Guía


Se conoce como Rin Romántico al tramo del legendario rio que transcurre entre las ciudades de Coblenza (Koblenz) y Bingen. Son 65 kilómetros en las que las frondosas y escarpadas laderas del Rin están salpicadas de fortalezas, castillos y encantadores pueblecitos de calles empedradas. La UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 2002 bajo el nombre de “Valle del curso medio del Alto Rin”. En Alemania es conocido también como la Garganta del Rin.

Mapa

Organización y detalles prácticos

Cuándo ir: durante la primavera y la primera parte del otoño. En verano suele haber mucha gente y todo es muy caro y en invierno muchos sitios cierran. Nosotros fuimos a finales de abril de 2011 y tuvimos un tiempo perfecto, 25 grados y mucho sol. En cuanto a gente se estaba bastante bien, aunque el viernes se empezó a notar que llegaba mucha gente a pasar el fin de semana atraídos por el buen tiempo.

Cómo llegar: nosotros hicimos el recorrido de norte a sur en nuestro coche, llegando a Coblenza desde Londres. Cruzamos el Canal en el ferry Dover – Dunquerque con Norfolkline. Pagamos £79 en total por 2 personas y el coche y se tarda algo menos de dos horas en cruzar. De Londres a Dover hay unos 125 Km (sobre 1h45’) y desde Dunquerque a Coblenza unos 450 Km (4h30’). Para no hacer todo el viaje de un tirón hicimos noche en Genk (Bélgica). Nos quedamos en el NH Molenvijver (4*, 57€), bastante nuevo, limpio y sin problemas.

Para llegar en avión: los aeropuertos más cercanos son Frankfurt-Hanh (84Km), Cologne-Bonn (108Km) y Frankfurt-am-Main (126Km, éste es el aeropuerto principal de Frankfurt). A los dos primeros se pueden encontrar buenas ofertas desde muchas ciudades españolas. Además Vueling suele tener buenos precios para volar a Frankfurt.

Cómo moverse una vez allí: si puedes llevar vehículo propio ya sea el tuyo o alquilado es la opción más cómoda. Da mucha libertad y puedes explorar todos los rincones fácilmente. Dado que las distancias son muy cortas, con un coche se puede ver todo bastante bien en 2-3 días.

Si se va a utilizar transporte público habrá que combinar varias opciones. Una posibilidad atractiva es en barco aunque no para en todos los pueblos. La web de la compañía principal es http://www.k-d.de/english/home/ y además hay otras dos compañías más pequeñas que también ofrecen servicio: http://roesslerlinie.de/en/ , http://www.bingen-ruedesheimer.com/rhine-cruise/index.html .

El tren que va de Coblenza a Mainz para en los pueblos de la orilla izquierda. Para los pueblos que están en la orilla derecha hay que utilizar el autobús.

Dado que no hay puentes en todo el recorrido, para pasar de una orilla a otra hay un pequeño ferry que puede transportar coches. Se puede coger en alguno de los pueblos (St Goar y Boppard por ejemplo) y está bien indicado desde la carretera. Efectúan la travesía cada 15 o 20 minutos y se tardan unos pocos minutos en cruzar el rio.  Cuesta sobre 1.6€ por persona y 4.5€ por el coche.

También se puede hacer la ruta andando. Los senderos están muy bien señalizados y en muy buen estado. No siempre siguen el curso del rio, a veces se apartan y suben y bajan frecuentemente las paredes de la garganta. Las rutas que he encontrado que cubren los sitios más destacados de ambas orillas recorren unos 140 Km en total y recomiendan hacerlo en una semana.

PRIMER DÍA: DE COBLENZA (KOBLENZ) A BOPPARD

Coblenza

Coblenza se encuentra en el punto donde confluyen el Rin y el Mosela. Los romanos se dieron cuenta del gran valor estratégico del enclave y fundaron un campamento permanente en el año 8 d.C. del que más tarde surgió la ciudad. El sitio justo donde se unen ambos ríos se llama Deutsches Eck (Esquina Alemana) y tiene una enorme estatua ecuestre del Kaiser Guillermo I que fue gravemente dañada en la SGM y poco después desmontada. Tras la reunificación del país se hizo una réplica y se colocó en el pedestal original.

La ciudad me pareció muy agradable, llena de terrazas y cafés y en la que merece la pena pasar medio día paseando tranquilamente. En el centro hay unos cuantos edificios llamativos aunque lo mejor es el paseo junto al rio que termina en el mencionado Deutsches Eck, una flecha de tierra que se adentra en el mismo corazón del rio. Desde allí hay una interesante vista de la ciudad, las suaves montañas que la rodean y de ambos ríos.

Un buen sitio donde comer: tomamos unas enormes y deliciosas salchichas circulares y un par de cervezas de medio litro en un restaurante de estilo típico alemán llamado Altes Brauhaus. Todo por 24€. Muy recomendable.

Coblenza desde el Deutsches Eck

Coblenza desde el Deutsches Eck

Castillo Stolzenfels (orilla Oeste)

Una vez dejas Coblenza para empezar la ruta propiamente dicha bajando por la carretera nacional número 9, a apenas 8 kilómetros te encuentras con el imponente castillo Stolzenfels. Construido en 1259, fue destruido 4 siglos más tarde y abandonado durante 150 años. En 1823 la ciudad de Coblenza le regala las ruinas del castillo al príncipe (y futuro rey) Federico Guillermo IV de Prusia, que decide reconstruirlo y le da su actual aspecto (prusiano-romántico según el folleto) en 1847.

