Europa


Hace un tiempo escribí un post con 3 rincones de Londres a los que llegan bastantes menos turistas que a otras zonas más conocidas de la ciudad. En este post voy a hablar de uno de mis parques favoritos y que también está fuera de las rutas turísticas habituales. Eso no quiere decir que no haya nadie, de hecho suele estar lleno de gente sobre todo si hace buen tiempo: los parques son las playas de Londres. Los maravillosos parques londinenses son una excusa perfecta para coger un vuelo ahora que todavía se pueden encontrar buenas ofertas (dada la gran cantidad de españoles que han venido a vivir a Londres y al Reino Unido en los últimos dos años los vuelos se han puesto bastante caros, aunque siempre nos queda Ryanair) y visitar rincones menos habituales de la capital.

El parque de Crystal Palace está en el sureste de Londres en el límite de las zonas 3 y 4. Éste toma el nombre de algo que ya no está: el famoso edificio de hierro y cristal que recolocaron aquí tras construirlo para la exposición universal de 1851. A finales de 1936 fue totalmente destruido por el fuego y, aunque no quedan restos del edificio en sí, al parque y la zona que lo rodea se les sigue conociendo como Crystal Palace en lugar de Sydenham Hill, en cuya ladera se apoya.

Crystal Palace

La parte de abajo del parque es la más grande. En ella está el estadio de atletismo dónde se celebraba hasta 2012 el London Grand Prix, uno de los más conocidos mítines del calendario anual y que ahora se ha mudado al Estadio Olímpico. Aunque a la mayoría de la gente el nombre de Crystal Palace le suena por el equipo de fútbol, éste en realidad juega en Selhurst Park un par de millas hacia el sur.

También en la parte de abajo y rodeado por el lago principal hay un curiosísimo zoo-jardín con dinosaurios…de piedra. Fueron la primera representación escultórica de dinosaurios en todo el mundo, hecha por el escultor y zoólogo B.W. Hawkins. Lo más sorprendente de este Parque Jurásico victoriano es que data nada menos que de 1854, antes de que Darwin publicara “El origen de las especies” y en plena efervescencia de la paleontología por los recientes descubrimientos de fósiles. Sin duda un lugar a contracorriente y adelantado a su tiempo y que desde 2002 está catalogado como edificio de grado I por English Heritage. Junto a la entrada que está al lado de la estación de tren se puede visitar un museo que cuenta en detalle la historia del malogrado edificio y de la construcción del parque.

El lago de los Dinosaurios

La parte superior del parque es una amplia terraza donde se asentaba el edificio tras su traslado en 1854. Estaba rodeado de estatuas, fuentes y había una estanque central de forma circular, un poco al estilo de Versalles. Los únicos supervivientes de tan glorioso pasado son las llamadas terrazas italianas y el grupo de esfinges (ornamento recurrente victoriano) y estatuas de corte oriental, la mayoría bastante deterioradas. Esta parte limita con Norwood Ridge, uno de los puntos naturales más altos de todo Londres (112 metros) y ofrece unas estupendas vistas panorámicas. Muy cerca y dentro del perímetro del parque está la antena de televisión de Crystal Palace, que con sus 213 metros se ve prácticamente desde cualquier punto elevado de Londres. Hay otra antena algo más baja (la de Croydon) a poca distancia y perfectamente visible.

The Crystal Palace en su esplendor

Aspecto actual de la terraza superior del parque

Esfinge y antena de TV

Una de las esfinges con la antena de TV al fondo

En la parte del parque que forma una suave pendiente y que une la explanada inferior con la terraza superior hay uno de los laberintos más grandes del Reino Unido. Construido en 1870 parece sacado de una película de Tim Burton, incluida su arco de entrada de hierro forjado. No muy lejos de allí y junto a uno de los lagos hay un auditorio para conciertos al aire libre con el escenario protegido por una poco inspirada cubierta de metal que parece que lleva oxidada desde siempre. Es muy habitual ver zorros correteando por el parque. No suelen mostrar miedo y si no haces amago de acercarte los puedes contemplar un buen rato.

