América Central


Fechas: del 26/02/2011 al 09/03/2011

Detalles del Vuelo: Londres Heathrow – Panamá Tocumén International con escala en Miami International Airport. Vuelo con American Airlines. Duración Londres – Miami 9h 30min y Miami – Londres 8h 15min. Duración Miami – Panamá 2h 20min. El precio por persona fue £631 comprado en la web de AA con dos meses de antelación. El avión fue un Boeing 777.

Vuelos Internos:

Panamá Albrook – Bocas del Toro: vuelo con Aeroperlas en un ATR-42. El tiempo de vuelo fue de unos 50 min. El precio fue US$225.35

Panamá Albrook – Playón Chico (Kuna Yala): vuelo con Air Panama en un DH Twin Otter. El tiempo de vuelo fue de unos 35 min. El precio fue US$144.10

Itinerario: Ciudad de Panamá, Bocas del Toro  (Bocas Town, Boca del Drago, Isla Carenero, Isla Bastimentos), Kuna Yala (Playón Chico).

CIUDAD DE PANAMA

Dormir

Dos Palmitos B&B

www.dospalmitos.com                info@dospalmitos.com

Esta situado en la zona de Cerro Ancón, muy verde y tranquila. Es una casa bonita con habitaciones suficientemente grandes y limpias. Sirven un buen desayuno en la terraza. El precio fue US$96 por noche (2 personas).

Barú Lodge

www.barulodge.com                       reservas@barulodge.com                     Tel. (507) 393-2340

Cerca de la zona de El Cangrejo, junto a Vía España. Nos quedamos 3 noches. Es un hotel muy agradable, las habitaciones tienen un buen tamaño y están muy limpias, además de tener un patio-jardín donde sirven el (buen) desayuno o para relajarse un rato. El dueño, Erwin, fue extremadamente amable y no ayudó en todo lo que pudo y más aún. El precio fue US$77 por noche en una habitación doble para dos personas. Muy recomendable.

Comer y Beber

Parrillada Martín Fierro

http://www.degustapanama.com/restaurante/parrillada-martin-fierro_97.html

Reputado restaurante argentino en El Cangrejo. La carne estaba estupenda y respetaba el estilo argentino: filete grueso pero suave y jugoso. El servicio, el ambiente y la decoración también bien. Un poco más caro que la media en Panamá (US$31 por persona) pero merece la pena sin estas en modo carnívoro.

Leños & Carbón

http://www.degustapanama.com/restaurante/lenos-y-carbon_140.html

Es un restaurante-grill muy popular, con una terraza grande y un comedor muy amplio, que está en Isla Flamenco, en la Avenida Amador. La comida estaba muy rica y las porciones eran enormes. Pagamos US$30 por persona comiendo y bebiendo en abundancia.

Grill 50

http://www.grill50.com/?page_id=4

Bar “deportivo” en Vía Porras, cerca de Vía España. Es una cadena de restaurantes bastante conocida con varias pantallas gigantes donde la gente va a ver eventos deportivos, sobre todo partidos de fútbol. La comida estuvo regular y había mucho ruido. Fue barato (US$13 por persona con un plato principal y dos cervezas). Yo no lo recomendaría.

Pizzeria La Forchetta

http://cascoviejo.com/la-forchetta/

Una pizzería estupenda en un sitio perfecto (en la plaza de la Catedral del Casco Viejo, dando a la catedral misma). La comida estaba estupenda, sobre todo los raviolis. Ambiente muy tranquilo.

Mercado de Marisco

http://cascoviejo.com/mercado-de-mariscos-restaurante/

El mercado de pescado y marisco de Ciudad de Panamá tiene un restaurante en la segunda planta que tiene fama de servir el mejor marisco de la ciudad (al menos eso nos dijeron diferentes personas). El sitio en sí estaba muy bien: como el edificio es abierto se puede ver la actividad del mercado mientras comes, con la gente haciendo la compra en los puestecillos, lo que le da un ambiente muy animado y auténtico. Pero la verdad es que la comida fue desilusionante: probamos ceviche, pulpo, un plato de pescado y pasta con marisco y en general no estaba demasiado bueno, o al menos acorde con nuestras expectativas. Merece la pena ir por el ambiente y puede que simplemente no pidiésemos los platos adecuados.

Heladeria Granclement

www.granclement.com

Una heladería muy conocida (y recomendada) en pleno Casco viejo. Los helados artesanos estaban estupendos.

