Helsinki siempre me ha parecido una ciudad que se visita de paso, ya sea porque te toca estar un día allí haciendo escala, porque vas por trabajo y la ves en los ratos que te quedan libres o porque es una parada corta antes de seguir hacia otro lugar dentro de un viaje multidestino. Es raro que alguien te diga que ha ido a pasar unos días en la capital de Finlandia para conocerla a fondo y que era algo que siempre había querido hacer desde niño/a.
Y la verdad es que sin ser una maravilla en Helsinki se pueden pasar un día o dos bastante agradables, sobre todo si te hace buen tiempo. Casi todas las cosas más interesantes están cerca unas de otras y se pueden visitar fácilmente andando, sin necesidad de coger transporte público o taxis. El post tiene un poco de trampa porque la lista de cosas que comento no las hice en un solo día (de hecho estuve dos veces, una en pleno verano y otra en Noviembre), aunque creo que si se organiza uno bien es posible.
Fechas: un día y medio a finales de Agosto de 2004 y 5 días a mediados de Noviembre de 2008.
ZONA DEL PUERTO Y ALREDEDORES
El puerto es el centro neurálgico de la ciudad y dónde se concentran la mayoría de las cosas que ver. De hecho lo que más me gusta de Helsinki son los grandes espacios, la sensación de amplitud que da aun cuando estás en pleno centro, además de lo orientada y abierta que está al mar. Si el día esta soleado y sin nubes gana muchísimo, aunque también tiene su algo verla en invierno con temperaturas bajo cero, un clima al que sientes que pertenece.
Una de las visitas más interesantes y digamos que “obligatoria” es la isla-fortaleza de Suomenlinna, nominada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sólo se puede llegar desde el mar, está apenas a un par de kilómetros en la entrada al puerto y conectada a el por un ferry que sale cada 20 minutos. Una vez en la isla se puede dar un paseo por las murallas (levantadas por los suecos en 1748) y ver los diversos edificios militares, varios de ellos son museos y se puede entrar. Una de las atracciones más populares es un submarino varado también reconvertido en museo y que se puede visitar. Las vistas desde las murallas de Suomenlinna son estupendas: el Golfo de Helsinki y el Báltico mas allá, la multitud de islas de la bahía, la panorámica del puerto y del centro de la ciudad… En 2-3 horas se ve todo razonablemente bien salvo que quieras entrar en todos los museos y verlos a conciencia
El submarino de Suomenlinna
Los lugares más destacados del centro de la ciudad son las dos plazas principales, la del Senado y la del Mercado. La amplísima plaza del Senado, diseñada junto con los edificios que la rodean por el arquitecto C.L. Engel a principios-mediados del siglo XIX (al que le dieron plenos poderes para arrasar con todo lo que hubiese antes), conecta el centro de la ciudad con el puerto. El edificio que la domina (y no solo a ella sino a toda la ciudad) es la Catedral, de estilo neoclásico y que tardó 22 años en construirse (1830-1852). Su color blanco contrasta con los ladrillos rojos de la Catedral Ortodoxa de Uspenski que está un poco más hacia el Este, tambien en un promontorio y visible desde cualquier punto del puerto. Los otros edificios que flanquean la plaza son el Senado y la Universidad.
La Catedral de Helsinki
La Plaza del Mercado está junto al puerto y bañada por el Báltico. Suele ser una de las zonas más animadas de la ciudad durante el día, con decenas de tenderetes que venden souvenirs (cuando yo estuve había varios puestos que vendían gorros de piel) y comida escandinava. Un clásico es comerte un arenque crudo encebollado. Está rico pero tiene un sabor bastante fuerte, y el regustillo a arenque en la boca te puede durar el resto de la semana. Abstenerse parejas de luna de miel. En verano hay mucho ambiente, sobre todo si hay uno o más cruceros visitando la ciudad.
Se puede dar un paseo bastante agradable por las dos calles principales del centro: la peatonal Aleksanterinkatu y la larguísima Mannerheimintie. Hay muchos edificios Art Noveau interesantes. Una cosa que me llamó la atención es que hay muchas calles y estatuas con nombres relacionados con el Imperio Ruso (Aleksanterinkatu por el emperador Alejandro I, las calles que la cruzan llevan los nombres de su familia, hay una estatua de Alejandro II frente a la Catedral). Pensé que después de la amargura dejada por la Guerra de Invierno (invasión soviética durante la Segunda Guerra Mundial) borrarían cualquier referencia positiva al “ruso invasor”, pero se ve que decidieron dejar las cosas como estaban.