The Maze

Para los amantes de la literatura comentar que a principios de la década de 1890 Arthur Conan Doyle vivió cerca del parque y paseaba habitualmente por la zona. En la misma década pero a finales Emile Zola también pasó un tiempo por aquí en su exilio londinense y documentó el barrio sacando múltiples fotografías que se conservan. Las vi recopiladas en un libro cuando estuve viviendo en Sydenham y la verdad es que muchas casas y hasta manzanas enteras se conservan intactas y eran fácilmente reconocibles. Este aire de finales del siglo XIX es otro de los atractivos de la zona residencial que rodea al parque.

Si eres ciclista y estabas desesperado por no encontrar una sola cuesta que merezca la pena en Londres, Crystal Palace puede ser un buen lugar para darse una vuelta (College Road por ejemplo). La bici se puede subir en el tren si no quieres pedalear todo el camino hasta aquí. Además no hay demasiado tráfico, es muy verde y está bien conectado con otras zonas bonitas como Dulwich. En el parque había un circuito de carreras, también usado para carreras de bicis y del que aún se pueden usar parte de los caminos y pistas.

Datos prácticos:

- para llegar la mejor opción es la estación de tren Crystal Palace, a la que llega el London Overground y trenes desde Victoria y London Bridge. Se tardan unos 25 minutos desde cualquiera de ellas. Otras estaciones que caen razonablemente cerca son Penge West, Sydenham o Gipsy Hill.

- haciendo esquina con la carretera que bordea el parque por arriba (Crystal Palace Parade) está Westow Hill, una calle llena de pubs y restaurantes (indios y thais sobre todo). Suele estar muy animada. Mis dos pubs favoritos son Westow House (una imponente mansión con decoración de la época) y Pierre’s Bar (que tiene un jardín magnífico en la parte de atrás). Desde calles como Woodland Road que salen de Westow Hill hay unas vistas preciosas del centro de Londres (se ve The Shard, la City, Canary Wharf…).

Aquí un mapa del parque con todas sus atracciones.

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Aun aceptando el axioma de que Londres nunca deja de sorprenderte porque te puedes encontrar cualquier cosa por la calle, el primer día que fui a la que sigue siendo mi oficina de O2 (allá por el otoño de 2006) me llevé un pedazo de sorpresa. En una calle secundaria y no demasiado concurrida del tranquilo barrio de Bermondsey me encontré con un tanque de la Segunda Guerra Mundial aparcado en un parterre sin nada más alrededor. Y además no un tanque cualquiera, sino uno de los mejores nunca fabricados: un T-34 soviético, héroe de Stalingrado y uno de los más logrados diseños militares de la SGM que más de 50 años después de ser creado aún se utilizaba en conflictos en diversas partes del mundo.

Stompie front

La historia de cómo acabó semejante artilugio en una calle dónde lo único que hay son edificios bajos de ladrillo con oficinas y depósitos industriales es curiosa y con ciertos tintes de leyenda urbana. Nuestro T-34 fue un chico malo durante su juventud y lo utilizaron para aplastar la Primavera de Praga en 1968 para luego transferirlo al ejército checoslovaco. A principios de los 90 fue adquirido como parte de un cargamento de material bélico ruso retirado del servicio por una empresa británica que proporcionaba material militar para películas. Dicha empresa lo trajo al Reino Unido y fue utilizado en 1995 en la película Richard III, una adaptación moderna del clásico de Shakespeare.

Ese mismo año un vecino de Bermondsey llamado Rusell Gray decide comprarlo por la módica cifra de £7000 y ponerlo en un solar en el cruce de las calles Mandela Way y Pages Walk. Al parecer Gray, constructor de profesión, estaba muy cabreado con el Southwark Council (ayuntamiento al que pertenece Bermondsey) por no dejarle construir en dicho solar. Así que decidió comprar el tanque como regalo para su hijo que entonces tenía 7 años y ponerlo allí… siguiendo la lógica habitual de “si no me dejas construir un edificio al menos pongo un tanque en el solar”. Me imagino que el crio presumió bastante de regalo de navidad ese año. Por si no había quedado claro del todo que era un regalo-protesta puso el cañón de la torreta apuntando al edificio del ayuntamiento de Southwark.