BOCAS DEL TORO

Dormir

Bocas Town (Isla Colón)

Lula B&B                          www.lulabb.com

Es una casa de madera situada en una calle lateral un poco apartada del centro, aunque se llega andando en unos pocos minutos. La casa era bonita y acogedora, las habitaciones eran grandes y estaban muy limpias y el ambiente tranquilo. Los dueños son una pareja estadounidense muy agradable. El precio de una habitación doble con desayuno fue US$55. Recomendado.

Isla Carenero

Casa Acuario

http://www.casaacuario.com/

Uno de los hoteles con más encanto en el que he estado nunca. Es una casa de madera prácticamente sobre el agua y pintada de color azul cielo. La habitación era enorme y estaba muy limpia, con fantásticas vistas de Bocas Town. Joana, la dueña, fue muy agradable y nos ayudó en todo lo que necesitamos. El precio por una habitación doble fue US$88 por noche. El desayuno no estaba incluido, costaba US$7 (estaba muy rico la verdad).

Si decides quedarte en Isla Carenero ten cuidado con unos mosquitos diminutos llamados chitres. Al ser muy pequeños no los notas cuando te están picando  y dejan una roncha muy roja y que pica tela. A pesar de llevar anti mosquito nos comieron vivos. Mejor comprar el repelente más fuerte de los que tienen en Panamá, ese si funcionó.

Comer y beber

Bocas Town (Isla Colón)

El Pecado da Sabor

http://www.frommers.com/destinations/islacolon/D61972.html

Le preguntamos a los dueños del Lula por su restaurante favorito en la ciudad y nos mandaron a El Pecado Da Sabor. Buena recomendación, la comida muy rica (yo tomé atún con salsa de coco). Pagamos unos US$18 por persona. Está situado en la calle principal, junto al parque.

Buena Vista

www.buenavistabocas.com

Restaurante en la zona de los embarcaderos con plataforma sobre el mar. Muy popular para comer algo rápido o tomarse una cerveza. Los tacos de pescado estaban ricos y era muy barato (US$10 por un taco y un par de cervezas).

Isla Carenero

Bibi’s on the beach

http://bocasbuccaneerresort.com/surfside-restaurant-and-bar

Un restaurante con mucho encanto y con fama de ser el mejor de Isla Carenero. Esta situado sobre el agua y tanto el ambiente como las vistas eran estupendos. La comida estaba muy buena y el precio muy bien para la calidad (US$19 por persona por un plato de pescado fresco y un cocktail). Si no recuerdo mal tienen happy hour antes de las 7.

Aqua Lounge

http://www.bocasaqualounge.info/

Un hostal tipo mochilero donde si tienes más de 25 años y no haces surf (o lo pretendes, claro), te puedes sentir un poco fuera de lugar. Aun así yo estuve muy a gusto por la terraza-embarcadero con vistas a Bocas Town, la música, las cervezas a 1 dólar y lo agradables que eran los del staff.

KUNA YALA (SAN BLAS)

Dormir y Comer

Yandup Island Lodge

http://www.yandupisland.com/index.php?language=spanish

Como todos los hoteles en Kuna Yala, lo llevan indios Kuna, en este caso de la comunidad de Playón Chico que está muy cerca. Te van a esperar al aeropuerto y te acercan en barca a las isla (apenas 5-10 minutos de trayecto). La isla era muy bonita, de esas que salen en las postales cuando te quieren vender paraísos: apenas 100-125 metros de diámetro, cocoteros y una pequeña playa de arena fina y agua cristalina.

Los kunas se rigen por la regla de oro del turismo sostenible y el hotel es, digamos, rústico. En la isla apenas hay 10 construcciones en forma de chozas, ocho son habitaciones para los clientes y las otras dos son el comedor y un dormitorio para los trabajadores.

Las habitaciones están hechas con madera de los manglares cercanos, son amplias y espaciosas pero bastante básicas y tienen pocas comodidades: no hay agua caliente ni aire acondicionado. La cama era muy cómoda y tenia mosquitera.

El precio fue US$184 por noche para dos personas. Éste incluía las 3 comidas del día y agua junto con dos excursiones al día: una por la mañana a alguna de las islas cercanas  para ir a la playa y hacer snorkel y otra por la tarde para ver la comunidad y conocer el estilo de vida de los kuna.