Catedral Ortodoxa de Uspenski desde el puerto
UN POCO MAS LEJOS DEL PUERTO
La Iglesia de Temppeliaukio, excavada en un roca pero con la bóveda del techo acristalada que deja entrar la luz natural, me pareció muy interesante y creo que merece la pena verla. Cuando yo estuve era por la tarde noche en invierno y no había nadie. Además es una buena ocasión para callejear por una zona con menos turistas.
También me gustó la zona donde están el Estadio Olímpico y el resto de pabellones de deportes. Hay que seguir subiendo Mannerheimintie hacia el Norte, pasando el lago Töölönlahtiy el edificio de la ópera. El Estadio se construyó a finales de los 30 porque Helsinki iba a ser la sede de los Juegos Olímpicos de 1940, aunque al final la SGM lo impidió y se acabaron celebrando en 1952.
Si vas en invierno y aunque no estés muy familiarizado con el hockey hielo, intenta no perderte un partido de la SM-liiga, una de las mejores de Europa. Hay dos equipos de Helsinki y uno de ellos, el HIFK, juega en el Helsinki Ice Hall que está junto al Estadio Olímpico. Compré la entrada el mismo día y no tuve problemas, me costó 18€ en 2008 y pase un rato estupendo. Al menos cuando yo fui la gente estuvo bastante calmada, sorprende estando acostumbrado al ambiente en los pabellones de baloncesto españoles.
Desde el puerto hasta la Zona Olímpica puede haber unos 35 minutos andando relajadamente.
En verano vimos conciertos de DJs en escenarios montados en algunos parques de la ciudad. Había bastante gente, pero sentada y un poco a lo suyo, escuchando la música de fondo pero sin prestar atención al DJ.
UN BUEN SITIO PARA COMER
De los varios sitios que probé el mejor con diferencia fue uno recomendado en LP, Ravintola Kuu (la web esta en finlandés pero al menos sirve para saber dónde está, bastante céntrico). Pedí el plato mas típico: arenques fritos del Báltico y estaban estupendos. Cerveza + plato principal + postre fueron 31€ en 2008. Pero es que Helsinki para comer es carísimo, junto con Dublín y Moscú lo más caro que he conocido en Europa, ríete de Londres. Por ejemplo probé una pizzería del centro (Virgin Oil Co) y acabé pagando 29€, así que como 31€ parecía razonable volví a repetir en Kuu.
Aquí dejo una lista de sitios recomendados para comer del foro de Lonely Planet (en inglés)
Otros detalles que pueden ser útiles: el taxi desde el aeropuerto hasta el centro me costó 36€ (en 2008). La vez que fui con mi empresa me quedé en el Hotel Scandic Continental (4*), frente al lago Töölönlahtiy. Muy buen hotel, con habitaciones limpias y confortables. Pagué £93 por noche con desayuno buffet (bueno) incluido. Te dejaban usar sus bicicletas gratis.
Si por lo que sea tienes muchos días por delante en Helsinki lo mejor es coger el ferry e irte a Tallinn, mucho más bonita y divertida, pero esa es otra historia para otro post.
El siguiente capítulo es en Agadir, Marruecos. Estaba viajando solo y había alquilado un coche para bajar por la costa hasta Sidi Ifni. Ya de vuelta en Agadir para devolverlo callejeaba un poco perdido buscando las oficinas de la compañía de alquiler.
Pasé un par de veces por la misma calle y en el momento en que mi cara de despiste debía ser mayor vino corriendo hacia mí un policía que estaba en la acera contraria (calle de 4 carriles, 2 por cada lado) esquivando coches y haciendo gestos ostensibles y enérgicos para que me echase a un lado. A la misma vez otro policía, con una especie de joystick del Spectrum en la mano, echó a correr hacia el coche. Cuando el primer policía llegó a donde estaba aparcado empezó a hacer aspavientos bastante melodramáticos con los brazos en alto diciendo “la vittese! la vittese” y se volvía a su colega, que entretanto había llegado y estaba sin resuello, como preguntándole “¿no es verdad que iba a toda pastilla?”. El otro respondía afirmativamente con movimientos de cabeza y enseñándome el cacharro que resultó ser una pistola de medición de velocidad, la cual milagrosamente (y convenientemente) mostraba el número 67.
A pesar de que estaba claro que era una encerrona, era imposible no tomárselo con cierto humor. Era asombroso lo bien compenetrados que estaban y lo ensayado que lo tenían. Se me venían éstas imágenes a la cabeza
y no podía reprimir una media sonrisa mientras Hernández y Fernández repetían las mismas cosas una y otra vez cada vez más acalorados.