Aparte de lo bonito que es el castillo en sí, las habitaciones se conservan casi intactas, con muebles y ornamentos, lo que da una idea aproximada de como vivía la realeza prusiana de la época. Está rodeado de un amplio jardín por el que se puede pasear sin pagar entrada. Durante nuestra visita éramos casi los únicos visitantes y estaban remodelando partes de las habitaciones. Las vistas del principio del valle desde las torres superiores son estupendas. Con la entrada (4€) te dan un folleto explicativo en inglés con mucha información.

http://stolzenfels.gdke.webseiten.cc/

Castillo Stolzenfels (foto de la Wiki)

Castillo Stolzenfels (foto de la Wiki)

Patio interior de Stolzenfels

Patio interior de Stolzenfels

Boppard (orilla Oeste)

Boppard es parada obligatoria en la visita al Rin Romántico y fue el sitio que elegimos para pasar la noche. Con 15000 habitantes es el pueblo más grande hasta llegar a Bingen y está a unos 20 Km de Coblenza. Aparte de ser muy bonito (un ejemplo perfecto de encantador pueblo alemán) está en la parte en la que el rio hace su giro más brusco de todo su curso, formando una herradura. Hay bastantes cosas que ver: la calle principal (Oberstrasse) llena de casas típicas con vigas de madera en la fachada, la marksplatz en la que aún hay día de mercado, un par de iglesias bonitas y un trozo de muralla romana, con lo que se puede pasar recorriéndolo medio día sin aburrirse. Una actividad muy popular (aunque nosotros no la hicimos) es subir en el sesselbanh (telesillas) al llamado “punto de los 4 lagos” desde el que las montañas no dejan ver más que 4 parches de agua del Rin y parece que en realidad estás viendo lagos no conectados. Nos quedamos a dormir en el Hotel Sonnenhof por 55€. Bonito, limpio y con buen desayuno. Recomendable

SEGUNDO DÍA: DE BOPPARD A BINGEN

Braubach  y el Castillo de Marksburg (orilla Este)

En Boppard cogimos el ferry para pasar a la orilla derecha del rio. Una vez estuvimos en el otro lado fuimos unos kilómetros hacia el norte (dirección Coblenza) para ver el pueblo de Braubach y el castillo de Marksburg.

El castillo de Marksburg es quizás el más famoso y representativo de todos los de la ruta. Es el único castillo medieval del Rin que nunca ha sido destruido y lleva habitado ininterrumpidamente los últimos 700 años. Fue construido a principios del siglo XII y se fue expandiendo progresivamente con cada nuevo dueño, con lo que se pueden apreciar diferentes estilos. Sus muros de color claro y los torreones de diferentes estilos le dan elegancia y sensación de ligereza. Está en un promontorio desde el que domina tanto el rio como las colinas de alrededor. Solo se puede recorrer dentro de una visita guiada y a nosotros por cuestiones de tiempo nos coincidió en alemán, con lo que fuimos todo lo a nuestro aire que pudimos pero sin que nos pudiésemos separar totalmente del grupo. La entrada costaba 6€. A mí me pareció el castillo que más merece la pena visitar de todos en caso de que por tiempo o presupuesto os tengáis que decidir por uno en concreto. La web oficial (en inglés) es http://www.marksburg.de/english/frame.htm

El castillo de Marksburg visto desde Braubach

El castillo de Marksburg visto desde Braubach

El Rin desde los torreones de Marksburg

El Rin desde los torreones de Marksburg

Al pie del castillo está el pueblecito de Braubach. Es muy tranquilo y tiene varias casas antiguas muy bien conservadas, pero es bastante pequeño y se ve en apenas media hora paseando tranquilamente. Nos tomamos una cerveza en la diminuta marktplatz desde la que se veía Marksburg y se estaba estupendamente.

Casas tipicas en Braubach

Casas tipicas en Braubach

De Braubach a Sankt Goarhausen (orilla Este), Bacharach y castillo Burg Stahleck (orilla Oeste)

Retomamos el camino hacia el sur y pasamos por zonas en las que había los famosos viñedos de la región (Mittelrhein), cultivados en terrazas creadas en las empinadísimas laderas y que parecen estar casi suspendidas. Merece la pena pararse a verlos porque además el panorama es fantástico al no tener vegetación obstruyendo la vista. Conduciendo despacio pero sin pararnos hicimos los 25 Km que separan Braubach de Sankt Goarshausen donde volvimos a coger el ferry para volver a la orilla Oeste. El pueblo al que se cruza  está justo enfrente y se llama Sankt Goar, a la sombra de las impresionantes ruinas del castillo de Burg Rheinfels. Al salir de Sankt Goar, donde no paramos, vimos la famosa roca de Lorelei en la otra orilla. Aquí es donde el Rin alcanza su punto más estrecho pero la fama le viene por ser el lugar que ha inspirado diversas historias folclóricas y mitológicas.

Vinedos con el Rin al fondo

Terrazas con viñedos a las afueras de Braubach

Bajando de nuevo por la orilla izquierda no nos paramos tampoco el siguiente pueblo, Oberwesel, y lo hicimos para comer (un buen restaurante italiano en una de las casitas típicas pero no recuerdo el nombre) en el pequeño y coqueto Bacharach. Después de comer subimos andando (15 minutos) a ver el sobrio y señorial  castillo de Burg Stahleck. Construido alrededor de 1135, fue destruido en 1689. El castillo actual es una reconstrucción hecha en el primer cuarto del siglo XX. A principios de los 30 se convirtió en la estrella de la red de albergues juveniles alemana, lo que sigue siendo hasta hoy. Merece la pena intentar reservar con antelación (está muy demandado) porque tanto el castillo como las vistas son sobresalientes. Nos tomamos una cerveza en la terraza que era la antigua plaza de armas y nos supo a gloria.

