Se conoce como Rin Romántico al tramo del legendario rio que transcurre entre las ciudades de Coblenza (Koblenz) y Bingen. Son 65 kilómetros en las que las frondosas y escarpadas laderas del Rin están salpicadas de fortalezas, castillos y encantadores pueblecitos de calles empedradas. La UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 2002 bajo el nombre de “Valle del curso medio del Alto Rin”. En Alemania es conocido también como la Garganta del Rin.
Organización y detalles prácticos
Cuándo ir: durante la primavera y la primera parte del otoño. En verano suele haber mucha gente y todo es muy caro y en invierno muchos sitios cierran. Nosotros fuimos a finales de abril de 2011 y tuvimos un tiempo perfecto, 25 grados y mucho sol. En cuanto a gente se estaba bastante bien, aunque el viernes se empezó a notar que llegaba mucha gente a pasar el fin de semana atraídos por el buen tiempo.
Cómo llegar: nosotros hicimos el recorrido de norte a sur en nuestro coche, llegando a Coblenza desde Londres. Cruzamos el Canal en el ferry Dover – Dunquerque con Norfolkline. Pagamos £79 en total por 2 personas y el coche y se tarda algo menos de dos horas en cruzar. De Londres a Dover hay unos 125 Km (sobre 1h45’) y desde Dunquerque a Coblenza unos 450 Km (4h30’). Para no hacer todo el viaje de un tirón hicimos noche en Genk (Bélgica). Nos quedamos en el NH Molenvijver (4*, 57€), bastante nuevo, limpio y sin problemas.
Para llegar en avión: los aeropuertos más cercanos son Frankfurt-Hanh (84Km), Cologne-Bonn (108Km) y Frankfurt-am-Main (126Km, éste es el aeropuerto principal de Frankfurt). A los dos primeros se pueden encontrar buenas ofertas desde muchas ciudades españolas. Además Vueling suele tener buenos precios para volar a Frankfurt.
Cómo moverse una vez allí: si puedes llevar vehículo propio ya sea el tuyo o alquilado es la opción más cómoda. Da mucha libertad y puedes explorar todos los rincones fácilmente. Dado que las distancias son muy cortas, con un coche se puede ver todo bastante bien en 2-3 días.
Si se va a utilizar transporte público habrá que combinar varias opciones. Una posibilidad atractiva es en barco aunque no para en todos los pueblos. La web de la compañía principal es http://www.k-d.de/english/home/ y además hay otras dos compañías más pequeñas que también ofrecen servicio: http://roesslerlinie.de/en/ , http://www.bingen-ruedesheimer.com/rhine-cruise/index.html .
El tren que va de Coblenza a Mainz para en los pueblos de la orilla izquierda. Para los pueblos que están en la orilla derecha hay que utilizar el autobús.
Dado que no hay puentes en todo el recorrido, para pasar de una orilla a otra hay un pequeño ferry que puede transportar coches. Se puede coger en alguno de los pueblos (St Goar y Boppard por ejemplo) y está bien indicado desde la carretera. Efectúan la travesía cada 15 o 20 minutos y se tardan unos pocos minutos en cruzar el rio. Cuesta sobre 1.6€ por persona y 4.5€ por el coche.
También se puede hacer la ruta andando. Los senderos están muy bien señalizados y en muy buen estado. No siempre siguen el curso del rio, a veces se apartan y suben y bajan frecuentemente las paredes de la garganta. Las rutas que he encontrado que cubren los sitios más destacados de ambas orillas recorren unos 140 Km en total y recomiendan hacerlo en una semana.
PRIMER DÍA: DE COBLENZA (KOBLENZ) A BOPPARD
Coblenza
Coblenza se encuentra en el punto donde confluyen el Rin y el Mosela. Los romanos se dieron cuenta del gran valor estratégico del enclave y fundaron un campamento permanente en el año 8 d.C. del que más tarde surgió la ciudad. El sitio justo donde se unen ambos ríos se llama Deutsches Eck (Esquina Alemana) y tiene una enorme estatua ecuestre del Kaiser Guillermo I que fue gravemente dañada en la SGM y poco después desmontada. Tras la reunificación del país se hizo una réplica y se colocó en el pedestal original.