A nosotros nos encantó, tanto el hotel, como la zona, como la convivencia con los kuna. Merece la pena renunciar a algunas comodidades por básicas que nos puedan parecer para pasar unos días en un sitio tan bonito, tranquilo y autentico. La comida estuvo sorprendentemente bien y en la línea de todo lo demás: platos simples pero muy sabrosos, pescado y marisco muy frescos y cantidades suficientes pero no gigantescas. En los tres días que estuvimos allí no repitieron ningún plato. Y la gente del hotel fueron encantadores. Pasar unos días en Kuna Yala fue una de las mejores cosas del tiempo que pasamos en Panamá. Muy recomendable.

Tres días en Kuna Yala

La primera vez que conocí a alguien que hubiese estado en Belice fue en 1999. Estaba en Puerto Iguazú, la ciudad argentina desde la que se suelen visitar las cataratas, y se había formado una reunión espontanea de viajeros alrededor de unas cervezas en el casi vacío pueblo. Un chico belga había visitado Belice apenas unas semanas antes  y dado que era un sitio al que nunca me había planteado ir y del que apenas sabía nada, la curiosidad me hizo preguntarle miles de cosas.

Nos contó que era un destino complejo, poco seguro, que había tomado el relevo de Panamá (tras la caída de Noriega) como punto de enlace en el viaje de la coca colombiana hasta los Estados Unidos, que había bastantes bandas de adolescentes armados y que la misma policía cerraba carreteras para que las avionetas que venían desde Colombia  pudiesen avituallarse y seguir camino sin que nadie las molestase. Como el destino a veces es muy caprichoso  nos volvimos a ver, cruzándonos en el metro de Buenos Aires, y me dijo ”tienes que ir a Belice, créate tu propia impresión”… . Después de lo que me había contado no se me pasaba por la cabeza, pero le di a entender que seguro que lo haría.

En 2006, 7 años más tarde y una vida después, Belice era una opción real. Estábamos organizando un viaje a Guatemala y, gracias a internet, yo ya sabía muchas cosas más de las posibilidades del país como destino viajero: los Cayos, la segunda barrera de coral más grande del mundo, aguas cristalinas que ofrecían buceo y snorkel increíbles… Así que Belice parecía una escapada perfecta tras un par de semanas en Guatemala y nos decidimos a ir.

Las fronteras terrestres latinoamericanas son sitios porosos con cierto sabor a las pelis del oeste, pero si hay una frontera que yo haya pasado digna de película es la de Guatemala a Belice. Mucha desorganización, sobre todo en la parte de Guatemala, gente con fajos de billetes intentando cambiarte dinero pasando tranquilamente de un lado al otro…

La parte de Belice fue más seria y al funcionario que nos atendió no debimos caerle simpáticos (al menos yo) porque me hizo infinidad de preguntas con bastante mala cara. Al final nos dejó pasar tras apuntar la matrícula del coche a mano en mi pasaporte. Con el coche recién fumigado y con un seguro beliceño contratado nada más pasar la frontera por si las moscas enfilamos hacia el este con ganas de llegar cuanto antes a Belice City y desde allí a los cayos.

En 1961 un huracán arrasó Belice City y se decidió trasladar la capital y todos los órganos de gobierno a una ciudad en el centro del país lejos de la costa. Así nació Belmopán, acabada de construir en 1970 y que tardó un tiempo en ser la verdadera capital del país. Cuando la cruzamos apenas dio la sensación de ser más que un pueblo. Cruzar el país de Oeste a Este nos llevó menos de dos horas.

Cuando llegamos a Belice City acababa de caer una tormenta tropical furiosa y la ciudad no lucía su mejor aspecto:  calles encharcadas y oliendo a alcantarilla, basura desperdigada por todas partes… y mucha gente, sobre todo joven sentada en los porches de las casas en grupos con pinta de no estar demasiado ocupados. Estábamos en un cruce mirando a ver dónde podíamos dejar el coche y se nos acercó un chico, camiseta de football y gorra hacia atrás, a preguntarnos “wasssup??”.