Stompie right side

Para conseguir la autorización para poner un tanque poco menos que en medio de la ciudad rellenó la petición de permiso poniendo simplemente “tank”, por lo que los funcionarios de turno supusieron que era de agua o séptico, no uno de guerra. Al Council no le acabó de hacer gracia el que se la hubiesen dado con queso y durante un tiempo intentaron buscarle pegas: pusieron en uno de los laterales del tanque una pegatina que decía “retirar para desguace”  (se ve que a los barrenderos no les cabía en el carrito y lo tuvieron que dejar allí), investigaron si había sido legalmente dado de baja para uso militar e incluso sugirieron que podría ser una riesgo para la seguridad. Finalmente parece que lo han aceptado como una curiosidad del barrio que aparece en todas las guías de “lo más raro de ver en Londres”. A Mr Gray le deben de ir las movidas quijotescas ya que volvió a salir en las noticias unos años más tarde cuando tuvo que pagar un cuarto de millón de libras en los gastos del juicio cuando impugnó la expulsión de su hijo de un colegio carillo y elitista.

El improbable nuevo vecino de Bermondsey fue bautizado como Stompie en honor a Stompie Muketsi Sepei, un adolescente asesinado en 1989 por sicarios de Winnie Mandela, un guiño con cierto sentido de justicia poética  dada la calle en la que está (Mandela Way). Desde 1995 el T-34 ha sido pintado varias veces con permiso del autor. En 2002 una artista polaca lo pintó de rosa, un tiempo después un grupo de grafitteros lo decoraron imitando a un taxi de Chicago y también pasó por una época de camuflaje algo psicodélico. En la actualidad tiene varios graffitis desordenados y partes en las que aún se ven los anteriores trabajos. En algunas webs mencionan que Stompie atrae a muchos visitantes pero cuando (casi a diario) paso por delante suya suele estar tranquilamente disfrutando de su jubilación pero sin compañía.

Chicago Cab Stompie

Stompie disfrazado de taxi de Chicago, sacada de la Wikipedia

A lo largo de estos años he visto varias veces a modelos vestidas con ropa militar haciéndose sesiones de fotos en el solar de Stompie, en un par de ocasiones a gente filmando cortos caseros y una vez hasta unos chavales usándolo en un juego de rol. Aquí dejo un curioso corto en el que sale y un video de Mitch Benn grabado en el solar con el tanque de fondo.

Como visitarlo

La parada de metro más cercana es Elephant&Castle en la Northern Line (se tardan unos 15 minutos andando). Otras estaciones cercanas son Bermondsey (Jubilee line) y London Bridge (Northern y Jubilee Lines) desde las que se tardan unos 20 minutos.

Mandela Way es una paralela a New Kent Road. Yo desaconsejaría ir de noche porque es una zona no muy iluminada y muy poco transitada fuera de horas de oficina. Hasta hace poco el solar estaba bastante abandonado, con basura y matojos altos que apenas dejaban ver el tanque desde fuera de la verja que lo rodea. En las últimas semanas han quitado casi toda la maleza (el invierno también ha ayudado) y lo han limpiado un poco.

Stompie desde fuera

Bermondsey no es una zona que atraiga demasiados turistas, aunque tiene un conocido mercado de antigüedades (Caledonian Market)

Stompie left side

 

Nota: el pasado fin de semana (16-17 de Febrero 2013) han vuelto a pintar a Stompie, esta vez todo de blanco con su nombre y una estrella roja recordatoria de sus orígenes.

Stompie Blanco

Cuando pienso en un sitio que ofrezca una combinación perfecta de playa-relax-comida-paisaje Sagres es uno de los primeros nombres que me vienen a la cabeza y sin duda uno de mis favoritos. La pequeña villa de Sagres (apenas 2000 habitantes) está situada en la mismísima esquina suroeste de Europa, exactamente donde acaba el continente y el Atlántico se abre en todas direcciones. Aquí van 5 razones por las que me parece que Sagres y la zona del Cabo San Vicente son un destino imprescindible:

1.- Las playas: hay 3 playas magníficas rodeando Sagres, todas de arena fina y dorada y cada una con un estilo diferente.

> Mareta: en el mismo pueblo y de ambiente familiar. Mide varios cientos de metros de larga y el agua es fresca y transparente. Es la que está más resguardada de las 3 y el mar suele estar en calma. Hay un chiringuito-restaurante (Bar Restaurante Raposo) practicamente metido en la playa. La comida, sin ser una maravilla no estuvo mal, aunque nos gustaron más los sandwhiches que los platos.