La ciudad me pareció muy agradable, llena de terrazas y cafés y en la que merece la pena pasar medio día paseando tranquilamente. En el centro hay unos cuantos edificios llamativos aunque lo mejor es el paseo junto al rio que termina en el mencionado Deutsches Eck, una flecha de tierra que se adentra en el mismo corazón del rio. Desde allí hay una interesante vista de la ciudad, las suaves montañas que la rodean y de ambos ríos.
Un buen sitio donde comer: tomamos unas enormes y deliciosas salchichas circulares y un par de cervezas de medio litro en un restaurante de estilo típico alemán llamado Altes Brauhaus. Todo por 24€. Muy recomendable.
Castillo Stolzenfels (orilla Oeste)
Una vez dejas Coblenza para empezar la ruta propiamente dicha bajando por la carretera nacional número 9, a apenas 8 kilómetros te encuentras con el imponente castillo Stolzenfels. Construido en 1259, fue destruido 4 siglos más tarde y abandonado durante 150 años. En 1823 la ciudad de Coblenza le regala las ruinas del castillo al príncipe (y futuro rey) Federico Guillermo IV de Prusia, que decide reconstruirlo y le da su actual aspecto (prusiano-romántico según el folleto) en 1847.
Aparte de lo bonito que es el castillo en sí, las habitaciones se conservan casi intactas, con muebles y ornamentos, lo que da una idea aproximada de como vivía la realeza prusiana de la época. Está rodeado de un amplio jardín por el que se puede pasear sin pagar entrada. Durante nuestra visita éramos casi los únicos visitantes y estaban remodelando partes de las habitaciones. Las vistas del principio del valle desde las torres superiores son estupendas. Con la entrada (4€) te dan un folleto explicativo en inglés con mucha información.
http://stolzenfels.gdke.webseiten.cc/
Boppard (orilla Oeste)
Boppard es parada obligatoria en la visita al Rin Romántico y fue el sitio que elegimos para pasar la noche. Con 15000 habitantes es el pueblo más grande hasta llegar a Bingen y está a unos 20 Km de Coblenza. Aparte de ser muy bonito (un ejemplo perfecto de encantador pueblo alemán) está en la parte en la que el rio hace su giro más brusco de todo su curso, formando una herradura. Hay bastantes cosas que ver: la calle principal (Oberstrasse) llena de casas típicas con vigas de madera en la fachada, la marksplatz en la que aún hay día de mercado, un par de iglesias bonitas y un trozo de muralla romana, con lo que se puede pasar recorriéndolo medio día sin aburrirse. Una actividad muy popular (aunque nosotros no la hicimos) es subir en el sesselbanh (telesillas) al llamado “punto de los 4 lagos” desde el que las montañas no dejan ver más que 4 parches de agua del Rin y parece que en realidad estás viendo lagos no conectados. Nos quedamos a dormir en el Hotel Sonnenhof por 55€. Bonito, limpio y con buen desayuno. Recomendable
SEGUNDO DÍA: DE BOPPARD A BINGEN
Braubach y el Castillo de Marksburg (orilla Este)
En Boppard cogimos el ferry para pasar a la orilla derecha del rio. Una vez estuvimos en el otro lado fuimos unos kilómetros hacia el norte (dirección Coblenza) para ver el pueblo de Braubach y el castillo de Marksburg.
El castillo de Marksburg es quizás el más famoso y representativo de todos los de la ruta. Es el único castillo medieval del Rin que nunca ha sido destruido y lleva habitado ininterrumpidamente los últimos 700 años. Fue construido a principios del siglo XII y se fue expandiendo progresivamente con cada nuevo dueño, con lo que se pueden apreciar diferentes estilos. Sus muros de color claro y los torreones de diferentes estilos le dan elegancia y sensación de ligereza. Está en un promontorio desde el que domina tanto el rio como las colinas de alrededor. Solo se puede recorrer dentro de una visita guiada y a nosotros por cuestiones de tiempo nos coincidió en alemán, con lo que fuimos todo lo a nuestro aire que pudimos pero sin que nos pudiésemos separar totalmente del grupo. La entrada costaba 6€. A mí me pareció el castillo que más merece la pena visitar de todos en caso de que por tiempo o presupuesto os tengáis que decidir por uno en concreto. La web oficial (en inglés) es http://www.marksburg.de/english/frame.htm
Al pie del castillo está el pueblecito de Braubach. Es muy tranquilo y tiene varias casas antiguas muy bien conservadas, pero es bastante pequeño y se ve en apenas media hora paseando tranquilamente. Nos tomamos una cerveza en la diminuta marktplatz desde la que se veía Marksburg y se estaba estupendamente.
