Lituania


La caída del comunismo dejó muchas imágenes para la Historia, pero la que más se me ha quedado  grabada de todas es la de la gente derribando las estatuas de Lenin, Stalin y otros próceres que les habían vigilado y amenazado desde sus atalayas de mármol durante decenas de años. Y como en cierta manera siempre he sido una persona práctica más de una vez me he preguntado: ¿Qué harían con ellas? ¿Acabaron destrozadas por la enfurecida turba como primera muestra de la recuperada libertad? ¿Vendidas como quincalla para fundirlas como el Coloso de Rodas? ¿Abandonadas en la estepa siberiana a modo de venganza histórica?

No sé qué pasaría con las estatuas en otras ex repúblicas soviéticas, pero en Lituania Viliumas Malinauskas (conocido hombre de negocios cuya familia hizo fortuna comercializando las setas, champiñones y moras de los densos bosques del sur del país) tuvo la brillante idea de alquilárselas al gobierno y montar un museo / parque temático con ellas. El sorprendente resultado se llama Grūtas Parkas, también conocido informalmente como “Stalinlandia”.

El proyecto nació envuelto en polémica desde el principio. Y no es para menos, han pasado poco más de 20 años desde la caída del muro pero muchas heridas siguen abiertas y los difíciles recuerdos están bastante frescos. Mucha gente se oponía considerando que un parque temático sobre la ocupación soviética era directamente hacer apología de dicha época y una gran falta de tacto. Sin embargo en su web Grutas Parkas dice que su misión es denunciar la ideología soviética, la cultura de la propaganda y la falta de libertad y mostrar el genocidio lituano. Cuando le preguntaron que por qué lo hacía, Malinauskas dijo que “(el parque) es mi regalo para las futuras generaciones de lituanos, que pueden venir a reírse y mofarse de estas estatuas. Significa que Lituania ya no le tiene miedo al comunismo”. Algunos de los políticos que le acusaron de sentir indiferencia ante el dolor y los sentimientos ajenos intentaron, sin éxito, cerrar el parque. Malinauskas no tuvo mejor ocurrencia que hacer estatuas de madera con sus caras y ponerlas en el parque comentando “aquellos que aun tienen miedo de las sombras del pasado se merecen estar aquí con ellas”. ¿Nostalgia o condena? Seguramente un poco de ambas. El público ha dado su veredicto y Grutas Parkas recibe más de 100.000 visitantes por año a pesar de estar bastante lejos de Vilnius.

Grūtas Parkas está cerca de Druskininkai, una pequeña ciudad balneario situada al sur del país, a poca distancia de la frontera con Bielorrusia. Es un destino muy popular entre los lituanos y nos habíamos acercado a conocerla, visitando de paso los profundos bosques primarios de los alrededores. Desde “Druski” apenas tardamos 20 minutos en llegar en nuestro coche alquilado. En mi opinión eligieron un buen lugar en el que ponerlo: un poco apartado de la carretera principal y junto a un idílico lago, un entorno tranquilo y lleno de paz en pleno Parque Nacional de Dzūkija.

A priori todo lo que yo sabía sobre el parque es que era una especie de exposición que contenía estatuas de la época soviética y que su apertura había sido muy polémica. Así que la primera impresión fue de sorpresa y cierta incredulidad al darme cuenta de que el aspecto exterior del parque imita al detalle a los tristemente célebres Gulag soviéticos.

Aspecto exterior de Grutas Parkas

Los límites están marcados por una valla de alambre de espino que se extiende por todo el perímetro. A intervalos regulares hay torres de vigilancia, algunas con maniquíes uniformados de guardias del ejército rojo y en cada una de ellas un pequeño altavoz (también de época) reproduce la misma música desasosegante que acompañaba a los presos 24 horas al día para recordarles dónde estaban y que no estuviesen tranquilos ni mientras dormían: el gran hermano siempre estaba vigilando. La “banda sonora” era, por decirlo de alguna manera, suavemente marcial, como la que ponen de fondo en documentales propagandísticos estilo NODO.