La playa de Mareta con la fortaleza al fondo

> Tonel: una de las playas más famosas para hacer surf de todo Portugal y la razón por la que Sagres se ha convertido en un destino surfero importante. Está justo a la salida del pueblo de camino hacia el Cabo San Vicente y para llegar a ella hay que bajar una pequeña cuesta desde la que no se ve la playa. Al estar bastante escondida la playa sorprende por su tamaño, ya que desde arriba cuesta imaginarse lo extensa y amplia que es. En el centro hay una enorme roca desgastada por los embates del agua que le da personalidad. Hay un pequeño chiringuito al fondo de la cuesta de acceso. Por su orientación es la más expuesta de las 3 y el viento pega constantemente y con fuerza, las olas alcanzan un tamaño considerable y la corriente tira mucho. Siempre que he ido estaba abarrotada de surferos a cualquier hora del día.

> Beliche: mi favorita de entre las playas de Sagres y una de las mejores playas en las que he estado. Hay que salir un par de kilómetros del pueblo en dirección al Cabo, justo al pasar el camping (está bien señalizada, no hay pérdida). Situada al fondo de un acantilado, hay que bajar 160 escalones siendo los últimos 80 bastante empinados. El difícil acceso hace que suela ser la más tranquila de todas ya que es muy poco recomendable si vas con niños y una tonelada de cosas (bajar el carrito es un infierno). Hay un chiringuito básico dónde acaban los escalones. La parte más alejada de la entrada queda bastante escondida (la playa es grande) y suele haber gente haciendo nudismo. Siempre me ha parecido que merece la pena ir a Sagres sólo por pasar unas horas en ésta playa, es simplemente espectacular. Las olas no son demasiado grandes y el agua es transparente y fría.

Panorámica de la playa de Tonel con la fortaleza al fondo

2.- La puesta de sol desde el Cabo de San Vicente: desde el extremo del Cabo, en el que hay un faro, hay una de las puestas de sol más famosas y espectaculares de Europa. Nada (salvo cuando hay nubes, claro) entorpece la vision del sol hundiéndose en pleno océano Atlántico. Suele haber mucha gente cualquier día que haga buen tiempo y se pone hasta los topes cada atardecer del verano, por lo que es recomendable ir con algo de tiempo para coger sitio. A veces la gente lleva bongos y otros instrumentos de percusión para marcarle el ritmo al sol en su descenso y celebrar la despedida de otro dia vivido. Una vez que el sol se ha ido a descansar hasta el día siguiente los espectadores suelen romper a aplaudir. En verano hay tenderetes que venden ropa, comida y souvenirs. Por muy buen día que haya hecho, al anochecer suele pegar mucho el viento y hacer fresco (o frió directamente), así que mejor llevar algo de abrigo. Como curiosidad la carretera que sale de Sagres y va hacia el Cabo termina allí, sin posibilidad de seguir hacia ningún lado.

La costa vista desde Sagres con el Cabo al fondo

3.- El paisaje: acantilados cortados a cuchillo con playas de postal en el fondo, una costa rugosa que una y otra vez entra y sale bruscamente del mar ofreciendo vistas espectaculares, un mar limpio y que refulge bajo el sol como pocos, delfines que nadan cerca de la costa…si se tiene una buena camara se pueden hacer fotos preciosas.

4.- El pueblo de Sagres: me parece un oasis de tranquilidad dentro del Algarve. Por suerte ha permanecido al margen del turismo de masas extranjero de campos de golf y resorts, manteniendo su identidad de pueblo tranquilo y relajado donde el tiempo pasa despacio. A pesar de ser una meca surfera y de haber unos cuantos pubs no se suele escuchar ruido por las noches. La mayoría de las casas son bajas y pintadas de blanco, con la pintura desconchada por la fuerza de la brisa marina en las que estan más cerca del mar. De entre los edificios del pueblo destaca la Fortaleza, situada sobre el llamado Cabo (o promontorio) Sagres,  un pedazo de tierra con mucha historia. Junto a la playa de Beliche están las ruinas de la fortaleza del mismo nombre.

