en ella y sólo la intentamos asumir tras una catástrofe natural.

“Interaccionar” con la lava es sorprendente: si te pones a un par de metros hace mucho calor (seguid leyendo antes de pensar que qué chorrada más obvia). A cada centímetro que te acercas el calor va aumentando exponencialmente. Llega un momento en que parece que hay una barrera invisible: simplemente un centímetro más y el calor es insoportable. Y si aun te atrevías a acercarte ese milímetro más los pelos de la cara te empezaban a chisporrotear.

Junto al rio de lava

Cuando se hizo de noche del todo nos dimos cuenta que apenas a 30-40 centímetros por debajo de nuestros pies la lava pasaba fluyendo incandescente, se veía el brillo perfectamente a traves de los poros de la roca volcánica. Sólo un par de palmos nos separaban de ella. Le preguntamos al guía que si aquello no era un poco peligroso, que qué pasaría si se abriese una grieta o al volcán le diese por estornudar un poco más fuerte justo en ese momento. Con toda tranquilidad nos respondió: “bueno, pues entonces nomás pasaríamos a formar parte de la historia del volcán”. Una idea profunda y poética pero casi que paso.

En estas que una de las japonesas, que iba vestida en plan Hello Kitty de arriba abajo, empezó  a pegar gritos y saltos. Salió corriendo y literalmente se me tiró encima, dándome un abrazo tipo koala sin duda por mi innegable atractivo para las orientales, aunque el hecho de ser el que estaba geográficamente más próximo pudo influir un poco.

Como gritaba (en mi oreja además) no se qué de sus zapatillas, me dió por mirar y ví que las suelas habían empezado a derretirse, formando muñones de aspecto chorreante dignos de un museo de arte moderno. Lo siguiente que me dijo fue algo así como “sácame de aquí”, asi que la bajé llevándola a caballito tarareando la banda sonora de “El guardaespaldas”.

Con tanto subidón de adrenalina no miré el reloj ni una sola vez pero creo que estuvimos un par de horas allá arriba. Emprendimos el camino de vuelta con las linternas, con el guía ayudando a la japo de las zapatillas amorfas porque no podía pisar bien. Una vez sentados en la camioneta nadie dijo una palabra más, caimos rendidos después tanta intensidad.

Dejo unos cuantos videos que sacamos:

A día de hoy el Pacaya sigue activo y los rios de lava se siguen formando, con rachas más activas y otras no tanto, variando casi semana a semana.

Hace apenas un mes, en abril 2010, una turista venezolana y un guía murieron durante la ascensión al Pacaya por culpa de un deslizamiento de tierras, pero fue en la parte superior del volcán, cerca del cráter.

Nota: actualizo la entrada porque hace apenas una semana, el 28 de mayo de 2010, el Pacaya tuvo su erupción más violenta en años, matando a varias personas, forzando el cierre del Aerupuerto de La Aurora y llenándolo todo de ceniza en muchos kilometros a la redonda. Espero que se pueda seguir visitando una vez pase todo el caos.

El Pacaya se ha convertido en una especie de sensación en Centroamérica. En 2008, viajando por Costa Rica, vi a bastante gente con camisetas del volcán (yo no las recuerdo cuando estuve), y muchas de las  personas con la que hablé iban a pasar por Guatemala exclusivamente a subir a ver la lava.

¿Cuándo y dónde fui? Septiembre 2006. Antigua, volcán Pacaya, lago Atitlán, Chichicastenango, Semuc Chempey, Lanquín, San Cristóbal, El Ceibal, Flores, Rio Dulce, Livingston, Tikal, Copán, Quiriguá.

¿Por qué fui? había oido maravillas de Guatemala. Buscaba naturaleza y cultura milenaria, aparte de que me encanta latinoamérica.

Detalles: fuimos un grupo de 4 (3 excompañeros de universidad (Pablo, Ana y Fran) y yo), con sólo los billetes de avión y la primera noche de hotel reservada. Alquilamos un coche para movernos por allí.

Historia reciente en dos o tres líneas: De 1900 a 1960 la influencia de EEUU (United Fruit Company) controla el país, provocando inestabilidad política (numerosos golpes de estado). De 1960 a 1996 la guerra civil asola el país, siendo especialmente cruenta a finales de los 70 / principios de los 80. Desde los acuerdos de paz de 1996 la democracia se ha estabilizado.

El volcán Pacaya está cerca de Antigua Guatemala (aunque no es uno de los que se ven rodeando la ciudad). Desde la última erupción violenta en 1965 se ha mantenido en constante actividad, siendo declarado Parque Nacional en 2005 ante el creciente interés turístico (y me imagino, para controlar un poco que la gente no haga locuras en un sitio potencialmente tan peligroso). Justo ese año (2006) la actividad media se había incrementado considerablemente, haciendo que se formaran rios de lava que salían a la superficie en la ladera del volcán, aún lejos del borde de la caldera, con lo que el acceso a ellos era bastante sencillo.

Para poder subir tenías que contratar una excursión guiada que se podía hacer por la mañana, tarde o tarde/noche, así que nos decidimos por esta última opción. El precio, unos $15, entrada al parque incluida.

Nos recogió una camioneta un par de horas antes de la puesta de sol (alrededor de las 7pm) y lo primero que me sorprendió fue que las otras personas que completaban el grupo eran 4 japonesas. Y aún me sorprendió más cuando me dijeron que no se conocían entre ellas y que simplemente habían coincidido en la excursión por casualidad.

Dos de ellas estaban en Antigua de intercambio aprendiendo español, pero las otras dos estaban recorriendo Centroamérica a su aire. Con la cantidad de gente que me he encontrado en España que no quiere pisar Latinoamérica por una especie de miedo atávico, ver a japonesas con su pinta de desvalidas , casi sin hablar español y viajando solas por sitios como El Salvador, Honduras y Guatemala me puso de muy buen humor.

En apenas una hora que se pasó volando con la típica cháchara de “vamos a conocernos un poco”, llegamos a la entrada del Parque Nacional. La primera parte de la subida fue bastante sencilla, siguiendo una senda amplia y no muy empinada. Cuando el camino giraba y nos podíamos acercar al borde las vistas eran espectaculares, con nubes densísimas por debajo nuestra y de entre ellas sobresaliendo los picos de los otros volcanes de la zona.

Vista desde el Pacaya a media ascensión

Tras una pequeña pausa para fotos y agua, la senda se empezó a empinar un poco más a medida que nos metíamos en un bosque no muy frondoso. El sol se había puesto y la luz empezaba a declinar, aunque las linternas aun no eran necesarias.

Al salir del bosque llegó el primer shock: el camino se acababa abruptamente sepultado por capas de lava solidificada superpuestas. Fue como pasar del orden al caos en un momento. Ahora la subida era bastante más complicada, con mucha más pendiente, caminando y trepando con cuidado sobre las afiladas rocas. Era como si el volcán fuese muy muy viejo y estuviésemos andando entre las enormes arrugas que le surcaban la piel.

Capas de lava recienteme solidificadas (Foto de Francisco Amigo)

Continua en El volcán Pacaya (y II)

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.

Join 30 other followers