En el camino que da a la entrada al parque hay un tren como los que utilizaban para transportar a los deportados al gulag. Los vagones eran muy parecidos a los que se ven en las películas sobre el holocausto: diseñados para transporte de ganado, hechos de madera pintada de rojo y con ventanas minúsculas y cerradas con una gruesa reja. La locomotora tenía una característica estrella roja grabada en el morro. En un principio se habían planteado hacer llegar a los visitantes en un tren como éste, pero la férrea oposición de organizaciones de supervivientes del gulag lo evitaron. Era ir demasiado lejos.

El expreso Gulag (Foto por Sonia Matos)

  Una vez pasada la entrada te encuentras con un cartel explicando que  las referencias históricas las ha hecho el Centro de Investigaciones del Genocidio y la Resistencia Lituanas. A mí me pareció un gran golpe de efecto para que el parque ganase en credibilidad e interés, aunque supongo que Malinauskas no tendría más remedio tras lo comentado arriba. Aun así me cuesta imaginarme un parque temático sobre el franquismo en el Valle de los Caídos con los comentarios históricos escritos por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Quizás me falta imaginación…

Grūtas Parkas es bastante diferente a lo que me imaginaba. Mucho más grande (cubre 20 hectáreas), bien montado e interesante que el “puñado de estatuas medio oxidadas arrambladas en una esquina” que yo esperaba. Además de diversas estatuas y bustos de Lenin, Stalin o Marx (las más repetidas), también hay grupos escultóricos representando idealizaciones de valores comunistas: estoicos soldados, trabajadores de aspecto incansable o mujeres con aire adusto y marcial representando la Victoria o el esfuerzo proletario (por ejemplo una enorme de Madre Kryzhkalnis, supuestamente simbolizando al ejército rojo que trajo la liberación del nacionalismo burgués).

Partisanos soviéticos guiados por Antanas Snieckus

Pero algunas de las que me resultaron más llamativas fueron las de los “renegados”, ciudadanos lituanos que fueron parte del bando soviético y los lituanos consideran traidores a la patria, como Vincas Kapsukas y Feliksas Baltušis-Žemaitis o figuras polémicas como Antanas Snieckus. Un buen detalle es que la gran mayoría de las estatuas tienen leyenda explicativa en inglés incluyendo una foto con el emplazamiento original del que habían sido retiradas, generalmente en sitios prominentes de las principales ciudades lituanas.

Foto de familia

Recorrer el parque entero lleva bastante tiempo ya que hay decenas de estatuas y más de 3 kilómetros de estrechas pasarelas de madera, también de estilo gulag. Uno de los mejores sitios es la denominada Casa Museo o Centro de Información, construida en madera e imitando las casas de campo soviéticas típicas de los 40 y los 50. Dentro hay todo tipo de artefactos y memorabilia soviética: banderas de todas las ex repúblicas, medallas militares y conmemorativas, uniformes, objetos de uso diario… Las paredes están empapeladas con posters de propaganda y con las paginas frontales del periódico oficial del régimen en Lituania, que te llevan en un viaje en el tiempo con las noticias más importantes ocurridas durante la ocupación soviética (muertes de Stalin, Breznev, Andropov y Chernienko, congresos del Partido Comunista Lituano, Gagarin en el espacio, visitas de altos mandatarios a Lituania…). Hay notas explicativas en ingles por todas partes, lo que no suele ser demasiado habitual en museos de este tipo y se agradece muchísimo.

Estatua de Lenin junto a la entrada a la Casa Museo

Banderas y periodicos en el interior de la Casa Museo (Foto por Sonia Matos)

La otro casa que se puede visitar contiene la Galería de Arte, con pinturas realistas soviéticas mostrando a sus líderes históricos, entre ellas múltiples retratos de Stalin y Lenin, el temible Dzerzhinsky (creador del terror rojo) en el Kremlin y por supuesto no falta una idílica de trabajadores cosechando. Para que no falte el aire a parque temático de visita familiar el complejo contiene una cafetería, un pequeño zoo y un parquecito para dejar a los niños jugando. El 9 de Mayo, aniversario de la victoria soviética sobre el fascismo, un grupo de actores vestidos de soldados recrean desfiles y otros actos habituales de esa fecha. Como llegar usando transporte público.

