Baloncesto


Cuando dieron la noticia de que le habían dado los Juegos Olímpicos a Londres lo primero que pensé fue que iba  hacer todo lo posible para ver cumplido uno de mis sueños de siempre: ver un partido de baloncesto de las olimpiadas en directo. Como tantos otros residentes en el Reino Unido me llevé un chasco considerable cuando hicieron público el reparto de entradas: había pedido para prácticamente todas las jornadas de la competición masculina y no me dieron ni una sola.

Afortunadamente David (el forero muggsy_dvd) se puso pinzas en los ojos en plan La Naranja Mecánica y pasó días frente a la web oficial de los Juegos hasta que nos consiguió entradas. Y qué entradas: dos de los partidos de la jornada de cuartos de final. Para rematar la faena el calendario fue benévolo (¡grazie biscotto!) y me tocaron los partidos que más me interesaban: Lituania-Rusia y España-Francia, en el primer turno (de las 14:00 a las 18:00 horas). Ah! ¿El precio? 85 libras esterlinas. Not too bad.

Desde mi casa, en Clapham Common, hasta el O2 Arena hay una media hora en metro. Junto con las entradas para cada evento te daban un billete de metro válido para todo el día (una travelcard). Por cuestiones de choques de patrocinio al pabellón se le llama North Greenwich Arena durante las Olimpiadas. El O2 Arena tal y como está  ahora mismo fue construido en 2007 en lo que antes se conocía como Millenium Dome. La primera vez que fui fue para la inauguración, ya que O2 cerró el complejo y nos invitó a todos los que trabajábamos para la compañía. Fue un día estupendo con conciertos para diversos gustos (Tom Jones, Basement Jaxx y Kaiser Chiefs), actividades tipo Circo del Sol en las áreas comunes, espectáculos de variedades en la sala Indigo y comida gratis.

Aspecto exterior del O2 Arena

Dado que la organización ha sido muy insistente respecto a lo de ir con tiempo por las colas y masificaciones, salí de casa sobre las 12. Hasta coger la Jubilee Line en London Bridge el metro estaba tan vacío como cabría esperar un día de diario al mediodía. Habían añadido indicaciones especificas sobre cómo ir hacia las diferentes áreas donde se celebran competiciones olímpicas.   El segundo tramo en metro desde London Bridge hasta la parada del O2 (digooo North Greenwhich Arena) estaba bastante más concurrido pero sin llegar a ser agobiante.

Nada más emerger de las escaleras automáticas y aún dentro de la estación te recibían un buen número de voluntarios indicándote con dedos gigantes de goma espuma como los que usan los aficionados en la NBA hacia donde tenias que ir, no te fueses a perder en los 50 metros que había hasta la entrada. Además no podía faltar otro voluntario con un megáfono saludando en, al menos, una decena de idiomas.

El ambiente era magnífico, con gente de todo el mundo llevando camisetas o banderas de sus países (jugasen o no ese día) y ni atisbo de problemas o peleas y, ahora sí, se me puso la piel de gallina de la emoción por primera vez. Justo a la salida de la estación había un grupo de aficionados mostrando cartelitos que decían “cambio tickets” y “necesito tickets”. La gente de la organización los tenía a todos juntos en fila poco menos que acordonados. Me dio la sensación de que algunos de los que tenían un cartelito de “necesito tickets” en realidad los usaban para acercarse a los demás e intentar hacer reventa, algo no permitido y que se ha perseguido con decisión. La poli debió de pensar como yo porque a un par de ellos se los llevaron a un lado y les hicieron todo tipo de preguntas mientras les registraban a conciencia. En general la mayoría de los que buscaban intercambiar entradas eran estadounidenses y brasileños con entradas para el primer turno de cuartos e intentando ver el segundo en el que jugaban sus selecciones.

Cambio, Compro pero no puedo Vender

El color que predominaba en los accesos al pabellón era, como no, el verde de Lituania. Bastantes españoles y estadounidenses, algunos rusos, no muchos franceses, pero los entusiastas lituanos estaban por todas partes con sus camisetas de mil modelos diferentes apoyando a la selección de baloncesto de Lietuva… lo que siempre me ha producido algo de envidia ya que casi todos los españoles que veía llevaban camisetas de la selección de fútbol.