Y bueno, ya que estaba allí aprovechamos la ocasión para preguntarle si era mejor Cayo Caulker o Cayo Ambergris, duda que habíamos tenido desde el principio. En un inglés con un acento muy complicado dijo “Kiii Kaaa Kaa, go to Kiii Kaaa Kaaa”, lo que al poco reconocimos como Caye Caulker. De paso le preguntamos dónde dejar el coche, y señalando la esquina donde estaban sus amigos dijo: “allí mismo, no hay ningún problema”. Tras mirarnos los unos a los otros le dimos las gracias y decidimos aparcar el coche en algún otro sitio con más posibilidades de volver a verlo a la vuelta. Lo acabamos dejando en el aparcamiento del Radisson. Y de camino a la estación marítima vimos unas cuantas casas y edificios de madera de estilo colonial muy bonitos que mejoraron la difícil primera impresión que habíamos tenido de Belice City.

Foto por Pablo Méndez

La lancha rápida que nos llevó era nueva y moderna, y en 45 minutos llegamos a Cayo Caulker. Éste es una lengua de tierra de unos pocos kilómetros de largo (8) por apenas uno y medio de ancho con palmeras, arena fina y una laguna cristalina en la orilla que da al mar Caribe.  La primera impresion es que era un sitio muy tranquilo, con una sola calle de tierra y sin grandes construcciones, los hoteles eran muy sencillos, tipo bungalows o casas de madera grandes. El contraste con la parte continental era considerable, los cayos en Belice tienen una atmósfera mucho más relajada y turística.

Foto por Ana Viéitez

Al bajarnos en el embarcadero se nos acercó un señor ya de cierta edad y con el pelo con rastas y nos dijo que él conocía un hostal limpio y que nos harían buen precio. Como nos daba un poco igual metimos las bolsas en la carretilla que llevaba y nos fuimos con él. Las habitaciones eran básicas pero limpias y además estaban junto al mar, así que nos quedamos.

Después de cenar una de las especialidades locales, hamburguesa de langosta, nos pasamos por las agencias para preguntar por excursiones para hacer snorkel, junto con el buceo la actividad por la que se suele ir a los cayos. La Barrera del Arrecife de Coral de Belice es parte de la Barrera Mesoamericana, una de las más grandes del mundo.

Al levantarnos al día siguiente estaba diluviando y la moral de la tropa estaba bajo mínimos. Nos acercamos a ver a Mario, el guía, para que nos confirmara que no habría excursión, y nos dijo algo así como: “en una hora salimos, traeros bastante crema que si no os vais a quemar la espalda, va a hacer mucho sol”. Incredulidad por nuestra parte pero dicho y hecho, apenas una hora más tarde había un sol espectacular y el día prometía ser perfecto. Digamos que fue mi primera experiencia con el clima tropical.

Antes de salir quería mandar un correo y se me había hecho un poco tarde, así que fuí corriendo al cibercafé. Al cruzarme con el abuelo rasta que nos llevó al hotel, me paró con cara de asustado y diciéndome: “¿qué haces, qué haces?”. Bastante sorprendido le dije que iba a mandar un correo antes de la excursión y me respondió: “en esta isla no se corre. Fíjate en mí, todo lo que tengo que hacer hoy es ir hasta el final de la calle y volver”. Un crack el tío. Supongo que simplemente no me había fijado en la señal.

Foto por Ana Viéitez

El snorkel en Belice sigue siendo uno de los mejores que he hecho nunca. El agua es, posiblemente, la más transparente que he visto, parecía que estuvieses viendo a través de un cristal limpísimo. En la barrera de coral había infinidad de peces multicolores, rayas (vinieron en masa al oír el motor del barco porque el guía las alimentaba), tiburones de arrecife, muchísimas plantas marinas…

Foto por Pablo Méndez

Pero uno de los mejores momentos fue en la laguna enfrente de Cayo Caulker, al cruzarnos con un grupo de manatíes que nos pasaron por debajo con toda la tranquilidad del mundo. Mario nos dijo que no les molestáramos ni hiciésemos el amago de nadar hacia ellos, ya que te agarran, se van al fondo y no te sueltan hasta que te has ahogado. No se si será verdad, no dudo de él pero es algo que no he vuelto a escuchar. Aun así nos impresionó lo suficiente para que no hubiese tentaciones de acercarnos más.

Durante el segundo día paramos en Cayo Ambergris, cuya capital, San Pedro, se supone que es la “isla bonita” de la canción de Madonna. Es bastante más grande que Cayo Caulker y también bastante más orientado al turismo (sin ser Cancún o nada de eso), así que nos alegramos de haber elegido CK.