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Fecha: del 19/08/2011 al 29/08/2011

Detalles del vuelo: London Stansted – Vilnius International (VNO) directo con Ryanair. Tiempo de vuelo 2h05 min a la ida y 2h40 min a la vuelta. Precio £183 comprado con algo menos de dos meses de antelación en la web de Ryanair y facturando una pieza de equipaje. El avión fue un Boeing 737-800.

Visado: Lituania pertenece a la UE, por tanto no es necesario visado si se tiene pasaporte de la UE. Se puede entrar con el DNI.

Moneda: litas (Lituania no usa el Euro). En 2002 se fijó el cambio a 1€ = 3,4528 Litas. La introducción del Euro está planeada pero se ha retrasado varias veces porque no se cumplen algunas de las condiciones de convergencia (especialmente la inflación).

Itinerario: Vilnius, Parque Nacional de Dzūkija, Druskininkai, Grūtas Park, Klaipeda, Istmo de Curlandia, Palanga, Reserva Natural Rambyno, Kaunas, Trakai, Kernave, Observatorio de Moletai, Parque Nacional Aukštaitija, Ignalina.

Alquiler de coche y conducir en Lituania: alquilamos un coche para todo el viaje (salvo los dos primero días en Vilnius) utilizando una compañía llamada Economy Car Rentals (www.economycarrentals.com).Ya había alquilado con ellos anteriormente en Turquía y en Montenegro y como todo fue muy bien decidí repetir.

El precio era mucho más barato que con las compañías “clasicas” además de incluir gratis seguro a todo riesgo, la posibilidad de cruzar a países vecinos (de la UE) y conductor adicional. Recogimos el coche en la estación de tren de Vilnius y lo devolvimos en el aeropuerto. En ambos casos una persona de la compañía subcontratada (Fortuna Rent) nos estaba esperando con un cartel con mi nombre y no hubo ningún problema.

El coche que nos dieron fue un VW Polo un poco machacado. Se notaba sobre todo en la dirección, un poco inestable, y en la suspensiones, muy blandas. Las ruedas estaban un poco gastadas pero aceptables. En resumen: correcto sin más.

El tercer día se le encendió el piloto amarillo que avisa de problemas en la inyección de gasolina y el motor empezó a funcionar regular, perdiendo potencia y gastando bastante más de lo esperado. Llamamos a la compañía y nos dijeron que era un problema eléctrico del piloto en sí pero no mecánico y que no pasaba nada. Se recuperó al poco (aunque la luz seguía encendida) y lo dejamos pasar.

Dos días mas tarde se encendió otra piloto amarillo (EPC) y el coche prácticamente se quedó sin fuerza. Llamamos de nuevo a la compañía y la primera respuesta fue un poco pobre. Tras un poco de tira y afloja finalmente mandaron alguien a arreglar el coche y se lo llevaron por la noche. Lo devolvieron a primera hora de la mañana, nos dijeron que el problema era un cilindro y que ya estaba arreglado. Unas pocas horas más tarde se volvió a encender el piloto de la inyección y el coche empezó a funcionar a ir a tirones otra vez.

Una vez más volvimos a llamar a la compañía (un poco cabreados) y esta vez cumplieron sin medias tintas: nos cambiaron el coche inmediatamente por uno de gama más alta (Renault Megane) en perfecto estado para los últimos 3 días.

En general Lituania me pareció un país muy fácil para conducir. La gran mayoría de las carreteras  estaban en muy buen estado, incluso las secundarias o las que pasaban por zonas más remotas o rurales. Los tramos de autopista (Vilnius – Kaunas – Klaipeda) estaban en perfectas condiciones. Los lituanos no me parecieron demasiado agresivos conduciendo y nos sentimos bastante seguros todo el tiempo. Tampoco encontramos grandes atascos o mucho tráfico, ni siquiera en Vilnius o Kaunas.