Bacharach y Burg Stahleck

Bacharach con Burg Stahleck arriba

Burg Stahleck

Burg Stahleck

Vistas desde Burg Stahleck

Vistas desde Burg Stahleck

Bingen

Recorrimos tranquilamente los últimos 16 kilómetros hasta Bingen sin más paradas y nos quedamos a hacer noche allí. Al igual que Coblenza, Bingen también se haya en la confluencia de dos ríos, en este caso el afluente Nahe cruza la ciudad para desembocar en el Rin. La ciudad es amplia, luminosa y algo menos turística que los otros pueblos del recorrido. La parte más atractiva es la gran explanada que discurre junto al Rin, llena de parterres y árboles. En una isleta en el centro del rio hay una torre llamada Mäuseturm (Torre del Ratón) porque en ella se supone que murió Hatto, arzobispo de Mainz, devorado por los ratones. La calle principal, Basilikastrasse, es peatonal y está llena de comercios entre los que se intercalan algunos edificios interesantes que reflejan el pasado comerciante de la ciudad. La visita imprescindible es subir al magnifico Burg Klopp, el castillo que domina la ciudad. Se llega subiendo un tramo de escaleras primero y tras un corto paseo después. Tiene un cuidado jardín alrededor y un restaurante con una maravillosa terraza cuyas tremendas vistas son el sitio ideal para despedir al Rin Romántico.

Como era viernes y hacia un tiempo estupendo se ve que mucha gente decidió venir a pasar el fin de semana a la zona y nos costó un poco de tiempo encontrar alojamiento en Bingen. Tras buscar y rebuscar nos acabamos quedando en el Hotel Café Koppel por 68€. Limpio, cuidado y buen desayuno aunque algo caro. Recomendable.

Bingen desde la terraza de Burg Klopp

Bingen desde la terraza de Burg Klopp

Burg Klopp al anochecer

Fechas: 21/03/2008 al 05/04/2008

Visado: No hace falta visado para una estancia máxima de 90 días si se tiene pasaporte español vigente. Para el resto de nacionalidades aquí.

Moneda: la moneda local es el Colón aunque se aceptan dólares americanos en casi todas partes, sobre todo en zonas turísticas. Si llevas dólares no compensa cambiarlos por  Colones. A veces pagas en dólares y te devuelven el cambio en Colones.

Detalles del vuelo: Madrid Barajas (MAD) – San José Juan Santamaría (SJO). Vuelo directo con Iberia en un Airbus 340. El tiempo de vuelo a la ida fue de unas 11 horas y de 10 y media a la vuelta. Ambos vuelos iban llenos, fueron puntuales y no tuvimos ningún problema. Según la época del año el precio de los vuelos varía bastante (750€ – 1200€ en general), siendo más caros alrededor de Semana Santa y en julio-agosto. Las mejores ofertas suelen ser en octubre – noviembre.

Itinerario: Alajuela, volcán Poás, Turrialba (rafting), Cariari, PN Tortuguero, La Fortuna, volcán Arenal, volcán Tenorio, Monteverde, Playas del Coco, PN Santa Rosa, península de Nicoya, Montezuma, Isla Tortuga, Jaco, PN Manuel Antonio, Sierpe, Drake, Isla del Caño, PN Corcovado, Cartago, valle de Orosi, volcán Irazú.

Cuándo ir: en general la mejor época para ir a Costa Rica es en la estación seca: de enero a abril. Yo fui finales de marzo-principios de abril y el tiempo fue simplemente perfecto (no nos llovió ni un día y hacía calor pero no demasiado). Los meses a intentar evitar son julio, agosto, septiembre y la primera mitad de octubre por ser temporada de lluvias. En algunas webs/foros recomiendan ir en noviembre y diciembre porque la temporada de lluvias ha terminado y hay muy pocos turistas.

La web oficial del Instituto Meteorológico de Costa Rica es: http://www.imn.ac.cr/

Vacunas: no es obligatorio ponerse ninguna vacuna si se va desde España / Europa. Te pueden pedir la vacuna contra de la fiebre amarilla si viajas a Costa Rica desde algunos sitios del África Subsahariana y Sudamérica.

Alquiler de coche y conducir en Costa Rica: en mi opinión merece la pena alquilar un coche en Costa Rica dado el manejable tamaño del país (unos 51.000 Km2) ya que la visita se optimiza enormemente. También creo que es necesario alquilar un todoterreno porque hay zonas en las que las carreteras no son demasiado buenas e incluso se transforman en pistas de tierra que con la lluvia se vuelven impracticables en un coche normal. Yo alquilé un Daihatsu Terios con Hertz para toda la duración del viaje. No lo llevé contratado de antemano porque los precios que encontré por internet eran muy caros y preferí arriesgarme a alquilarlo allí. En el mismo aeropuerto hay mostradores de diversas compañías y tras preguntar en todos me decidí por Hertz. Se puede regatear e ir de un mostrador a otro a ver si te mejoran la oferta.

No es mala idea alquilar un GPS porque las indicaciones en carreteras y cruces no son demasiado buenas (nosotros nos perdimos un par de veces al menos). Si no tienes GPS es aconsejable preguntar en el hotel/hostal o en una gasolinera la mejor forma de llegar a tu destino, los mapas no son siempre fiables, sobre todo en lo que se refiere a cómo de buena es una carretera. También merece la pena consultar la ruta que vas a hacer en la web de tráfico costarricense por si ha habido inundaciones, desprendimientos o corrimientos, especialmente si vas en la estación de lluvias:

http://www.transito.go.cr/estadorutas/index.html

Las carreteras no son ninguna maravilla pero tampoco las recuerdo tan mal como he leido en algunas webs y blogs. Generalmente son de doble sentido y sin arcén, aunque alrededor  de la capital las hay de doble carril y autopistas de peaje. Los baches y el asfalto irregular son comunes y si te sales de las carreteras nacionales te puedes encontrar que el asfalto desaparece y deja paso a grava o a una pista forestal. Recuerdo que para llegar a Montezuma (en la península de Nicoya ) tuvimos que vadear un par de riachuelos/rios a pelo.