El Faro en el Cabo de San Vicente

5.- La comida, el vinho verde y la cerveza Sagres: poco tiene de novedad decir que en Portugal se come de maravilla y Sagres no es una excepción. Mi restaurante favorito y al que suelo ir siempre se llama Meridiano. Está en la carretera de entrada al pueblo y no parece nada especial pero la comida está estupenda (el arroz caldoso de marisco por ejemplo) y el servicio es familiar y encantador. Si lo acompañas con el suavisímo y delicioso vinho verde local gana aun más puntos (arroz para dos personas con una botella de vino, una ensalada y postre nos salió a 24€ pp en Sept 2012). Para comer algo más ligero me gustó la pizzería Columbu´s.

Sagres además da nombre a la, en mi opinión, mejor cerveza de Portugal. En la mayoría de bares del pueblo la sirven de barril.

Alojamiento

Sagres tiene bastante oferta de alojamiento. Hay bastantes hoteles y además se alquilan habitaciones particulares por todo el pueblo. A las afueras hay un camping pero hace falta (o es recomendable) tener coche propio porque hay que caminar unos dos kilómetros hasta llegar al centro. Fuera de temporada es fácil encontrar buenos precios.

La última vez que estuve me quedé en Mareta View por 87€ la noche con desayuno incluido. Me gustó mucho: muy bonito, limpio y luminoso, las vistas del océano espectaculares, el desayuno estupendo y un servicio relajado y muy agradable. Recomendable.

Hace un par de días me mandó un correo Boris Johnson quejándose de que sólo hablaba en el blog sobre sitios que están al sur del rio, así que hoy toca hablar de la orilla norte. Y vamos con algo con mucha historia pero no especialmente conocido o apreciado por los turistas y londinenses.

El obelisco egipcio de granito rojo de Asuán erróneamente llamado Cleopatra’s Needle (Aguja de Cleopatra) está situado en pleno centro turístico de Londres (Victoria Embankment), a escasos 10 minutos andando del Big Ben. A pesar de sus 21 metros de altura, sus 224 toneladas de peso, sus jeroglíficos y sus casi 3500 años de antigüedad suele pasar desapercibido por estar tapado por los arboles de alrededor y porque es una zona donde pasa menos gente. Desde la otra orilla del rio, en Southbank, tampoco llama demasiado la atención. Siempre creí que era el objeto hecho por el hombre más antiguo al aire libre de todo Londres pero según éste libro es el segundo…tras una escultura (también) egipcia que esta sobre la entrada de la famosa casa de subastas Sotheby’s en Bond Street.

Como he mencionado arriba el nombre con el que se le conoce induce al error. El obelisco no tiene prácticamente nada que ver con la famosa Cleopatra VII, sino que se construyó bajo el reinado de Tutmosis III, faraón de la decimoctava dinastía, hacia el  1450 antes de Cristo y unos 1400 años antes de Cleopatra.  El emplazamiento original fue la ciudad egipcia de Heliópolis y no tenía los actuales jeroglíficos grabados. Éstos fueron añadidos en época de Ramses  II y relatan sus victorias militares. En el año 12 AC los romanos se lo llevaron junto con su hermano gemelo (que está actualmente en Central Park, NY) a Alejandría y lo pusieron en el Cesáreo, templo erigido por (ahora sí) Cleopatra. El templo fue destruido y los obeliscos quedaron enterrados en la arena durante siglos lo que ayudó a que se conservaran los bajorrelieves en muy buen estado.

Dando una gran salto en el tiempo nos vamos a 1819, año en el que Muhammad Ali, virrey de Egipto y Sudán , se lo regaló a los británicos para conmemorar algunas insignes victorias de éstos. Los siempre prácticos british le dieron las gracias pero dejaron claro que no se iban a gastar ni un penny en traérselo, así que lo dejaron enterrado en las arenas de Alejandría. En 1877 un ciudadano británico (Sir Erasmus Wilson, que se ganó el titulo por su desinteresada contribución) decidió patrocinar el traslado dejándose £10000, un dinero considerable en aquella época (aunque he leído en una web otra versión según la cual el dinero se recaudó mediante cuestación popular para conmemorar la victoria sobre Napoleón, la placa en la base del obelisco dedicada a Sir Wilson deja lugar a pocas dudas sobre quién aflojó la pasta).