Al verme sonreír el poli que llevaba la voz cantante sonrió también, dando por supuesto que nos entendíamos y que su admirado público no los iba a decepcionar. Me dijo: “son 300 dirhams” (curiosamente un poco menos de 30€, se ve que en todas partes empiezan pidiendo más o menos lo mismo). Le dije: “Todo lo que tengo es 6€“ y le miré con cara de “estoy diciendo la verdad, y aunque os merecéis dinero por vuestra fantástica actuación todo tiene un límite”. Se los tendí y los hizo desaparecer en su bolsillo en un nanosegundo (debía ser prestidigitador aficionado en sus ratos libres) y me preguntó: “¿qué estás buscando?”
Le dije el nombre de la compañía de alquiler y me dijo: “llega al final de la calle, primera a la izquierda, segunda a la derecha. Adiós”. Al final fue como pagar por un GPS. Volvieron a sus puestos para exprimir al siguiente turista empanado y yo salí de allí por patas (ruedas).
A todo esto, toda la secuencia descrita arriba se desarrollo en francés y mi nivel es MUY básico. Así que desde entonces, cuando me preguntan si hablo francés siempre contesto: “el suficiente como para que la poli me de el palo”
ESTADOS UNIDOS 2000
Pasé casi todo el año 2000 viviendo en Columbus haciendo el proyecto fin de carrera en Ohio State University. Una de las primeras cosas que hice una vez me hube establecido un poco fue comprar a medias con Pedro mi compañero de piso, un Toyota Tercel del 85 totalmente abollado y bastante ruinoso por apenas US$200 y al que inmediatamente apodamos el troncomóvil, en honor al legendario coche de los Picapiedra.
Un día camino del aeropuerto a recoger a Pedro que volvía de España, me encontré con un atasco en la autopista con una buena cola de coches parados. El que venía detrás mía no me debió ver frenar y se empotró a cierta velocidad contra el troncomóvil. El otro coche era un BMW grande (serie 5 creo) y prácticamente se le desintegró el morro con el impacto, hasta el punto de salpicar de aceite toda la parte trasera del mío. El troncomóvil estaba casi intacto, es decir, si se le había hecho alguna abolladura nueva ni se le notaba con tantas que tenía. Bueno, y parte del tubo de escape se le había caído al suelo, pero es que iba atado con una cuerda tras una reparación casera.
A los mandos del troncomóvil
El conductor del otro coche salió, nos preguntó si estábamos bien y se disculpó. Llamamos a la policía para que levantase el atestado y mientras esperábamos a que llegase no dejaba de mirar asombrado su ex flamante BMW, repitiendo ensimismado “mi coche destrozado y ESE coche intacto” (léase ESE con todo el desprecio posible que cabe en tres letras).
El policía, nada más llegar, nos pidió a ambos los papeles. Al poco vino hacia donde yo estaba y el dialogo que siguió fue más o menos así:
Poli: este carné de conducir no es válido (sostenía el célebre cacho de cartón español con dos dedos como si le fuese a pegar una enfermedad contagiosa)
Yo: si, si lo es. Es español, equivalente al internacional de la UE y reconocido en el código de circulación de Ohio…
Poli: (pausa) no, necesitas un carné del Estado de Ohio
Yo: no. Sólo se puede sacar a partir de los 6 meses de estancia y llevo aquí 4. Hasta entonces el español es válido (pseudo-sonrisita de “cómo ves soy un listillo que se ha leído todos los papeles, así que déjame tranquilo”)
Poli: (pausa más larga) no. este carné no es válido y estoy convencido de ello. Estas conduciendo ilegalmente, así que me llevo el coche y te voy a dar una citación judicial
Jaque mate. Se me fue la sonrisita en un momento. A pesar de mis protestas una grúa se llevó mi coche al depósito y el desgraciado del poli nos dejó en una gasolinera en mitad de la nada. Suerte que una amiga estaba en casa y nos vino a buscar (Luisa, si alguna vez lees esto gracias de nuevo).
En las dos semanas que pasaron hasta el juicio recibí bastantes cartas y llamadas de compañías ofreciéndose a representarme para sacarle hasta el tuétano a la otra parte. Eran muy agresivas, del tipo: “no hable con nadie, no diga ni haga nada hasta que le llevemos a una clínica para un reconocimiento médico”. Estaba claro que tenían el informe policial con mis datos y así consiguieron contactarme. Supongo que será práctica común en Estados Unidos pero a mí me pareció desagradable e intrusiva. Les mandé a todos a paseo, al principio con cierta educación y luego sin contemplaciones.
El juicio fue rápido. Fui el primero del orden del día y le ensené al juez (de ascendencia hispana, se llamaba Antonio) lo que decía el código, mis billetes de avión con mi fecha de llegada al país y mi pasaporte. En apenas cinco minutos había ganado el caso. Me preguntó si quería algo mas y le dije que sí: “los 70 dólares que me han cascado por sacar el coche del depósito”. Me los devolvió sin problemas. Además me preguntó que si quería denunciar al policía porque su desconocimiento del código me había metido en este lio. Un flash con la imagen del garrulo aquel persiguiéndome con una pistola me hizo decirle al juez sin dudar que no, gracias, que iba a ser magnánimo y benevolente y que le perdonaba.