Para el itinerario mencionado arriba recorrimos en total 2515 Kms

Algunas webs y blogs interesantes para organizar el viaje:

Foros y blogs de Los Viajeros

Foro Costa Rica en Lonely Planet (inglés)

Planificador de rutas (inglés)

http://juandamarin.com/2010/12/31/costa-rica-bocas-del-toro-panama/

http://sobrecostarica.blogspot.co.uk/

Costa Rica en la web del Ministerio de Asuntos Exteriores 

Parque Nacional Volcán Tenorio

Aun aceptando el axioma de que Londres nunca deja de sorprenderte porque te puedes encontrar cualquier cosa por la calle, el primer día que fui a la que sigue siendo mi oficina de O2 (allá por el otoño de 2006) me llevé un pedazo de sorpresa. En una calle secundaria y no demasiado concurrida del tranquilo barrio de Bermondsey me encontré con un tanque de la Segunda Guerra Mundial aparcado en un parterre sin nada más alrededor. Y además no un tanque cualquiera, sino uno de los mejores nunca fabricados: un T-34 soviético, héroe de Stalingrado y uno de los más logrados diseños militares de la SGM que más de 50 años después de ser creado aún se utilizaba en conflictos en diversas partes del mundo.

Stompie front

La historia de cómo acabó semejante artilugio en una calle dónde lo único que hay son edificios bajos de ladrillo con oficinas y depósitos industriales es curiosa y con ciertos tintes de leyenda urbana. Nuestro T-34 fue un chico malo durante su juventud y lo utilizaron para aplastar la Primavera de Praga en 1968 para luego transferirlo al ejército checoslovaco. A principios de los 90 fue adquirido como parte de un cargamento de material bélico ruso retirado del servicio por una empresa británica que proporcionaba material militar para películas. Dicha empresa lo trajo al Reino Unido y fue utilizado en 1995 en la película Richard III, una adaptación moderna del clásico de Shakespeare.

Ese mismo año un vecino de Bermondsey llamado Rusell Gray decide comprarlo por la módica cifra de £7000 y ponerlo en un solar en el cruce de las calles Mandela Way y Pages Walk. Al parecer Gray, constructor de profesión, estaba muy cabreado con el Southwark Council (ayuntamiento al que pertenece Bermondsey) por no dejarle construir en dicho solar. Así que decidió comprar el tanque como regalo para su hijo que entonces tenía 7 años y ponerlo allí… siguiendo la lógica habitual de “si no me dejas construir un edificio al menos pongo un tanque en el solar”. Me imagino que el crio presumió bastante de regalo de navidad ese año. Por si no había quedado claro del todo que era un regalo-protesta puso el cañón de la torreta apuntando al edificio del ayuntamiento de Southwark.

Stompie right side

Para conseguir la autorización para poner un tanque poco menos que en medio de la ciudad rellenó la petición de permiso poniendo simplemente “tank”, por lo que los funcionarios de turno supusieron que era de agua o séptico, no uno de guerra. Al Council no le acabó de hacer gracia el que se la hubiesen dado con queso y durante un tiempo intentaron buscarle pegas: pusieron en uno de los laterales del tanque una pegatina que decía “retirar para desguace”  (se ve que a los barrenderos no les cabía en el carrito y lo tuvieron que dejar allí), investigaron si había sido legalmente dado de baja para uso militar e incluso sugirieron que podría ser una riesgo para la seguridad. Finalmente parece que lo han aceptado como una curiosidad del barrio que aparece en todas las guías de “lo más raro de ver en Londres”. A Mr Gray le deben de ir las movidas quijotescas ya que volvió a salir en las noticias unos años más tarde cuando tuvo que pagar un cuarto de millón de libras en los gastos del juicio cuando impugnó la expulsión de su hijo de un colegio carillo y elitista.

El improbable nuevo vecino de Bermondsey fue bautizado como Stompie en honor a Stompie Muketsi Sepei, un adolescente asesinado en 1989 por sicarios de Winnie Mandela, un guiño con cierto sentido de justicia poética  dada la calle en la que está (Mandela Way). Desde 1995 el T-34 ha sido pintado varias veces con permiso del autor. En 2002 una artista polaca lo pintó de rosa, un tiempo después un grupo de grafitteros lo decoraron imitando a un taxi de Chicago y también pasó por una época de camuflaje algo psicodélico. En la actualidad tiene varios graffitis desordenados y partes en las que aún se ven los anteriores trabajos. En algunas webs mencionan que Stompie atrae a muchos visitantes pero cuando (casi a diario) paso por delante suya suele estar tranquilamente disfrutando de su jubilación pero sin compañía.

Chicago Cab Stompie

Stompie disfrazado de taxi de Chicago, sacada de la Wikipedia

A lo largo de estos años he visto varias veces a modelos vestidas con ropa militar haciéndose sesiones de fotos en el solar de Stompie, en un par de ocasiones a gente filmando cortos caseros y una vez hasta unos chavales usándolo en un juego de rol. Aquí dejo un curioso corto en el que sale y un video de Mitch Benn grabado en el solar con el tanque de fondo.

Como visitarlo

La parada de metro más cercana es Elephant&Castle en la Northern Line (se tardan unos 15 minutos andando). Otras estaciones cercanas son Bermondsey (Jubilee line) y London Bridge (Northern y Jubilee Lines) desde las que se tardan unos 20 minutos.

Mandela Way es una paralela a New Kent Road. Yo desaconsejaría ir de noche porque es una zona no muy iluminada y muy poco transitada fuera de horas de oficina. Hasta hace poco el solar estaba bastante abandonado, con basura y matojos altos que apenas dejaban ver el tanque desde fuera de la verja que lo rodea. En las últimas semanas han quitado casi toda la maleza (el invierno también ha ayudado) y lo han limpiado un poco.

Stompie desde fuera

Bermondsey no es una zona que atraiga demasiados turistas, aunque tiene un conocido mercado de antigüedades (Caledonian Market)

Stompie left side

Nota: el pasado fin de semana (16-17 de Febrero 2013) han vuelto a pintar a Stompie, esta vez todo de blanco con su nombre y una estrella roja recordatoria de sus orígenes.