A las 13:15 era hora de ir entrando porque aun quedaban por pasar los controles de seguridad. Éstos eran idénticos a los de los aeropuertos y los llevaba a cabo el ejército tras la polémica con la empresa de seguridad que había ganado la contrata. Por lo que se ve también aplicaba la regla de no líquidos de más de 100 ml y a David le hicieron ponerse el desodorante que llevaba para asegurarse que no explotaba. No debieron de quedarse muy convencidos porque lo acabaron requisando y tirando a la basura. Muy profesionales.

Preparado para entrar

Accedimos a la parte donde está la cancha sin que hubiese ningún tipo de colas ni aglomeraciones y nos fuimos caminando sin prisas a nuestros asientos que estaban detrás de una de las canastas y un poco escorados a la derecha, a muy pocos metros de la pista. Cuando quedaban 15 minutos para que empezase el Lituania-Rusia aún había muchos asientos vacios en la tribuna principal (la otra tribuna estaba íntegramente reservada para medios de comunicación, acreditados y autoridades). Los anillos superiores y los palcos si estaban llenos del todo. La capacidad del pabellón es de 20000 personas.

Comenzó  el partido y el ambiente era más bien tranquilo, con los lituanos haciendo algo de ruido pero, por compararlo, nada parecido a un partido cualquiera de la ACB. El juego de ambos equipos tampoco ayudaba demasiado a emocionarse, la verdad, con Rusia bastante superior pero sin la brillantez exhibida en la primera fase.

El estilo de amenizar la velada era mucho más cercano al estilo NBA que al europeo, con un animador (speaker) que no dejaba de hablar  en cada tiempo muerto intentando entretener al público con todo tipo de artimañas:  pidiendo a la gente que hiciese ruido para el sonómetro, ver que afición gritaba más, música atronadora, juegos con el público (desde tocar los bongos de manera virtual a entrevistas a los que van vestidos más llamativamente)…supongo que habrá gente a la que le gusten mucho estas cosas, yo soy más bien de corte clásico y me llega con ir a ver baloncesto.

Mediado el segundo cuarto el pabellón ya estaba prácticamente lleno, con algunos asientos vacios en la zona para acreditados y alrededores, pero casi ningún sitio libre de los de pago. Ya se veían  bastantes más franceses que antes, parece que se lo habían tomado con tranquilidad. El público se volvió un poco más ruidoso con el amago de remontada lituana en el último cuarto pero sin llegar a meterse del todo en el partido. La afición lituana se tomó con su habitual resignación festiva la derrota de los suyos y los rusos hicieron algo más de ruido sacando a relucir las banderas. Partido algo descafeinado y como en este artículo no me voy a meter en detalles del juego sólo un comentario: Lituania no quiso meter ni un balón dentro al pobre Valanciunas, que se frustraba y desesperaba con razón. A Songaila le dieron muchos más y coincidió con los mejores minutos lituanos por conseguir equilibrar mejor su juego.

El descanso entre partidos duró una media hora. Aproveché para comer algo en los bastante-caros-y-no-muy-buenos sitios para comer (9 libras por una cestita de pollo agridulce). Mientras, la atracción central fue un espectáculo magnifico de un grupo norteamericano de saltadores de comba que hacían autenticas maravillas, seguido de más juegos por parte del animador. Pasó rápidamente el tiempo y al fin llegaba el momento cumbre para, en mi opinión, el partido con más presión para el equipo español desde la final del Eurobasket de 2007 por todo lo que había rodeado al partido contra Brasil y la pésima primera fase.

A pesar del poco atractivo juego que iba haciéndose peor a medida que transcurría el partido y ambos equipos iban atenazándose más y más, no hubo color en cuanto a ambiente comparado con el primero. Tanto los aficionados franceses como los españoles subieron enormemente la tensión en las gradas y el último cuarto se vivió agónicamente con mucha gente en pie.