De Braubach a Sankt Goarhausen (orilla Este), Bacharach y castillo Burg Stahleck (orilla Oeste)
Retomamos el camino hacia el sur y pasamos por zonas en las que había los famosos viñedos de la región (Mittelrhein), cultivados en terrazas creadas en las empinadísimas laderas y que parecen estar casi suspendidas. Merece la pena pararse a verlos porque además el panorama es fantástico al no tener vegetación obstruyendo la vista. Conduciendo despacio pero sin pararnos hicimos los 25 Km que separan Braubach de Sankt Goarshausen donde volvimos a coger el ferry para volver a la orilla Oeste. El pueblo al que se cruza está justo enfrente y se llama Sankt Goar, a la sombra de las impresionantes ruinas del castillo de Burg Rheinfels. Al salir de Sankt Goar, donde no paramos, vimos la famosa roca de Lorelei en la otra orilla. Aquí es donde el Rin alcanza su punto más estrecho pero la fama le viene por ser el lugar que ha inspirado diversas historias folclóricas y mitológicas.
Bajando de nuevo por la orilla izquierda no nos paramos tampoco el siguiente pueblo, Oberwesel, y lo hicimos para comer (un buen restaurante italiano en una de las casitas típicas pero no recuerdo el nombre) en el pequeño y coqueto Bacharach. Después de comer subimos andando (15 minutos) a ver el sobrio y señorial castillo de Burg Stahleck. Construido alrededor de 1135, fue destruido en 1689. El castillo actual es una reconstrucción hecha en el primer cuarto del siglo XX. A principios de los 30 se convirtió en la estrella de la red de albergues juveniles alemana, lo que sigue siendo hasta hoy. Merece la pena intentar reservar con antelación (está muy demandado) porque tanto el castillo como las vistas son sobresalientes. Nos tomamos una cerveza en la terraza que era la antigua plaza de armas y nos supo a gloria.
Bingen
Recorrimos tranquilamente los últimos 16 kilómetros hasta Bingen sin más paradas y nos quedamos a hacer noche allí. Al igual que Coblenza, Bingen también se haya en la confluencia de dos ríos, en este caso el afluente Nahe cruza la ciudad para desembocar en el Rin. La ciudad es amplia, luminosa y algo menos turística que los otros pueblos del recorrido. La parte más atractiva es la gran explanada que discurre junto al Rin, llena de parterres y árboles. En una isleta en el centro del rio hay una torre llamada Mäuseturm (Torre del Ratón) porque en ella se supone que murió Hatto, arzobispo de Mainz, devorado por los ratones. La calle principal, Basilikastrasse, es peatonal y está llena de comercios entre los que se intercalan algunos edificios interesantes que reflejan el pasado comerciante de la ciudad. La visita imprescindible es subir al magnifico Burg Klopp, el castillo que domina la ciudad. Se llega subiendo un tramo de escaleras primero y tras un corto paseo después. Tiene un cuidado jardín alrededor y un restaurante con una maravillosa terraza cuyas tremendas vistas son el sitio ideal para despedir al Rin Romántico.
Como era viernes y hacia un tiempo estupendo se ve que mucha gente decidió venir a pasar el fin de semana a la zona y nos costó un poco de tiempo encontrar alojamiento en Bingen. Tras buscar y rebuscar nos acabamos quedando en el Hotel Café Koppel por 68€. Limpio, cuidado y buen desayuno aunque algo caro. Recomendable.






