 

 

Stompie Blanco

El camuflaje para la nieve no la duró demasiado, apenas una par de semanas más tarde ya lo habían pintado otra vez. La foto de abajo está hecha a principios de junio de 2013

Stompie Jun13

 

 

Cuando pienso en un sitio que ofrezca una combinación perfecta de playa-relax-comida-paisaje Sagres es uno de los primeros nombres que me vienen a la cabeza y sin duda uno de mis favoritos. La pequeña villa de Sagres (apenas 2000 habitantes) está situada en la mismísima esquina suroeste de Europa, exactamente donde acaba el continente y el Atlántico se abre en todas direcciones. Aquí van 5 razones por las que me parece que Sagres y la zona del Cabo San Vicente son un destino imprescindible:

1.- Las playas: hay 3 playas magníficas rodeando Sagres, todas de arena fina y dorada y cada una con un estilo diferente.

> Mareta: en el mismo pueblo y de ambiente familiar. Mide varios cientos de metros de larga y el agua es fresca y transparente. Es la que está más resguardada de las 3 y el mar suele estar en calma. Hay un chiringuito-restaurante (Bar Restaurante Raposo) practicamente metido en la playa. La comida, sin ser una maravilla no estuvo mal, aunque nos gustaron más los sandwhiches que los platos.

La playa de Mareta con la fortaleza al fondo

> Tonel: una de las playas más famosas para hacer surf de todo Portugal y la razón por la que Sagres se ha convertido en un destino surfero importante. Está justo a la salida del pueblo de camino hacia el Cabo San Vicente y para llegar a ella hay que bajar una pequeña cuesta desde la que no se ve la playa. Al estar bastante escondida la playa sorprende por su tamaño, ya que desde arriba cuesta imaginarse lo extensa y amplia que es. En el centro hay una enorme roca desgastada por los embates del agua que le da personalidad. Hay un pequeño chiringuito al fondo de la cuesta de acceso. Por su orientación es la más expuesta de las 3 y el viento pega constantemente y con fuerza, las olas alcanzan un tamaño considerable y la corriente tira mucho. Siempre que he ido estaba abarrotada de surferos a cualquier hora del día.

> Beliche: mi favorita de entre las playas de Sagres y una de las mejores playas en las que he estado. Hay que salir un par de kilómetros del pueblo en dirección al Cabo, justo al pasar el camping (está bien señalizada, no hay pérdida). Situada al fondo de un acantilado, hay que bajar 160 escalones siendo los últimos 80 bastante empinados. El difícil acceso hace que suela ser la más tranquila de todas ya que es muy poco recomendable si vas con niños y una tonelada de cosas (bajar el carrito es un infierno). Hay un chiringuito básico dónde acaban los escalones. La parte más alejada de la entrada queda bastante escondida (la playa es grande) y suele haber gente haciendo nudismo. Siempre me ha parecido que merece la pena ir a Sagres sólo por pasar unas horas en ésta playa, es simplemente espectacular. Las olas no son demasiado grandes y el agua es transparente y fría.

Panorámica de la playa de Tonel con la fortaleza al fondo

2.- La puesta de sol desde el Cabo de San Vicente: desde el extremo del Cabo, en el que hay un faro, hay una de las puestas de sol más famosas y espectaculares de Europa. Nada (salvo cuando hay nubes, claro) entorpece la vision del sol hundiéndose en pleno océano Atlántico. Suele haber mucha gente cualquier día que haga buen tiempo y se pone hasta los topes cada atardecer del verano, por lo que es recomendable ir con algo de tiempo para coger sitio. A veces la gente lleva bongos y otros instrumentos de percusión para marcarle el ritmo al sol en su descenso y celebrar la despedida de otro dia vivido. Una vez que el sol se ha ido a descansar hasta el día siguiente los espectadores suelen romper a aplaudir. En verano hay tenderetes que venden ropa, comida y souvenirs. Por muy buen día que haya hecho, al anochecer suele pegar mucho el viento y hacer fresco (o frió directamente), así que mejor llevar algo de abrigo. Como curiosidad la carretera que sale de Sagres y va hacia el Cabo termina allí, sin posibilidad de seguir hacia ningún lado.

La costa vista desde Sagres con el Cabo al fondo

3.- El paisaje: acantilados cortados a cuchillo con playas de postal en el fondo, una costa rugosa que una y otra vez entra y sale bruscamente del mar ofreciendo vistas espectaculares, un mar limpio y que refulge bajo el sol como pocos, delfines que nadan cerca de la costa…si se tiene una buena camara se pueden hacer fotos preciosas.

4.- El pueblo de Sagres: me parece un oasis de tranquilidad dentro del Algarve. Por suerte ha permanecido al margen del turismo de masas extranjero de campos de golf y resorts, manteniendo su identidad de pueblo tranquilo y relajado donde el tiempo pasa despacio. A pesar de ser una meca surfera y de haber unos cuantos pubs no se suele escuchar ruido por las noches. La mayoría de las casas son bajas y pintadas de blanco, con la pintura desconchada por la fuerza de la brisa marina en las que estan más cerca del mar. De entre los edificios del pueblo destaca la Fortaleza, situada sobre el llamado Cabo (o promontorio) Sagres,  un pedazo de tierra con mucha historia. Junto a la playa de Beliche están las ruinas de la fortaleza del mismo nombre.

El Faro en el Cabo de San Vicente

5.- La comida, el vinho verde y la cerveza Sagres: poco tiene de novedad decir que en Portugal se come de maravilla y Sagres no es una excepción. Mi restaurante favorito y al que suelo ir siempre se llama Meridiano. Está en la carretera de entrada al pueblo y no parece nada especial pero la comida está estupenda (el arroz caldoso de marisco por ejemplo) y el servicio es familiar y encantador. Si lo acompañas con el suavisímo y delicioso vinho verde local gana aun más puntos (arroz para dos personas con una botella de vino, una ensalada y postre nos salió a 24€ pp en Sept 2012). Para comer algo más ligero me gustó la pizzería Columbu´s.