De camino a Kaunas desde la costa siguiendo la carretera 141 nos paró la policía. Nos dijeron que íbamos a 62 Km/h en una zona de 50. Fuimos con la documentación hasta el coche de policía y mientras el agente rellenaba el papeleo Fran empezó a contarle nuestras penas con el coche (que en ese momento iba a tirones) y diciéndole que a ver si llegábamos a Kaunas. El policía empezó a ablandarse mientras miraba nuestra documentación y a los 10 minutos nos dijo que nos podíamos ir sin ponernos la multa. Gran comida orejil de Fran con su mejor cara de pena. La multa eran unos 30€.

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“En mi país hay una canasta en cada patio y los niños aprenden a decir Sabonis antes que mamá”

Esas fueron las palabras que dijo el baloncestista lituano (entonces jugando para la Unión Soviética) Rimas Kurtinaitis en su presentación en el concurso de triples del All Star Game de la NBA de 1989. Fue invitado tras coser a triples a la selección estadounidense en las semifinales de los Juegos Olímpicos de Seul´88 (es el único jugador invitado a participar en el All Star Weekend sin jugar en la NBA).

Aunque las razones para escoger Lituania como destino fueron principalmente otras (pocos turistas en Agosto, razonablemente barato, había ido a las otras dos Repúblicas Bálticas en un viaje anterior y me habían gustado mucho), la frase de Kurtinaitis se me había quedado grabada y siempre tuve curiosidad por ver hasta qué punto era cierto lo de la locura por el baloncesto en aquel país.  Dado que el Eurobasket 2011 se iba a celebrar allí y empezaba apenas dos días después de volvernos, parecía el momento perfecto para comprobarlo.

Y la verdad es que nunca había visto una pasión semejante por el baloncesto en ningún sitio como lo que viví los días en que estuve viajando por Lituania. Es un país de cuento de hadas con bosques profundos, castillos señoriales, cientos de lagos y playas de arena fina… en el que el deporte de la canasta es omnipresente. Por lo que pude experimentar de primera mano, la presencia del baloncesto en la sangre lituana es casi genética y va mucho más allá de la circunstancia puntual de la inminente celebración del torneo continental. Es el país de Nunca Jamás en el que todos los freaks del baloncesto querríamos vivir.

Al llegar al aeropuerto de Vilnius nos recibieron fotografías gigantes de los jugadores de la selección, unas colgando del techo y otras en las paredes y vallas, estaba claro que los lituanos lo iban a dar todo para que el Eurobasket fuese inolvidable. Cada uno de los días que estuve, cuando ponías la televisión en horario de máxima audiencia siempre había un partido (jugase o no Lituania, echaban hasta amistosos de otras selecciones)  o un programa relacionado con el Eurobasket.

En el centro histórico de la capital, patrimonio de la humanidad, apenas había tienda, comercio o rincón en el que no hubiese algo relacionado con el Eurobasket: un balón gigante en la puerta del ayuntamiento, papeleras simulando canastas con zonas pintadas en el suelo, maniquíes cuyas cabezas eran balones, topes para las puertas con la misma forma…

(Pincha en cada imagen para ampliarla)

     

Pero no era sólo en Vilnius (uno de los destinos más visitados por los turistas en el país), las calles de cualquier ciudad estaban llenas de anuncios publicitarios en los que salen los jugadores, la selección o el Eurobasket. Teléfonos móviles, tiendas de electrónica, electrodomésticos… hasta productos bancarios.