Tras tres intensos días en los que casi no salimos del agua y en los que la única pena fue que Fran no consiguió ir a bucear al famoso Blue Hole por falta de gente, tocaba volver a Guatemala. El coche seguía dónde lo habíamos dejado y como no queríamos pasar la frontera demasiado tarde para no conducir mucho de noche intenté darme prisa.

Como suele ocurrir, cuanta más prisa tienes antes pillas atasco. Había una fila muy larga de coches y de gente andando siguiendo a un coche fúnebre, así que dí un volantazo y cuando estaba pasando a todo el mundo me paró un policía con un cabreo enorme. Me dijo que qué falta de respeto era esa, que aquello era un funeral, y que o seguíamos la fila para presentarle nuestros respetos al fallecido o se nos iba a caer el pelo. Así que vuelta a la cola y cuando la comitiva giró para entrar al cementerio salimos de allí a toda velocidad.

La comarca de Kuna Yala (tierra de los Kuna), también llamada San Blas, está situada en el noreste de Panamá, en la orilla caribeña. Sus habitantes, la tribu indígena de los Kuna, gobiernan de manera autónoma y son prácticamente independientes del gobierno central, siendo el principal órgano de gobierno y la máxima autoridad política el Congreso General Kuna. Los indios Kuna se rebelaron contra el gobierno central en 1925 por los repetidos abusos que se cometían contra ellos y porque consideraron que su forma de vida tradicional estaba seriamente amenazada. En total hay unos 30.000 habitantes en la comarca.

Llegar hasta Kuna Yala no es tan fácil como a otras partes del país. Desde que abrieron una carretera de tierra  desde la interamericana hasta la colonia de El Porvenir, la parte más hacia el oeste de la comarca no está tan aislada, pero para llegar a zonas un poco más remotas hay que volar. Y la aventura empezó en el mismo aeropuerto, ya que el avión en el que volamos hasta Playón Chico era un DH Twin Otter bastante baqueteado. El vuelo fue muy movido porque había bastantes nubes y no parábamos de dar saltos, y al no estar muy acostumbrado a aviones pequeños los 45 minutos se hicieron bastante largos.

De Havilland Twin Otter de Air Panamá

El  “aeropuerto” de Playón Chico no era más que una pista de cemento y una caseta minúscula…y gracias,  ya que nos comentaron que sólo 10 años atrás la pista era aun de tierra, volviéndose impracticable en la época de lluvias. También me contaron historias para no dormir sobre los aviones que había antes de que compañías multinacionales compraran las aerolíneas regionales e hicieran mucho hincapié en la seguridad (con puertas abriéndose en pleno vuelo y pasajeros sujetando al copiloto mientras trataba de cerrarla).

Aeropuerto de Playón Chico

La gente del Hotel Yandup nos estaba esperando y nos subimos a una lancha que en apenas diez minutos nos dejó en el hotel. La primera impresión del Yandup fue muy buena, era una especie de Maldivas 1.0, ya que en la pequeña isla de uno 100 metros de diámetro no había más que 8 cabañas rústicas y una más grande que era el comedor. El resto cocoteros y una pequeña playita de arena fina.

En lo que se refiere al turismo, una de las claves por las que se rigen los Kuna es que éste debe ser integrado y sostenible. Ello implica que las cabañas están hechas de madera y la energía la proporcionan placas solares, lo que le da mucha autenticidad y un encanto especial. La cabaña era amplia, cómoda y básica (no había agua caliente), sin nada superficial. Un detalle que me gustó es que las rendijas entre las maderas de las paredes eran apreciables y las ráfagas de viento se colaban,  dando sensación de frescor y hacía que el mar se sintiese aún más cerca de lo que estaba (apenas 10 metros).

Cabañas de Yandup

El precio del hotel incluía 2 excursiones diarias y las 3 comidas del día (el agua estaba incluida, el resto de las bebidas no).Todas y cada una de las comidas fueron estupendas, con mucho pescado cocinado de diferentes maneras y marisco. Las cantidades eran suficientes pero sin que acabases sintiéndote como un globo, lo que en este tipo de sitios se agradece bastante, ya que tienden a la cantidad en lugar de a la calidad.

Por las mañanas íbamos de excursión a alguna de las islas no habitadas (hay más de 300 para elegir, así que cada día una distinta). Solían ser muy pequeñas y de las que quedan perfectas en fotos y postales:  redondas, agua cristalina, arena finísima y con cocoteros. Nos dejaban allí a nuestro aire un par de horas para bañarnos, hacer snorkel (las tres a las que fuimos tenían corales alrededor pero bastante dañados) y relajarnos.