Sagres además da nombre a la, en mi opinión, mejor cerveza de Portugal. En la mayoría de bares del pueblo la sirven de barril.

Alojamiento

Sagres tiene bastante oferta de alojamiento. Hay bastantes hoteles y además se alquilan habitaciones particulares por todo el pueblo. A las afueras hay un camping pero hace falta (o es recomendable) tener coche propio porque hay que caminar unos dos kilómetros hasta llegar al centro. Fuera de temporada es fácil encontrar buenos precios.

La última vez que estuve me quedé en Mareta View por 87€ la noche con desayuno incluido. Me gustó mucho: muy bonito, limpio y luminoso, las vistas del océano espectaculares, el desayuno estupendo y un servicio relajado y muy agradable. Recomendable.

Hace un par de días me mandó un correo Boris Johnson quejándose de que sólo hablaba en el blog sobre sitios que están al sur del rio, así que hoy toca hablar de la orilla norte. Y vamos con algo con mucha historia pero no especialmente conocido o apreciado por los turistas y londinenses.

El obelisco egipcio de granito rojo de Asuán erróneamente llamado Cleopatra’s Needle (Aguja de Cleopatra) está situado en pleno centro turístico de Londres (Victoria Embankment), a escasos 10 minutos andando del Big Ben. A pesar de sus 21 metros de altura, sus 224 toneladas de peso, sus jeroglíficos y sus casi 3500 años de antigüedad suele pasar desapercibido por estar tapado por los arboles de alrededor y porque es una zona donde pasa menos gente. Desde la otra orilla del rio, en Southbank, tampoco llama demasiado la atención. Siempre creí que era el objeto hecho por el hombre más antiguo al aire libre de todo Londres pero según éste libro es el segundo…tras una escultura (también) egipcia que esta sobre la entrada de la famosa casa de subastas Sotheby’s en Bond Street.

Como he mencionado arriba el nombre con el que se le conoce induce al error. El obelisco no tiene prácticamente nada que ver con la famosa Cleopatra VII, sino que se construyó bajo el reinado de Tutmosis III, faraón de la decimoctava dinastía, hacia el  1450 antes de Cristo y unos 1400 años antes de Cleopatra.  El emplazamiento original fue la ciudad egipcia de Heliópolis y no tenía los actuales jeroglíficos grabados. Éstos fueron añadidos en época de Ramses  II y relatan sus victorias militares. En el año 12 AC los romanos se lo llevaron junto con su hermano gemelo (que está actualmente en Central Park, NY) a Alejandría y lo pusieron en el Cesáreo, templo erigido por (ahora sí) Cleopatra. El templo fue destruido y los obeliscos quedaron enterrados en la arena durante siglos lo que ayudó a que se conservaran los bajorrelieves en muy buen estado.

Dando una gran salto en el tiempo nos vamos a 1819, año en el que Muhammad Ali, virrey de Egipto y Sudán , se lo regaló a los británicos para conmemorar algunas insignes victorias de éstos. Los siempre prácticos british le dieron las gracias pero dejaron claro que no se iban a gastar ni un penny en traérselo, así que lo dejaron enterrado en las arenas de Alejandría. En 1877 un ciudadano británico (Sir Erasmus Wilson, que se ganó el titulo por su desinteresada contribución) decidió patrocinar el traslado dejándose £10000, un dinero considerable en aquella época (aunque he leído en una web otra versión según la cual el dinero se recaudó mediante cuestación popular para conmemorar la victoria sobre Napoleón, la placa en la base del obelisco dedicada a Sir Wilson deja lugar a pocas dudas sobre quién aflojó la pasta).

El Cleopatra

Para transportarlo se construyó un barco de hierro en forma de cilindro flotante de 31 metros de largo por 5 de diámetro y se metió el obelisco dentro con la idea de remolcarlo hasta el Reino Unido. Tenía una pequeña vela, timón y una cabina y se le llamó Cleopatra, nombre al que se asoció el obelisco desde entonces. La travesía fue dificilísima, salpicada por la tragedia y casi acabó en un desastre absoluto. El 14 de Octubre de 1877 una tormenta sorprendió a la expedición en el Golfo de Vizcaya y el Cleopatra empezó a girar sobre sí mismo de manera incontrolada. Su hundimiento parecía inevitable. Seis marineros del barco que la remolcaba saltaron a un bote para rescatar a la tripulación pero volcaron y fallecieron (sus nombres están grabados en una placa de bronce en el pedestal del obelisco). Finalmente el remolcador consiguió ponerse en paralelo al Cleopatra y rescatarlos, cortando luego la cuerda y dejándolo a la deriva. Días después fue encontrado flotando mansamente y sin haberse hundido. Fue remolcado hasta El Ferrol donde fue recogido por otro barco enviado a tal efecto  y llevado finalmente hasta Londres, en la que una multitud vitoreaba dándole la bienvenida mientras subía por el Támesis en enero de 1878. Ocho meses más tarde, en septiembre de 1878, el obelisco fue colocado en su actual emplazamiento.

Escoltando al obelisco hay dos esfinges de bronce fundidas en la época victoriana con jeroglíficos mencionando a Tutmosis III. Las esfinges se ven casi más fácilmente que el obelisco en sí. En un extraño (al menos para mí) gesto se puso una cápsula del tiempo en la parte frontal del pedestal con multitud de objetos victorianos (desde fotos de mujeres guapas de la época y de la reina hasta juguetes, pasando por monedas y puros).