Saludando tras el mal trago

Un detalle curioso sobre el público es  que, como la gente pidió todo tipo de tickets sin importarle demasiado el deporte que le tocase, la gente que te encuentras no es la habitual de otros partidos de baloncesto. Justo al lado nuestra había una pareja y cada vez que David silbaba durante los ataques o tiros libres de los franceses la chica le decía que no hiciese ruido, para acto seguido ponerse a mandar mensajes por el móvil sin ver el partido. Tras callarse unas cuantas veces, cuando el partido estaba en el momento de tensión máxima, David les recomendó elegantemente que fuesen a ver tenis o golf si querían silencio y siguió armando tanta bronca como pudo. Justo delante nuestra estaba una chica sevillana muy simpática a la que la familia para la que trabajaba de canguro había traído al partido y estaba entusiasmada cuando se enteró de que jugaba España. No se sabía las reglas, ni cuanto duraba (¿hemos ganado ya o no? ¿Por qué paran otra vez?) ni conocía a ningún jugador, pero disfrutó enormemente, primero de que la sacaran por la tele y después de la victoria española, cantando con los dos niños british a los que cuidaba eso de “yo soy español español…”.

España ganó con nula brillantez y sufrimiento desconocido en un cruce desde hacía tiempo. Esta vez no hubo interruptor para pasar de velocidad de crucero al hiperespacio. A lo mejor fue la ausencia de cabinas telefónicas o puertas rotatorias (las busqué con la mirada pero no había) lo que impidió que Clark Kent se transformase en Supermán. Los partidos fueron más bien feos (esperaba otra jornada de gran juego rusa que tampoco ocurrió) y salí con bastantes más canas de las que entré , pero para mí fue una jornada baloncestística inolvidable que siempre recordaré. Me despido dándole las gracias a mis padres por regalarme la entrada.

Este artículo ha sido publicado en la web de baloncesto Basketme

http://www.basketme.com/opinion.php?id=592

Todas las entradas sobre Londres

“En mi país hay una canasta en cada patio y los niños aprenden a decir Sabonis antes que mamá”

Esas fueron las palabras que dijo el baloncestista lituano (entonces jugando para la Unión Soviética) Rimas Kurtinaitis en su presentación en el concurso de triples del All Star Game de la NBA de 1989. Fue invitado tras coser a triples a la selección estadounidense en las semifinales de los Juegos Olímpicos de Seul´88 (es el único jugador invitado a participar en el All Star Weekend sin jugar en la NBA).

Aunque las razones para escoger Lituania como destino fueron principalmente otras (pocos turistas en Agosto, razonablemente barato, había ido a las otras dos Repúblicas Bálticas en un viaje anterior y me habían gustado mucho), la frase de Kurtinaitis se me había quedado grabada y siempre tuve curiosidad por ver hasta qué punto era cierto lo de la locura por el baloncesto en aquel país.  Dado que el Eurobasket 2011 se iba a celebrar allí y empezaba apenas dos días después de volvernos, parecía el momento perfecto para comprobarlo.

Y la verdad es que nunca había visto una pasión semejante por el baloncesto en ningún sitio como lo que viví los días en que estuve viajando por Lituania. Es un país de cuento de hadas con bosques profundos, castillos señoriales, cientos de lagos y playas de arena fina… en el que el deporte de la canasta es omnipresente. Por lo que pude experimentar de primera mano, la presencia del baloncesto en la sangre lituana es casi genética y va mucho más allá de la circunstancia puntual de la inminente celebración del torneo continental. Es el país de Nunca Jamás en el que todos los freaks del baloncesto querríamos vivir.

Al llegar al aeropuerto de Vilnius nos recibieron fotografías gigantes de los jugadores de la selección, unas colgando del techo y otras en las paredes y vallas, estaba claro que los lituanos lo iban a dar todo para que el Eurobasket fuese inolvidable. Cada uno de los días que estuve, cuando ponías la televisión en horario de máxima audiencia siempre había un partido (jugase o no Lituania, echaban hasta amistosos de otras selecciones)  o un programa relacionado con el Eurobasket.

En el centro histórico de la capital, patrimonio de la humanidad, apenas había tienda, comercio o rincón en el que no hubiese algo relacionado con el Eurobasket: un balón gigante en la puerta del ayuntamiento, papeleras simulando canastas con zonas pintadas en el suelo, maniquíes cuyas cabezas eran balones, topes para las puertas con la misma forma…

(Pincha en cada imagen para ampliarla)

     

Pero no era sólo en Vilnius (uno de los destinos más visitados por los turistas en el país), las calles de cualquier ciudad estaban llenas de anuncios publicitarios en los que salen los jugadores, la selección o el Eurobasket. Teléfonos móviles, tiendas de electrónica, electrodomésticos… hasta productos bancarios.