Los Kuna no disponen de medios para patrullar tal cantidad de islas y el gobierno se entromete poco, así que es habitual que los narcos o simples traficantes tanto panameños como colombianos las usen ocasionalmente como base de operaciones o refugio temporal. En una de las islas encontramos una pistola que había sido echada a una hoguera pero aun tenia balas, aunque no funcionaba.

Después de la comida y de la siesta se hacía otra excursión, esta vez de estilo más cultural para conocer la forma de vida y las costumbres Kuna. El primer día fuimos a visitar la colonia de Playón Chico, donde viven unas 3.000 personas abigarradas en poco espacio. La colonia está en una isla unida a la costa por un puente de cemento. Los Kuna no siempre han vivido en las islas y zonas costeras, sino que emigraron desde el interior hará unos 100 años, huyendo de las enfermedades (cólera, malaria y fiebre amarilla) y en general de las condiciones mucho más inhóspitas de las selvas de tierra firme.

Colonia de Playón Chico

Al llegar lo primero que vimos fue niños por todas partes. Venían a saludarte al muelle y te rodeaban durante toda la visita. Las familias Kuna tienen normalmente entre 5 y 10 niños, pero desde que a finales de los 70 la mortalidad infantil se redujo drásticamente (gracias a la llegada de médicos y medicinas) la proporción de niños aumentó exponencialmente. En la actualidad los médicos son Kuna y van a estudiar a Cuba con programas de ayuda del gobierno cubano.

En la colonia se mezclaban heterogéneamente las casas de ladrillo con las más tradicionales cabañas de madera, todas muy juntas. Le pregunté al guía sobre la razón por la que teniendo tanta tierra todos viven tan apelotonados y con una media sonrisa comentó: “nos gusta vivir así, tierra hay de sobra”. Otra de sus máximas es que ninguna persona que no sea Kuna puede poseer tierra o negocios en la comarca. Sacrifican la posibilidad de enriquecerse con la entrada de capital extranjero a la posible pérdida de su identidad y sus costumbres.

La cabaña de mayor tamaño se utiliza como centro de reuniones y para la vida política y sociocultural. La colonia tiene 3 jefes y cada uno de ellos tiene una hamaca en dicha cabaña (en lugar de una silla o sillón). Los jefes Kuna permiten cualquier religión, no sólo la suya tradicional, así que hay una iglesia católica (con un cura español que lleva allí 30 años) y otra mormona (los misioneros son voluntarios y se turnan cada dos meses). Hacía poco más de un mes que un incendio había arrasado parte de la colonia y algunas cabañas se estaban reconstruyendo, aunque aún se notaban los efectos del fuego.

También estuvimos viendo la escuela, donde se estudia en dos turnos: primaria por la mañana (de 7 a 12), y secundaria por la tarde (de 12 a 5). La secundaria la denominan “bachillerato agropecuario” y se ocupa más de enseñanza práctica para la vida al estilo Kuna (carpintería, construcción de barcas, cuidado de animales, agricultura). Los Kuna que quieren estudiar materias más habituales como ciencias o letras se suelen ir fuera de la comarca (era habitual verlos por la capital).

Otra de las visitas fue al cementerio, que está en una colina en tierra firme. Hay enterramientos más tradicionales y algunos que copian las religiones externas y ponen cruces aunque la persona enterrada no fuese católica (“una moda” según comento nuestro guía). En los enterramientos tradicionales el cuerpo del fallecido descansa sobre su hamaca, que es enterrada con él, y en el exterior se hace un montículo de arena compactada simulando un vientre embarazado para reforzar la idea de que se vuelve al vientre de la madre naturaleza.

Dado que Kuna Yala siempre ha estado bastante aislada del resto de Panamá por la orografía y la selva, los Kuna han comerciado desde siempre con los colombianos, cuyos barcos recorren la comarca e intercambian todo tipo de productos (desde semillas hasta televisores) por cocos. De hecho el coco era la “moneda de curso legal” hasta mediados los 90.  Curiosamente no hay ni una sola planta procesadora de cocos, sino que se exportan a Colombia dónde hay mucha industria derivada de ellos.

Unos días inolvidables en un sitio paradisiaco pero con mucho carisma y al que no me importaria volver.