Pero aun hay otra historia interesante relacionada con el obelisco y que no tiene nada que ver con su origen ni su hercúleo traslado. Si te acercas a verlo se observa claramente que tanto su pedestal como el de la esfinge situada más al oeste están considerablemente deteriorados y tienen abundantes marcas de metralla. Y si uno se fija aún un poco más la esfinge tiene “cicatrices” en la pata izquierda. Y la culpa la tienen los bombardeos aéreos…durante la Primera Guerra Mundial.

Esfinge con cicratices y el pedestal con marcas de metralla

El Blitz, el bombardeo sistemático de Londres durante la Segunda Guerra Mundial por la Luftwaffe, es una de las imágenes más icónicas de la contienda. Pero, aunque a otra escala y siendo un hecho mucho menos conocido, Londres ya había sido atacada desde el aire durante la PGM.

Durante los primeros años de la guerra los encargados de llevar a cabo los ataques fueros los zeppelines, hasta que los alemanes fueron capaces de construir bombarderos de largo alcance, los Gothas. Éstos tenían un techo de vuelo bastante más alto que los cazas de la época y eran capaces de evitarlos y regresar casi sin bajas aun sin llevar escolta. El 13 de junio de 1917 fue la primera vez que aviones alemanes bombardearon Londres a plena luz del día. Hubo 162 muertos y más de 400 heridos. La razón para tan elevado número de víctimas dado lo rudimentario de los aviones y su poca  capacidad para bombas es que la gente no tenía conciencia del peligro por ser algo nuevo y salían a la calle a ver a los aviones en lugar de buscar un refugio seguro. La mejora de los sistemas defensivos antiaéreos británicos acabaron con las incursiones diurnas a finales de 1917. Hubo más ataques nocturnos pero las bajas sufridas en accidentes por problemas de navegación y durante los aterrizajes terminaron definitivamente con los bombardeos en 1918. Los temidos Gothas fueron todos destruidos por los acuerdos del Tratado de Versalles y no ha sobrevivido ninguno.

Una placa bajo una de las esfinges dice que los daños al conjunto monumental ocurrieron durante el primer ataque a Londres por aviones alemanes el 4 de Septiembre de 1917, pero el dato es erróneo porque hay ataques documentados, como se ha mencionado arriba, desde mitad de Junio en adelante. Las autoridades de la ciudad decidieron no tocarlo como muestra y recuerdo de los bombardeos.

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Bajo la denominación Imperial War Museums hay 5 museos repartidos por Inglaterra. Tres de ellos están en Londres (IWM London, HMS Belfast y Churchill War Rooms), uno en las midlands (el maravilloso IWM Duxford) y el quinto en Manchester (IWM North). Este post lo voy a dedicar al IWM London por dos razones: me parece el más interesante de los que están en Londres y además es gratis (salvo que quieras ver algunas de las exposiciones temporales). El IWM London esta mucho más cerca del centro de lo que parece, apenas 15 minutos paseando desde el Big Ben, pero sufre el síndrome de “todo lo que está al Sur del rio pero no en Southbank parece que está lejísimos y no va casi nadie”, algo que se extiende a muchos otros sitios que merecen mucho la pena en Londres.

La intrahistoria de la fundación y evolución del museo es muy interesante en sí misma. En plena Primera Guerra Mundial (1917) Sir Alfred Mond propuso la creación de un museo nacional sobre la guerra que “mostrase el esfuerzo bélico del Imperio Británico”. La propuesta fue aceptada con entusiasmo por el Gabinete de Guerra que dirigía los destinos del país en aquella época. Un comité se puso manos a la obra inmediatamente para recolectar piezas y material de valor, incidiendo en darle cabida a historias personales y posesiones de combatientes que reflejasen sus experiencias en el frente y no sólo “fríos objetos de guerra”.

El museo fue inaugurado por el rey Jorge V en el hoy desaparecido Crystal Palace. A pesar de que en el discurso de inauguración Mr Mond quiso dejar claro que el museo “no era un monumento a la gloria militar sino una huella de la entrega y el sacrificio”, hubo bastante polémica y un buen número de políticos y asociaciones se opusieron con firmeza. Polémico o no fue un enorme éxito de público desde el mismo día que abrieron las puertas. En 1924 el museo se mudó al (también desaparecido) edificio del Imperial Institute, en una zona mucho más céntrica y elegante como South Kensington. La zona era mejor pero el edificio demasiado pequeño, así que en 1936 se decidió moverlo una vez más, esta vez a su actual emplazamiento.

Fachada del IWM London

El edificio que alberga el IWM London en la actualidad fue terminado en 1814 para albergar el Bethlem Royal Hospital, con la refinada cúpula añadida en 1846. La reinauguración corrió a cargo del futuro rey Jorge VI en 1936. La Segunda Guerra Mundial impactó enormemente la plácida existencia del museo. Por una parte se cerró al público y se utilizó con fines relacionados con la guerra (centro de documentación, garaje para reparaciones, charlas sobre seguridad ciudadana…). Por otra parte y dada la escasez de maquinaria tras el desastre de Dunquerque algunas piezas del museo (artillería sobre todo) fueron reclamadas por el Ejército para volver a usarlas (aun así el museo se negó a entregar alguna de sus más preciadas y significativas posesiones). Además en 1941 una bomba destruyó algunas galerías. Al acabar la guerra el museo volvió a abrir sus puertas progresivamente, restaurando las partes y objetos dañados poco a poco. La gente, harta de guerras, le dio la espalda e inició un considerable declive.

1966 fue el año en que el museo se revitalizó, expandiendo el edificio y adquiriendo nuevas piezas como los poderosos cañones que adornan la entrada. De 1986 a 1989 el museo cerró su puertas para una profunda remodelación y fue cuando se creó el fantástico atrio central dónde antes había un patio. La nueva inauguración corrió esta vez a cargo de la reina Isabel II. A esta siguieron otras ampliaciones y remodelaciones hasta que en 2000 quedó tal y como lo vemos hoy en día.