El Cleopatra

Para transportarlo se construyó un barco de hierro en forma de cilindro flotante de 31 metros de largo por 5 de diámetro y se metió el obelisco dentro con la idea de remolcarlo hasta el Reino Unido. Tenía una pequeña vela, timón y una cabina y se le llamó Cleopatra, nombre al que se asoció el obelisco desde entonces. La travesía fue dificilísima, salpicada por la tragedia y casi acabó en un desastre absoluto. El 14 de Octubre de 1877 una tormenta sorprendió a la expedición en el Golfo de Vizcaya y el Cleopatra empezó a girar sobre sí mismo de manera incontrolada. Su hundimiento parecía inevitable. Seis marineros del barco que la remolcaba saltaron a un bote para rescatar a la tripulación pero volcaron y fallecieron (sus nombres están grabados en una placa de bronce en el pedestal del obelisco). Finalmente el remolcador consiguió ponerse en paralelo al Cleopatra y rescatarlos, cortando luego la cuerda y dejándolo a la deriva. Días después fue encontrado flotando mansamente y sin haberse hundido. Fue remolcado hasta El Ferrol donde fue recogido por otro barco enviado a tal efecto  y llevado finalmente hasta Londres, en la que una multitud vitoreaba dándole la bienvenida mientras subía por el Támesis en enero de 1878. Ocho meses más tarde, en septiembre de 1878, el obelisco fue colocado en su actual emplazamiento.

Escoltando al obelisco hay dos esfinges de bronce fundidas en la época victoriana con jeroglíficos mencionando a Tutmosis III. Las esfinges se ven casi más fácilmente que el obelisco en sí. En un extraño (al menos para mí) gesto se puso una cápsula del tiempo en la parte frontal del pedestal con multitud de objetos victorianos (desde fotos de mujeres guapas de la época y de la reina hasta juguetes, pasando por monedas y puros).

Pero aun hay otra historia interesante relacionada con el obelisco y que no tiene nada que ver con su origen ni su hercúleo traslado. Si te acercas a verlo se observa claramente que tanto su pedestal como el de la esfinge situada más al oeste están considerablemente deteriorados y tienen abundantes marcas de metralla. Y si uno se fija aún un poco más la esfinge tiene “cicatrices” en la pata izquierda. Y la culpa la tienen los bombardeos aéreos…durante la Primera Guerra Mundial.

Esfinge con cicratices y el pedestal con marcas de metralla

El Blitz, el bombardeo sistemático de Londres durante la Segunda Guerra Mundial por la Luftwaffe, es una de las imágenes más icónicas de la contienda. Pero, aunque a otra escala y siendo un hecho mucho menos conocido, Londres ya había sido atacada desde el aire durante la PGM.

Durante los primeros años de la guerra los encargados de llevar a cabo los ataques fueros los zeppelines, hasta que los alemanes fueron capaces de construir bombarderos de largo alcance, los Gothas. Éstos tenían un techo de vuelo bastante más alto que los cazas de la época y eran capaces de evitarlos y regresar casi sin bajas aun sin llevar escolta. El 13 de junio de 1917 fue la primera vez que aviones alemanes bombardearon Londres a plena luz del día. Hubo 162 muertos y más de 400 heridos. La razón para tan elevado número de víctimas dado lo rudimentario de los aviones y su poca  capacidad para bombas es que la gente no tenía conciencia del peligro por ser algo nuevo y salían a la calle a ver a los aviones en lugar de buscar un refugio seguro. La mejora de los sistemas defensivos antiaéreos británicos acabaron con las incursiones diurnas a finales de 1917. Hubo más ataques nocturnos pero las bajas sufridas en accidentes por problemas de navegación y durante los aterrizajes terminaron definitivamente con los bombardeos en 1918. Los temidos Gothas fueron todos destruidos por los acuerdos del Tratado de Versalles y no ha sobrevivido ninguno.

Una placa bajo una de las esfinges dice que los daños al conjunto monumental ocurrieron durante el primer ataque a Londres por aviones alemanes el 4 de Septiembre de 1917, pero el dato es erróneo porque hay ataques documentados, como se ha mencionado arriba, desde mitad de Junio en adelante. Las autoridades de la ciudad decidieron no tocarlo como muestra y recuerdo de los bombardeos.

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