(Pincha en cada imagen para ampliarla)

     

En campañas del gobierno destinadas a los jóvenes usan como gancho algo relacionado con el basket, un ejemplo era ésta en la que se intenta erradicar la prostitución:

Y en los kioscos las gran mayoría de las portadas en aquella semana previa tenían como común denominador el Eurobasket… incluida una revista subida de tono en la que las chicas posaban con un balón y nada más… (sólo la ojeé un poco y me sacrifiqué por motivos periodísticos, que quede claro)

Como a veces los astros se alinean y las cosas buenas ocurren sin buscarlas, coincidí en Vilnius con Juanan Hinojo, autor del imprescindible libro sobre el baloncesto yugoslavo “Sueños Robados”,  y ya me avisaron él y su novia Empar de que la locura de los lituanos por el basket no era normal. Las dos charlas de basket hasta casi las 4 de la mañana salpicadas de anécdotas tanto de su libro como de sus días en Lituania supieron a muy poco, pero ya habrá más oportunidades. Por cierto, los restaurantes también tenían cosas de basket…

Recorriendo el país con un coche alquilado pude comprobar que el bueno de Kurtinaitis no se había echado un farol en su discurso del All Star: había canchas y canastas literalmente por todas partes, en zonas públicas y en casas privadas, en pueblos minúsculos y hasta en reservas naturales en medio de la nada. Algunas se caían a trozos, otras estaban levantadas sobre la hierba, pero curiosamente TODAS tenían redes, que supongo que venía a significar que estaban vivas y seguían siendo usadas. La cuasi ausencia de porterías y campos de futbol contrastaba con los grupos de chavales siempre con un balón naranja, botando mientras caminaban.

Uno de los principales patrocinadores del torneo fue la más popular de las cervezas locales: Svyturis. Por ello los camareros y camareras de la mayoría de los pubs, cafés y restaurantes llevaban camisetas conmemorativas del Eurobasket. En Juodkrante, un pequeño pueblo del Istmo de Curlandia, nos pusimos a hablar de baloncesto con uno de los camareros, Martynas, al que acabamos pidiendo que nos consiguiese una camiseta y tuvo el detallazo de darnos una al día siguiente.

Si hay un corazón del baloncesto en Lituania ese es Kaunas. Fuimos al viejo pabellón del Žalgiris, que lo estaban reparando, y nos dejaron pasar y pasear por la cancha y las instalaciones. Si alguien en mitad de los 80, cuando Lituania aun pertenecía a la URSS y yo les veía en la televisión, me hubiese dicho que algún día caminaría por esa cancha a mi aire y me haría unas fotos me habría parecido sencillamente imposible. Fue inaugurado en 1939 para el Eurobasket de ese mismo año en el que Lituania aún era independiente, antes de la anexión soviética. Fue el primer pabellón construido exclusivamente para baloncesto en Europa y es historia viva del baloncesto continental.

Junto al pabellón hay un bar llamado Komanda que tiene las paredes llenas de fotos del mítico Žalgiris de la década de los 80, algunas de ellas verdaderamente fantásticas. El bar estaba cerrado por limpieza y reformas, pero ante mi insistencia me dejaron tomarme una cerveza en honor a los héroes lituanos, supongo que llevar una camiseta del Žalgiris ayudó también.

(Pincha en cada imagen para ampliarla)

     

Para terminar, y cuando creíamos que ya nada podría sorprendernos, se nos quedó la boca abierta al llegar a la famosa Torre de Tevision de Vilnius y comprobar que la habían convertido en una gigantesca canasta imaginaria poniéndole redes. La visión de la torre iluminada con las “redes” desde el avión cuando volvíamos por la noche es la última imagen que tengo de este viaje. Imposible no desearle lo mejor a la selección Lituana. Por público y afición se lo merecen todo.

Lietuva, Ačiū!!

PD: me gustaría dedicarle el post a l@s sveikis: Fran, Raquel y Sonia, mis pacientes compañeros de viaje que me permitieron sacar de paseo a mi paranoia baloncestística sin perder la sonrisa y sin desesperarse.

Este post está publicado en la web especializada en baloncesto Basketme:

http://www.basketme.com/2.0/opinion.php?id=533

Si te interesa saber más sobre el baloncesto lituano puedes leer las increibles Crónicas Lituanas escritas por Juan Carlos Gallego en el foro de baloncesto de la ACB. Uno de los mejores relatos sobre baloncesto que he leido.

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