La encantadora gente del Yandup

El volcán Pacaya (I)

Un par de datos: Guatemala tiene 109.000 km2 (el 20% de España aproximadamente) y algo más de 13 millones de habitantes

Con el rio de lava todavía a bastante distancia , éste se distinguía con cierta dificultad ya que aunque estaba anocheciendo aun había bastante luz. No fue hasta que oscureció más cuando pudimos distinguir perfectamente el fulgor de la lava, parecía que el volcán sangraba por una herida.

Rio de lava a lo lejos (Foto de Pablo Mendez)

Al llegar frente al rio de lava nos quedamos boquiabiertos. No me podía esperar una cosa tan espectacular. El poder acercarte tanto como quisieras o te atrevieras, el ver y sentir una de esas cosas que parece que sólo se ven en los documentales…bueno, ha quedado claro que el rio de lava es una de las cosas mas increíbles que he visto en mi vida, ¿no?

Fluía pesadamente, casi a cámara lenta mientras se oía un continuo crack-crack de las rocas partiéndose y fundiéndose. Te transmitía la fuerza interna de la tierra, esa energía infinita que sabemos que está ahí abajo, apenas pensamos en ella y sólo la asumimos tras una catástrofe natural.

“Interaccionar” con la lava es sorprendente: si te pones a un par de metros hace mucho calor (seguid leyendo antes de pensar que qué chorrada más obvia). A cada centímetro que te acercas el calor va aumentando exponencialmente. Llega un momento en que parece que hay una barrera invisible: simplemente un centímetro más y el calor es insoportable. Y si aun te atrevías a acercarte milímetro más los pelos de la cara te empezaban a chisporrotear.

Junto al rio de lava

Cuando se hizo de noche del todo, nos dimos cuenta que apenas 30-40 centímetros por debajo de nuestros pies la lava pasaba fluyendo incandescente, se veía perfectamente a traves de los poros de la roca volcánica. Sólo eso nos separaba de ella. Le preguntamos al guía que si aquello no era un poco peligroso, que qué pasaría si se abriese una grieta o al volcán le diese por estornudar un poco más fuerte justo en ese momento. Con toda tranquilidad nos respondió: “bueno, pues entonces nomás pasaríamos a formar parte de la historia del volcán”. Una idea profunda y poética pero casi que paso.

En estas que una de las japonesas, que iba vestida en plan Hello Kitty de arriba abajo, empieza a pegar gritos y saltos. Sale corriendo y literalmente se me tira encima, dándome un abrazo tipo koala, sin duda por mi innegable atractivo para las orientales, aunque el hecho de ser el que estaba geográficamente más próximo pudo influir.

Como gritaba (en mi oreja además) no se qué de sus zapatillas, me dió por mirar y ví que las suelas habían empezado a derretirse, formando muñones de aspecto chorreante. Lo siguiente que me dijo fue algo así como “sácame de aquí”, asi que la bajé llevándola a caballito tarareando la banda sonora de “El guardaespaldas”.

Con tanto subidón de adrenalina no miré el reloj ni una sola vez pero creo que estuvimos un par de horas allá arriba. Emprendimos el camino de vuelta con las linternas, con el guía ayudando a la japo de las zapatillas amorfas porque no podía pisar bien. Una vez sentados en la camioneta nadie dijo una palabra más, caimos rendidos después tanta intensidad.

Dejo unos cuantos videos que sacamos:

A día de hoy el Pacaya sigue activo y los rios de lava se siguen formando, con rachas más activas y otras no tanto, variando casi semana a semana.

Hace apenas un mes, en abril 2010, una turista venezolana y un guía murieron durante la ascensión al Pacaya por culpa de un deslizamiento de tierras, pero fue en la parte superior del volcán, cerca del crater. Tengo que actualizar la entrada porque hace apenas una semana, el 28 de mayo de 2010, el Pacaya tuvo su erupción más violenta en años, matando a varias personas, forzando el cierre del Aerupuerto de La Aurora y llenándolo todo de ceniza en muchos kilometros a la redonda. Espero que se pueda seguir visitando una vez pase todo el caos.

El Pacaya se ha convertido en una especie de sensación en Centroamérica. En 2008, viajando por Costa Rica, vi a bastante gente con camisetas del volcán (yo no las recuerdo cuando estuve), y muchas de las  personas con la que hablé iban a pasar por Guatemala exclusivamente a subir a ver la lava.

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