Pero como la banca siempre gana, al salir de los juzgados con expresión triunfal y listo para celebrarlo con mis amigos, me encontré con que el tiempo en el parquímetro se había acabado y que tenía una señora multa…que tuve que pagar y no hubo manera de que me la quitaran…
A pesar de esa multa esta historia tiene final feliz: unas semanas después del accidente recibí un cheque por casi US$1000. Era el seguro del BMW. Habían ido a ver el coche, lo habían considerado irreparable y ese era el valor estimado. No está mal si tenemos en cuenta que el troncomóvil siguió recorriendo indomable las carreteras de Ohio al menos un par de años más. Ese cheque pagó un viaje de 5 días a Nueva York para dos personas y unas cuantas rondas en mi añorado Out-r-Inn
BONUS TRACK: HOLANDA 2001
Verano de 2001, recién contratado por CMG me mandan a Utrecht unos meses para ir a diferentes cursos y trabajar en las oficinas centrales. La empresa me alquiló un ático en una típica casa holandesa en Schoolstraat, junto a Wilhelmina Park, en pleno centro histórico de la ciudad. Un verano fantástico.
Un Sábado de Agosto, estando Ilde y Lourdes de visita, salimos temprano para pasar el día en Brujas. Al pasar por delante de la puerta del vecino vi una bolsa de basura grande en el descansillo y me vino a la cabeza que olía muy mal desde hacía unos pocos días, así que hice una nota mental para comentarle al volver por la noche que por favor la bajase.
Cuando volvimos por la tarde noche había dos coches de policía en la puerta del edificio. Al entrar y empezar a subir las estrechas escaleras notamos que el olor era horrible y muy penetrante. Al pasar por delante de la puerta del vecino vimos que estaba abierta, había 3 o 4 policías dentro atareados y el olor era aun insoportable. Pasamos de largo rápidamente y cuando apenas habíamos entrado en el piso uno de los policías llamó a la puerta. Me preguntó si yo vivía allí y le respondí afirmativamente. Ante mi asombro me dijo que habían encontrado muerto al vecino y que debía de llevar así unos cuantos días porque estaba en estado de descomposición. Aunque la muerte parecía por causas naturales necesitaba hablar conmigo y hacerme unas cuantas preguntas.
Le contamos Alba y yo lo que habíamos hecho los últimos días con cierto detalle (resultó que Alba había sido la última persona en verle con vida 3 o 4 días antes al cruzarse con él en las escaleras). Además le comentamos que Lourdes e Ilde acababan de llegar de visita para que no les tocase interrogatorio a ellos. Subí con el agente a la buhardilla para ver si alguien podría haber entrado por allí y comprobamos las cerraduras de la calle y del balcón, que estaban intactas. Nos dejó una tarjeta por si recordábamos algo más y se fue a seguir comprobando cosas en el piso de abajo.
El momento estrella llegó al día siguiente cuando tuve que decirle al jefe del equipo y a la secretaria coordinadora lo que había pasado y que la policía me había pedido que no saliese del país por el momento “por si acaso”. La cara de la coordinadora fue un poema y el jefe holandés me miró muy serio y dijo: “¿entonces, eres sospechoso de asesinato? Esto de contratar españoles…”. Tardó unos interminables segundos en echarse a reír y darme un par de palmaditas en el hombro mientras a mi me caía el sudor a chorros por la espalda. Llevaba apenas unas semanas en la empresa…
Al final resultó que el vecino era un señor de unos cuarenta y pico que vivía en París y había intercambiado el piso con sus sobrinos para el verano, con tan mala suerte que le dio un infarto estando solo. Al no tener noticias de él durante unos días los sobrinos avisaron a la policía. Unos días más tarde la pareja que vivía en el piso subieron a disculparse, como si hubiese alguna razón para hacerlo. Se les veía muy abatidos, lógicamente.
Pero lo que mas recuerdo es que cuando el policía se fue después de las preguntas los cuatro nos quedamos anonadados y sin saber que decir, bastante inquietos, sobre todo Ilde que creo que era la primera vez que salía de España y la sobredosis de aventura le hacía respirar entrecortadamente. En esas una enorme mosca verde entró por la ventana y el comentario me salió del alma: “eh! la fiesta es abajo”. Eso hizo que se liberase la tensión acumulada y nos dio un ataque de risa nerviosa tal que no podíamos parar y que duró un buen rato. Y con la policía todavía abajo y supongo que flipando con las extrañas carcajadas que venían del piso de arriba.