(Pincha en cada imagen para ampliarla)

     

En campañas del gobierno destinadas a los jóvenes usan como gancho algo relacionado con el basket, un ejemplo era ésta en la que se intenta erradicar la prostitución:

Y en los kioscos las gran mayoría de las portadas en aquella semana previa tenían como común denominador el Eurobasket… incluida una revista subida de tono en la que las chicas posaban con un balón y nada más… (sólo la ojeé un poco y me sacrifiqué por motivos periodísticos, que quede claro)

Como a veces los astros se alinean y las cosas buenas ocurren sin buscarlas, coincidí en Vilnius con Juanan Hinojo, autor del imprescindible libro sobre el baloncesto yugoslavo “Sueños Robados”,  y ya me avisaron él y su novia Empar de que la locura de los lituanos por el basket no era normal. Las dos charlas de basket hasta casi las 4 de la mañana salpicadas de anécdotas tanto de su libro como de sus días en Lituania supieron a muy poco, pero ya habrá más oportunidades. Por cierto, los restaurantes también tenían cosas de basket…

Recorriendo el país con un coche alquilado pude comprobar que el bueno de Kurtinaitis no se había echado un farol en su discurso del All Star: había canchas y canastas literalmente por todas partes, en zonas públicas y en casas privadas, en pueblos minúsculos y hasta en reservas naturales en medio de la nada. Algunas se caían a trozos, otras estaban levantadas sobre la hierba, pero curiosamente TODAS tenían redes, que supongo que venía a significar que estaban vivas y seguían siendo usadas. La cuasi ausencia de porterías y campos de futbol contrastaba con los grupos de chavales siempre con un balón naranja, botando mientras caminaban.

Uno de los principales patrocinadores del torneo fue la más popular de las cervezas locales: Svyturis. Por ello los camareros y camareras de la mayoría de los pubs, cafés y restaurantes llevaban camisetas conmemorativas del Eurobasket. En Juodkrante, un pequeño pueblo del Istmo de Curlandia, nos pusimos a hablar de baloncesto con uno de los camareros, Martynas, al que acabamos pidiendo que nos consiguiese una camiseta y tuvo el detallazo de darnos una al día siguiente.

Si hay un corazón del baloncesto en Lituania ese es Kaunas. Fuimos al viejo pabellón del Žalgiris, que lo estaban reparando, y nos dejaron pasar y pasear por la cancha y las instalaciones. Si alguien en mitad de los 80, cuando Lituania aun pertenecía a la URSS y yo les veía en la televisión, me hubiese dicho que algún día caminaría por esa cancha a mi aire y me haría unas fotos me habría parecido sencillamente imposible. Fue inaugurado en 1939 para el Eurobasket de ese mismo año en el que Lituania aún era independiente, antes de la anexión soviética. Fue el primer pabellón construido exclusivamente para baloncesto en Europa y es historia viva del baloncesto continental.

Junto al pabellón hay un bar llamado Komanda que tiene las paredes llenas de fotos del mítico Žalgiris de la década de los 80, algunas de ellas verdaderamente fantásticas. El bar estaba cerrado por limpieza y reformas, pero ante mi insistencia me dejaron tomarme una cerveza en honor a los héroes lituanos, supongo que llevar una camiseta del Žalgiris ayudó también.

(Pincha en cada imagen para ampliarla)

     

Para terminar, y cuando creíamos que ya nada podría sorprendernos, se nos quedó la boca abierta al llegar a la famosa Torre de Tevision de Vilnius y comprobar que la habían convertido en una gigantesca canasta imaginaria poniéndole redes. La visión de la torre iluminada con las “redes” desde el avión cuando volvíamos por la noche es la última imagen que tengo de este viaje. Imposible no desearle lo mejor a la selección Lituana. Por público y afición se lo merecen todo.

Lietuva, Ačiū!!

PD: me gustaría dedicarle el post a l@s sveikis: Fran, Raquel y Sonia, mis pacientes compañeros de viaje que me permitieron sacar de paseo a mi paranoia baloncestística sin perder la sonrisa y sin desesperarse.

Este post está publicado en la web especializada en baloncesto Basketme:

http://www.basketme.com/2.0/opinion.php?id=533

Si te interesa saber más sobre el baloncesto lituano puedes leer las increibles Crónicas Lituanas escritas por Juan Carlos Gallego en el foro de baloncesto de la ACB. Uno de los mejores relatos sobre baloncesto que he leido.

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