El IWM London tiene 5 plantas organizadas alrededor del mencionado atrio central. En ellas hay varias exhibiciones permanentes que cubren todo tipo de temas, desde el Holocausto a una estupenda recreación de la deprimente vida en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Aunque cuando entras no parece demasiado grande yo creo que al menos medio día hace falta para verlo por encima y si te gusta la Historia es fácil quedarse un día entero.

Seis razones para visitarlo (o seis cosas en las que fijarse si ya pensabas ir)

- El atrio central: el edificio en el que está el museo es muy bonito, con una estilizada cúpula y un pórtico neoclásico con columnas jónicas. Pero a mí me conquistó el amplio y luminoso atrio central en forma de hangar y lleno de todo tipo de ingenios mecánicos de diversas épocas: aviones que cuelgan del techo, varios modelos de tanques, camiones, misiles, submarinos… Hay miradores hasta la altura del cuarto piso y es muy recomendable subir y verlo a vista de pájaro. Aquí una foto panorámica de la Wiki.

Vista del Atrio desde el cuarto piso

- Un biplano Sopwith Camel: aunque ahora parezca casi de juguete el Camel es generalmente considerado el mejor avión de combate de la Primera Guerra Mundial. A pesar de que llegó al frente entrado 1917 fue capaz de derribar más aviones enemigos que ningún otro aparato de los Aliados. No apto para pilotos novatos, una vez que le cogías el tranquillo tenía una maniobrabilidad sin igual junto con una velocidad máxima de 185 Km/h. A pesar de que se construyeron unos 5500 sólo quedan 7 en todo el mundo y éste es uno de ellos.

Sopwith Camel

- Los restos del avión Rudolf Hess: aunque las piezas exhibidas no parecen gran cosa (un motor ennegrecido y un trozo no muy grande de la cola del fuselaje) su importancia histórica si lo es. En uno de los episodios más desconcertantes de la SGM, el lugarteniente de Hitler Rudolph Hess decidió volar en solitario al Reino Unido para intentar negociar la paz con los británicos por su cuenta. Saltó en paracaídas cuando sobrevolaba Escocia y fue capturado inmediatamente. Rechazado por ambos bandos como interlocutor válido y repudiado por sus ex camaradas Nazis en los juicios de Núremberg por su conducta errática, acabó siendo el último y único prisionero en Spandau hasta su suicidio en 1987.

Fuselaje del avion de Hess

Motor del avión de Hess

-

- Las bombas volantes V1 y V2: grabadas a sangre y fuego en la memoria colectiva londinense, las Vergeltungswaffen (armas de represalia) fueron diseñadas para sembrar el pánico en Inglaterra haciendo lo nunca visto: matar desde grandes distancias. En total se lanzaron unas 14000 de ellas sobre Inglaterra causando unas 30000 muertes e incontables heridos y daños materiales. Creada por el futuro responsable de la carrera espacial estadounidense Wernher von Braun, la V2 fue el primer artefacto hecho por el hombre en alcanzar el espacio exterior y es considerado el padre de los misiles y cohetes espaciales diseñados desde entonces.

V1

V2

- Un Heinkel He 162: el más rápido de la primerísima generación de cazas a reacción con los que Alemania Nazi esperaba recuperar la superioridad aérea y darle la vuelta a la contienda. Construido a una velocidad increible (apenas 90 días entre su diseño y su primer vuelo) y hecho con materiales baratos y no utilizables para otras armas, es poco menos que un hito tecnológico a pesar de que no era completamente fiable. Entró en servicio en 1945, demasiado tarde para tener algún tipo de impacto. Se construyeron unos 320 y sólo quedan 8 en todo el mundo.

Heinkel He 162

- Un Torpedo Humano italiano: con inequívoca forma de supositorio gigante el  SLC (Siluro a Lenta Corsa – Torpedo de Curso Lento) fue un pequeño submarino ideado por los italianos a finales de los 30 y pensado para infiltrarse, generalmente de noche, en puertos enemigos. El motor eléctrico les permitía acercarse lentamente sin ser detectados a los barcos que pensaban hundir y luego la parte delantera se separaba del submarino y se pegaba al casco del barco como una mina. Una vez dejada la carga con temporizador el SLC se escabullía de vuelta al submarino que los había transportado. En 1941 uno de estos SLC consiguió colarse en el puerto de Valetta (Malta) y dañar seriamente 3 grandes buques británicos. Debe ser muy popular en Italia porque cada vez que voy al IWM hay algún italiano sacándose una foto con el con la misma cara de orgullo que si fuese un Ferrari.

Torpedo Humano SLC

¿Te atreves a buscar la Blue Max?

La Blue Max

La imagen de la derecha es la famosa Blue Max, la más alta condecoración militar alemana hasta 1918 e íntimamente ligada a la aviación militar en la Primera Guerra Mundial. Les era concedida a “los caballeros del aire” alemanes si derribaban 8 enemigos, aunque lo subieron a 16 victorias después. Oscuro objeto del deseo de cualquier piloto alemán como contó con acierto la excelente película “The Blue Max” con George Peppard, en realidad es bastante pequeña y no llama mucho la atención a primera vista. Hay una expuesta en el IWM aunque bastante escondida ¿eres capaz de encontrarla? Una pista: está en el sótano…

Nota: cuando me acerqué ayer (27/07/12) a sacar las fotos para el post me dijeron que una de las joyas del museo, la Brough Superior SS100 en la que se mató Lawrence de Arabia, se la habían llevado el día antes (la tenían en préstamo) y no parece que la vayan a traer de vuelta en los próximos meses o años.

Un par de datos prácticos: la parada de metro más cercana es Lambeth North (Bakerloo Line) aunque Elephant&Castle (Northern y Bakerloo Lines) también está bastante cerca . Un pub agradable donde tomarse algo al lado del IWM es Grand Union.

Nota: el IWM va a estar cerrado los primeros 6 meses de 2013 por reformas

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